diciembre 01, 2021

ÍNDICE


ÍNDICE TEMÁTICO


En los siguientes links encontraras interesantes artículos sobre diferentes temas relacionados con Fundación:

historiapersonalidadesdatos
municipales

POLÍTICA CULTURA RELIGIÓN

TURISMO
enlaces







.

julio 12, 2020

LA OSCURA NOCHE DEL TERROR

El paro por la energía


En el año 1973, en un día de finales de agosto (fecha que no hemos podido obtener), Fundación vivió una de sus peores noches, un suceso trágico que dejó inmemorables recuerdos en la población, los cuales provocaron un triunfo para nuestra ciudad y región. Muchas veces detrás de un logro o progreso hay una historia triste como antecedente, como la ocurrida en esta historia.

Antecedentes

En 1933 don Ernesto Rosestán instala la primera planta eléctrica de Fundación, que luego vendió a los esposos de origen Palestino: Nicolás Nassar y Afife Nassar Moalin; a la que le decían “La Mocha, haciendo alusión a su condición física por tener un brazo cercenado debido a un accidente que sufrió en su tierra natal. Por ese motivo al irse la energía se decía: “Se fue La Mocha”, y al llegar: “Vino La Mocha”.

Luis Enrique Martínez en recuerdo de esta historia compuso una canción que se titula "La Mocha", la cual al parecer no fue del agrado de doña Afife, ya que corre la versión que los discos de la producción de esta grabación fue comprada por ella para evitar su difusión.

La antigua planta eléctrica funcionó desde 1933, hasta que en los años 50s fuera repotenciada por el gobernador Rafael Hernández Pardo, con unas plantas suizas las cuales funcionaron hasta de los años 70s, cuando se construyó la actual interconexión eléctrica de Corelca hoy propiedad de Isa.

Al principio la energía era suministrada a la población por unas horas en la noche y sin el suficiente amperaje, por lo que los bombillos lucían amarillos y sin suficiente luminosidad. 

A las 6 de la tarde se oían los gritos: Llegó la Mocha (la luz) y se prendían los bombillos, que parecían un tabaco mariscal prendido

Años más tarde la energía se generaba desde las 5 am hasta las 9 de la noche. Estos generadores por varios años fueron operados por José María Prieto Ariza, a quien todos llamaban "Chepe", un técnico en electricidad que estudió por correspondencia en la National School, y a quien don Nicolás Nassar le adquirió un lote para que construyera su vivienda frente a la planta en Las Tabitas. Don Chepe murió en un accidente de moto en la vía a Aracataca.

Eran tiempos donde a las cinco de la mañana se oía gritar a personajes que en carromulas que gritaban: Agua, Agua, tanques de 20 litros que vendían por un centavo, luego en horas de la mañana los mismos personajes gritaban: Hielo, Hielo”, que provenía de la Planta de La Mocha y lo vendían en centavos dependiendo su tamaño.

Siendo Gobernador del Magdalena (1954) el general Rafael Hernández Pardo, expropió esta planta para cederla al municipio, y dotó a la ciudad con motores de mayor potencia y modernidad. Se trataban de dos plantas suizas marcas Sulzer de 7.000 Wats cada una, con una capacidad de generación de hasta 12 de horas seguidas de energía.

Igual dotación recibieron Valledupar, Codazzi y Aguachica del Gobernador Hernández Pardo, mientras que otros pueblos se instalaron plantas de menor capacidad.

La planta pasó a ser operada por Colombiana de Efectividad, luego por Electromag; que en el año 1967 se transformó en la Electrificadora del Magdalena, esta última liquidada en 1988 y entregada a Electricaribe.

La planta apodada La Mocha, operó primero en el barrio Las Tablitas, luego de expropiada fue trasladada al barrio Ariguaní al lado del acueducto, (en un terreno que sigue siendo del Municipio de Fundación y que curiosamente es usufructuado por particulares), hasta que el suministro eléctrico fue interconectado a la red nacional como consecuencia del paro que narraremos en esta historia.

Algunos de los antiguos motores al quedar sin uso estuvieron a merced del óxido y el abandono hasta que fueron chatarrizados. 

Ver también: Planta de La Mocha

El Paro

 A principios de los años 70s, el servicio de energía de Fundación era prestado por la Electrificadora del Magdalena, el cual era deficiente debido al crecimiento vertiginoso de la población, que demandaba un mayor suministro, mientras que los motores a base de combustible diesel seguían siendo los mismos, lo que provocaba largos razonamientos o noches en vela. De esta manera la paciencia de los fundanenses era colocada cada día a prueba por los daños constantes en los generadores y por su insuficiencia.

El servicio no era constante, la energía generalmente la colocaban a las 5 pm y la desconectaban a las 7 am y existían dos sectores. 

La planta eléctrica estaba situada a orillas del río Fundación, en el barrio Ariguaní, en un lote adyacente a la antigua planta del acueducto. En el año 1973 la planta empezó a fallar generando apagones hasta dañarse completamente y sin que la empresa ni el estado intervinieran. Quedaba la población sin el servicio por mucho tiempo, noches completas a oscura, donde la población sorteaba la penumbra con lámparas de petróleo, pero no así el calor. El comercio, bancos y personas prestantes adquirieron sus propias plantas, donde algunos jóvenes iban en búsqueda de luz para poder estudiar. 

Agotada la paciencia y sin esperanzas de solución, un grupo de ciudadanos organizaron un comité para realizar una protesta pública ante el Gobernador y el Alcalde, que por entonces era nombrado por el primero, exigiendo una planta nueva. Como no se lograba que el estado adquiriera una planta nueva, ni una mejora en el servicio, decidieron un paro cívico que implicaba el bloqueo en las vías, entradas y salidas del municipio, además del cierre del comercio, de las oficinas y de los colegios, uno de los promotores de este levantamiento fue el Profesor Sergio Ramírez Better, directivo del desaparecido Gimnasio Moderno Albert Einstein, así como docentes del colegio Oficial, y la Seño Alicia Subiroz rectora del colegio Tercera de niñas, quienes incentivaron a sus alumnos a la insurrección cívica.

El bloquear las vías  de acceso a Fundación implicaba dejar incomunicada a Colombia entre la costa con el interior del país, ya que por entonces la variante que hoy posee la troncal de la ruta del sol no existía. Este bloqueo tenía la consigna de que solo se permitiría la entrada del vehículo que trajera la planta eléctrica. 

Los trabajadores Bancarios eran los únicos que no podían  cesar en sus actividades por orden de sus directivos, y como represalia los manifestantes los encerraron con candados, mientras que las noches eran oscuras, lúgubres e impregnadas de olor a petróleo y a trapo quemado. 

Una de las consignas que gritaba la turbamulta era: “No paguen luz” mientras quemaban los recibos de energía. Varios días antes del fatídico día, salían los manifestantes cantando un coro: “yo tenía una luz que me alumbraba, venía la brisa y zuas me la apagaba”.

Al principio intervino la policía local, se produjeron los primeros capturados, que el alcalde Mauricio Fuminaya paseaba en un volteo por las calles de la ciudad para causar sin éxito intimidación.

Luego llegó la policía de Ciénaga que con gases lacrimógenos intentaron apaciguar los ánimos exaltados y abrir paso, el paro se estaba debilitando por el control de la policía, a tal punto que Gentil Duarte uno de los promotores abandonó la refriega, entonces una persona morena alta, y fornida, se enfrentó solo a con la policía, este ejemplo motivó a los más jóvenes a retomar el puente colgante, y desde las escaleras del hotel Chimila les lanzaron piedras los uniformados logrando repelerlos.

Los vecinos de la plaza siete de agosto, colaboraban colocando poncheras llenas de agua y bayetas, con el propósito de socorrer a los adolescentes que se enfrentaban con los uniformados y eran alcanzados por los gases sofocantes, éstos una vez recuperados regresaban al “combate”.

Yo participé de varios días en este paro cívico, bloqueamos la entrada a Fundación, la policía nos tiraban gases lacrimógenos. Yo estudiaba en el oficial y salíamos todos los estudiantes, recuerdo que en ese tiempo había un policía de elevada estatura y cogió a uno de los líderes y lo llevó para el comando y todos nosotros detrás protestando, el lugar donde lo detuvo fue en la gran piedra de concreto que servía para desembarcar la mercancía del tren, cerca a lo que hoy es la Virgencita del rond point. Recuerda uno de los manifestantes.

Como la intervención de la policía fracasó, y la población estaba decidida a sostener su protesta, y alta era la presión sobre las autoridades por las largas colas en la carretera producto de la incomunicación vial, el Gobernador ordenó al ejército despejar las vías, levantar el bloqueo y restablecer el orden. Llegaron desde Santa Marta los primeros militares, y como la población atribuía al Alcalde Fuminaya su presencia, los aglomerados a coro gritaban: “fusil metralla abajo Fuminaya”, por mucho tiempo se molestó a don Mauricio con este estribillo.

La llegada de los soldados se produjo en horas de la tarde del día más fuerte de la reyerta. Encontraron un puente colgante lleno de obstáculos, entre ellos llantas, palos y otros elementos, mientras que la población enardecida se apostaba al otro, entre el hotel Chimila y el puente de tablas. El puente del ferrocarril no prestaba servicio de transporte terrestre y la empresa de Ferrocarriles Nacionales (FCNC) amenazaba con desmontarlo para utilizarlo en otro lugar de la geografía colombiana.

Al destacamento los esperaba una muchedumbre rebelde con la convicción de lucha por causa justa. El escuadrón primero lanzó gases, la población en respuesta encendió las llantas que se apostaban sobre el puente, y en el avance de los uniformados uno de estos al notar que los jóvenes se le abalanzaron, retrocedió enredándose con los alambres de una de las ruedas que ardían en fuego, el soldado al caer sobre el material en llamas soltó una ráfaga de su fusil, que provocó caos, incertidumbre y tragedia. 

Muchos adolescentes al sonido de las armas se arrojaron al río, otros corrían con desespero en búsqueda de refugio en sus casas, los que estaban más lejos al escuchar los disparos pensaban que era la pólvora de la fiesta del corregimiento de Santa Rosa de Lima, quien por esos días estaba festejando a su patrona. 

Nuestra población esperaba que desde Santa Marta realizarán gestiones para obtener el fluido eléctrico. La manifestación era pacífica, sin embargo, en las horas de la tarde nuestro recordado y estimado Sergio Ramirez valientemente no permitió que la policía local despejara la vía. Luego enviaron al ejército. Gases y ciertamente un soldado se enredó, disparos y heridos. Noche oscura, rumores y la historia desde cada ángulo. Lo cierto es que años después llega a nuestra población una compañía mexicana encargada de realizar la interconexión eléctrica. Relata otro testigo.

El resultado varios heridos y un muerto, aunque en el imaginario colectivo se habla todavía de una cifra de elevada de muertos. 

La gran mayoría resultó con heridas menores fruto de ese ametrallamiento o por caídas en la estampida, el infortunio pudo ser mayor dada la gran cantidad de manifestantes. Otros sin embargo tuvieron heridas de consideración, entre los lesionados el más famoso fue Salvador Hernández “Sampatico”, quien era el dentista de Fundación, quedando cojo de una de sus piernas; también resultó afectado César Lobo, que vendía verduras en el mercado y quien sufrió la amputación de su brazo izquierdo; Armando Montenegro De Martino, que perdió uno de sus testículos; Elkin de la Marck, que recibió un proyectil en la espalda; Agustín Rincón en los glúteos, Efraín Diomedes Sánchez, y Juan Pabón, entre otros que recibieron fogueos menores en sus cuerpos, también resultaron uniformados heridos. 

El muerto fue un joven de apellido Bedoya (Ojalá nos suministren su nombre), había venido del interior del país a visitar unos familiares que tenían una fábrica de bolis y paletas al lado de lo que hoy se conoce como “La Pamplonesa”, en el mercado público, el cual fue velado en ese lugar. Se habla de otro fallecido, que al parecer era hermano de Hércules, un operario de la mantequillera La Ideal, pero sin confirmar.

En una de las columnas del puente pegó uno de los proyectiles, prueba fehaciente de este acontecimiento de histórico. Aún en la actualidad el puente presenta los rastros de estos impactos, del lado del hotel Chimila , hoy Sena, y han quedado como recuerdo de esa trágica jornada.

Según versiones oficiales, el puente colgante que era la única entrada a la ciudad, se encontraba tomada por los protestantes, quienes tenían colmada la entrada por llantas encendidas, unos miembros del ejército intentaron despejar la vía quitando las llantas, pero el pueblo estaba dispuesto a no dejar permitir tal acción, la población se fue contra el ejército y estos en defensa dispararon al aire y arrojaron gases lacrimógenos, pero está acción enfureció más a los protestantes y el ejército disparó a mansalva contra los manifestantes ocasionando lo hechos conocidos.

Fue una tarde-noche de mucha zozobra, incertidumbre, tristeza y desconcierto por la desinformación. En la noche el silencio era tenebroso y absoluto, solo se oían algunos disparos, el lanzamiento de gases, las sirenas de las ambulancias, y la marcha de los militares que se apoderaron de la ciudad. Los que tenían plantas no las encendieron por temor a las tropas, mientras que los adolescentes se escondían debajo de la cama. 

El hospital tampoco daba abasto esa noche por los lesionados, y eran varios los familiares que llegaban en búsqueda de sus seres queridos extraviados o heridos. 

A la mañana siguiente y en los días sucesivos reinó la ley marcial, la comarca se encontraba repleta de uniformados con la premisa de reprimir desmanes y la reanudación del paro. El ejército dormía en algunos plafones estratégicos como el del almacén de don Jesús María Cano en pleno centro de la ciudad.

La muerte del joven Bedoya fue lamentada por toda la población, sumado a un sentimiento colectivo de impotencia. 

El ejército tomó el control, pero el pueblo triunfó porque el paro dió buenos resultados, a los pocos días instalaron una planta provisional y la energía regresó al pueblo. Poco después llegaron compañías a instalar las redes y cambiaron los postes cuadrados de madera por los de concreto redondos, tanto para el alumbrado público como para las redes, los nuevos cables eran más gruesos y encueros (así le decían). 

La noche en que llegó la energía hubo gran júbilo en la población. Era la luz más brillante que se había visto. Se organizaron juegos donde participaban los pequeños, sus padres permitieron que esa noche pudieran jugar hasta entrada la medianoche. 

El final de este último generador de “La Planta La Mocha”, y que fue la manzana de la discordia, terminó sus últimos días prestando sus servicios en El Banco Magdalena a orillas del río Cesar.



CORELCA



La solución definitiva al problema de suministro energético de Fundación y sus alrededores tomó un nuevo rumbo cuando a los pocos meses el gobierno nacional decidió construir una subestación eléctrica en esta localidad integrada a la red nacional, que pudiera prestar un servicio eficiente y de 24 horas. Estas obras las realizó una compañía mexicana y fue inaugurada un 25 de abril de 1976 por el presidente 
Alfonso López Michelsen. La operación de la subestación de Fundación quedó a cargo de Corelca (hoy Transelca). 

La inauguración estuvo acompañada por un sol infernal, y contó además del primer mandatario con la presencia de autoridades nacionales, departamentales y locales, así como de líderes cívicos y colegios, la banda de guerra del colegio Gimnasio Moderno encabezada por el profesor Sergio Ramírez. Algunos llevaban camisetas rojas que decían “López el Pollo”.

Esta poderosa y estratégica subestación se integra con la de Valledupar, Sabanalarga,  Santa Marta y El Copey. Fundación se beneficia de esta manera de la presión ejercida en el paro del 73 y por su nexo con Valledupar.


Ayúdenos a seguir construyendo esta historia, dejándonos sus aportes en los comentarios de esta pagina!




.

.

junio 29, 2020

EL MATRIMONIO DE LUIS ENRIQUE




Por: Álvaro Rojano

Luis Enrique Martínez Argote, El Pollo Vallenato, fue un artista que revolucionó la música del acordeón, la cual maduró cuando estuvo viviendo en Fundación, ciudad en la que residió desde los 13 años (1936). 

Estuvo casado con Rosalvina Serrano De Oro, amor que nació en 1947, cuando ella tenía 20 años y él 25. Ella nació un 8 de enero de 1926 en Nervití, pequeña población de El Guamo, Bolívar, ubicada a orillas del río Magdalena, de donde partió a temprana edad con su padre hacia El Copey, Cesar, después de la muerte de su madre. La decisión de mudarse para este lugar la tomó su padre en razón en que allí vivía su hija Ana, y de las posibilidades de acceder a un pedazo de tierra donde poder dedicarse a la cosecha de alimentos de pancoger.

Rosita, como su esposo acostumbró a llamarla, murió el 1 de Julio del 2020, a los 94 años de edad. Vivió sus últimos años en Santa Marta, para donde se mudó con Luis Enrique en 1972, aunque por un tiempo vivieron en Bogotá a causa de la diabetes del "papá de los acordeoneros. 

Todo comenzó en el año 1947 cuando en una fiesta en El Copey, Cesar, ella se dio las manos con Luis Enrique, fue amor a primavera vista. Al poco tiempo armaron viaje y se fueron de luna de miel. Días antes de su muerte ella narró como iniciaron las relaciones sentimentales con el juglar de la música vallenata:

“Nos conocimos en El Copey la noche del matrimonio de mi hermana Ana y nos enamoramos. Él asistió como invitado a la fiesta por el esposo de ella, Bernabel Gómez. Él desde que me vio me echó a perder, ja ja ja ja, me echó el ojo. Esa noche bailamos, me echó el cuento y nos hicimos novios, eso fue rápido. A los pocos días me visitó en mi casa. Al único que le gustó esas relaciones fue a mi papá, estaba alegre. Es que Luis Enrique ya había tenido mujer y era padre de dos hijos. Después de unos días de novios él me sacó, decidimos irnos a vivir juntos, me llevó para la finca donde vivía con su mamá y su padrastro”.

Todo no fue color de rosas, ya que la decisión de irse a vivir como pareja le trajo consecuencias judiciales a Luis Enrique, debido a que la novia era menor de edad, por lo que fue detenido en la cárcel del pueblo. Para entonces el matrimonio era una de las salidas a la situación jurídica que enfrentaba, las otras eran huir o una condena penal y la cárcel. Él prefirió la primera.

Como el amor florecía y las alegrías del corazón afloraban, decidieron casarse por la Iglesia. El acto religioso con mucha sobriedad se llevó a cabo en el corregimiento de Caracolicito, Cesar.

“Mientras él estuvo preso, yo vivía donde unas amigas, para donde me llevaron, él salía todas las noches de la cárcel y me visitaba. Hasta que nos casamos en Caracolicito. Fue una ceremonia sencilla, yo usé un traje blanco que él me compró, y después de la iglesia nos fuimos para la finca donde vivíamos”.
A partir de este momento comenzaron los días gloriosos de sus vida, donde los encantos del amor eran azúcar para esas almas enamoradas, en ocasiones con algunos altibajos producto de las largas las correrías de Luis Enrique, aunque él siempre que regresaba a su casa encontraba a su esposa tranquila y tolerante, así a ella tuviera conocimiento de sus múltiples infidelidades al fragor de los tragos y las notas del acordeón.
“Cuando nos fuimos a vivir Luis Enrique era aserrador de madera y por ratos interpretaba el acordeón, actividad última a la que se dedicó por entero después del matrimonio. 

Con el matrimonio fueron llegando los hijos, dos en el hogar: Victoria y Moisés Martínez Serrano, y cinco producto de sus correrías: Alberto, Alexis, Ingrid, María Luisa y Gloria.

“Después que nos casamos él comenzó a salir, a salir, a salir como acordeonero. Unos meses después de casarnos yo salí embarazada. El me dejó cogiendo barriga y salió a tocar y cuando regresó ya el niño caminaba, fue cuando conoció a Moisés”, recuerda Rosalbina con voz amorosa.

Luis Enrique se volvió mujeriego a morir con eso de la música, pero nunca me abandonó ni fue irresponsable con su hogar. Nunca vivió con otras mujeres, pero para donde agarraba tenía una. Yo sabía eso porque los compañeros me lo decían, pero yo en ese tiempo no sabía pelear ni nada de eso. Figúrese, como sería yo que, Luis Enrique se sacó a una muchacha en Bálsamo, Magdalena, Lucha Movilla se llamaba, y la trajo para donde su mamá, que vivía al lado de nosotros. Ella se aburrió de esperarlo y se quiso ir para su pueblo, yo la acompañé a Fundación para que se fuera”.

Agrega: “Yo en ese tiempo era muy tranquila, era conforme que viniera o no viniera. Yo nunca lo celé y lo veía cuando se enamoraba. Las mujeres apenas él les hacía un hijo, me lo llevaban. Yo al que me llevaban lo cogía y lo criaba. Yo era tan tranquila que a mí me decían: tú por qué eres así, no tienes alma. Cuando me encontraba por la calle con una mujer de esas, avispadas, me decían cosas de él, yo se las comentaba y me respondía: ¡No le pares bola, Rosita! Lo mismo me decía su mamá cuando le comentaba lo que me decían por la calle”.

El sobrino de Luis Enrique, y miembro de su conjunto musical por muchos años, Sebastián "Chan" Martínez, confirma las debilidades de su tío con las mujeres, costumbre frecuente en los bohemios exponentes del folclor vallenato:  

“Luis Enrique fue mujeriego pero que nunca le conocí una querida, su primera mujer fue Natalí Romero, era de Fundación, con la que tuvo dos hijas: Edith y Gloria. Él tuvo cinco hijos por la calle, porque los demás fueron con la comadre Rosa. Mi comadre ayudó a criar a algunos de esos hijos, las mamás se los llevaron y ella los recibió tranquila y los crió. Uno de ellos era hijo de una muchacha de Chiriguaná y otro de El Difícil. Una vez fuimos a tocar a las fiestas de Fonseca y estuvo durante ese tiempo con una india, ella salió embarazada y después que parió fue a conocer la niña y se la trajo para donde mi comadre Rosa y ahí estuvo un poco de tiempo”, sigue contando Chan.

Rosalbina
Rosalbina

Por otra parte Rolsalbina narra como era su vida en las largas ausencias de su amado: “Natividad, la mamá de Luis Enrique me atendía como una hija suya, me daba de todo, estaba pendiente de mí cuando su hijo estaba por fuera de la casa. Ella fiaba, prestaba, hasta cuando él regresara”, dice Rosalbina con su voz lenta. 

“Cuando regresaba de sus corredurías me traía prendas de oro, ropa, zapatos, chancletas. Una vez me trajo un pote lleno de cadenas, aretes, pulseras de oro, que me robó una bandida, que dizque arreglaba prendas de oro, que era mujer de él”.

Luis Enrique le compuso algunas canciones a su esposa: ‘No sufras, Morenita’, ‘La Carta’, ‘Los caprichos de Rosa’, ‘Noticias negras’, ‘Mi negra querida’, de las que ella asegura las hizo cuando descubría que estaba enamorado de otra mujer. 

También le cantó a otras mujeres, Marta Elena, Maricela, entre otras, de las que dice Chan Martínez, lo inspiraron por el solo hecho de conocerlas. La primera era una mujer a la que conoció en Las Palmas, Bolívar, mientras que a Maricela en una parranda que tenía con Lucky Cotes en Riohacha, ella era de Chiriguaná y trabajaba en un almacén en Maicao. 

“El hacía canciones amorosas cuando una mujer le caía en gracia, o cuando un amigo se lo pedía, no necesariamente estaba enamorado, porque creo que de la mujer que siempre lo estuvo fue de mi comadre Rosa”, advierte Chan.

Ante la pregunta de su era cierta la historia de si ella le mandaba cartas a Luis Enrique, como él lo dice en la canción ‘La Carta’, respondió: “Él me escribía, me mandaba papelitos, yo le respondía. A veces me mandaba a buscar a un pueblo, nos veíamos y yo me regresaba. Él me sacaba, me llevaba para Nervití, donde una hermana y allá duraba bastante tiempo, esperándolo, hasta que regresaba y nos íbamos para El Copey. También me llevaba para donde algún compadre o comadre y les decía: ‘Ahí les dejo a Rosita para que la cuiden, yo regreso la otra semana’, y volvía a los tres meses por mí. Él era muy tranquilo”.

Luis Enrique consciente de sus largas ausencias cantó:

No sufras en mi ausencia 
que yo no me he quedado
Rosita de mi alma 
no esperes eso de mí
Yo te ofrecí un amor matrimonial
Y por eso tengo que venir.

“Lo que pasa es que Luis Enrique era como esa novela ‘El Águila Solitaria’, así era él”, asegura su sobrino Sebastián. “Él salía de su casa y no se preocupaba por volver. De lo que sí se preocupaba era de mandar plata, de llamar a mi comadre a un pueblo cercano, la veía y él pa adelante. Para regresar a su casa era trabajoso, le gustaba era andar de pueblo en pueblo, de fiesta en fiesta”. 

“Yo desde que él se murió he estado de duelo, me hace mucha falta”, dice su esposa, pensado en su ausencia definitiva, en el dolor que dejó en su corazón su partida final. Sabe que no hay esperanza de que vuelva, como lo hacía tras sus largas ausencias. Está consciente de que ya no volverá a entrar por la puerta de su casa con la tranquilidad del que sabe que en ella habitaba una mujer conforme, dispuesta a esperarlo, que lo amaba.

Ella, recordándolo, debe tararear esa canción que le compuso, con la que quizá se consuela: “Me mandó a decir Rosita, que ella siempre está de duelo, pero le mandé una carta escrita, pa que le sirva de consuelo. Deja esa tristeza, Rosita no llores…”.


LA BODA DE PLATA



La celebración de los 25 años de casados de Luis Enrique y Rosalbina contrastó con la sobriedad del día del matrimonio, para esta ocasión Luis Enrique ya era un reconocido juglar del Vallenato. Organizó una celebración de inmemorial recordación para el folclor, ya que a la misma se dieron cita los más importantes exponentes de esta música, la cual duró toda una semana, donde Martínez a pesar de ser un bebedor empedernido, procuró atender sobrio a los invitados de sus bodas de plata, celebración que además duró una semana. Ella, por su parte, no fue ajena a la organización, involucrándose en la preparación de las comidas de sus invitados.

En efecto el 8 de abril de 1972, la pareja compuesta por el acordeonista Luis Enrique Martínez y Rosalbina Serrano De Oro, celebraron en El Copey los veinticinco años de casados. Este invitó a la fiesta a sus amigos músicos, ganaderos, políticos, empresarios, comerciante de distintos lugares del Caribe colombiano y a todos los copeyanos.

Este, además de oferente, fue el organizador de la celebración, delegando en su familia algunas actividades. Ordenó la construcción de una enramada, de casi doscientos metros de largo, en el patio común de su casa y la de su madre Natividad Argote, para que los invitados permanecieran en ese lugar mientras esperaban la ceremonia religiosa que se realizó en la iglesia de El Copey.

Él se encargó de tres asuntos, columna vertebral de las festividad: el ron, la comida y la música. Los patrocinadores del licor fueron sus amigos: Andrés Pérez, químico de la industria licorera del Magdalena, quien le donó varios toneles de ron Centenario, y Eduardo Dávila. Fue tanto el trago que se bebió en esa fiesta que Rosalbina asegura que corrían ríos de ron. 

Las reses para la comida fueron donadas por: Tito y Tobías Pumarejo, Sinforiano Restrepo y Toño Andrade. 

La música estuvo a cargo de los hermanos Luis Enrique y Chema Martínez; de su sobrino el "negrito" Villa; Andrés Landero; Juancho Polo Valencia; Abel Antonio Villa; Alejandro y Nafer Duran; Colacho Mendoza, Pacho, Pachito y Alberto Rada, y los hermanos López, entre los conocidos.

En la ceremonia religiosa Luis Enrique lució un vestido entero gris y ella un traje ceñido al cuerpo que le habían confeccionado para la ocasión, y parte de las alhajas de oro que su esposo acostumbraba a regalarle. Después de la misa sonaron voladores y otros juegos artificiales dispuestos para esta fecha.

Tras la ceremonia religiosa los invitados y parte de los habitantes de El Copey se reunieron en la caseta central para escuchar y bailar al son de todos los conjuntos vallenatos que amenizaron la fiesta. Festejo que se extendió hasta la cinco de la mañana cuando la mayoría de los presentes abandonaron ese lugar, entre ellos el médico Rodrigo Vives Echeverría. Sin embargo, eso no significó que la celebración terminara, continuó por el resto del día y de la semana en el patio de la casa de la pareja.

La música interpretada por Landero, los Rada, los Martínez, Abel Antonio, Juancho Polo, entre otros, los hermanos Lopéz, sirvió para amenizar la parranda en la que también participaron personas que llegaron de distintos lugares del Cesar, La Guajira, Bolívar y Magdalena, Bogotá. Semana en la que unos se iban y otros llegaban.

También estuvieron algunos compositores, entre ellos: Fredy Molina, Adolfo Pacheco, y Armando Zabaleta, quien en el marco de la celebración compuso la canción "Las Bodas de Plata", que cantó a los esposos, la que grabaron los hermanos López con la voz de Jorge Oñate.

LAS BODAS DE PLATA

En las bodas de plata

de Luis Enrique y Rosalbina
Se hizo una fiesta muy linda
con música vallenata

Sus amigos y sus amigas

también fueron a su casa
Sus amigos y sus amigas
todos fueron a su casa (Bis)

En esa fiesta bonita

sonaron todos los acordeones,
haciéndoles honores
ha Enrique y a Rosita

Y luego el cura en la misa

los colmó de bendiciones (Bis)

Este es un día sagrado

pa' Luis Enrique pa' Rosalbina
Tienen que recordarlo
mientra existan en la vida

Porque lo que es 

apreciado compadre
eso nunca se olvida.

Porque lo que es 

apreciado compadre
eso nunca se olvida (Bis)

En esa boda de plata

le regalaron cosas muy lindas
De San Jacinto Bolívar
le trajo Adolfo una hamaca
Pa' que se meta en su casa

Enrique con Rosalbina (Bis).


Ver también: Luis Enrique Martínez




.

junio 27, 2020

EL TRANSPORTE ANTIGUO


Llegada del Tren a Fundacion
Al fondo hoy los barrios Chimila y La Magdalena


Hace unos años cuando Fundación era el punto de referencia del Magdalena Grande, gracias a que hasta esta ciudad llegaba todos los días el Tren de Santa Marta, los pueblos de esta región abrieron caminos para llegar hasta la Esquina del Progreso con el propósito de aprovisionarse de bienes y servicios, o para tomar el tren que los conduciría hasta la capital de la provincia. 

Primero se abrieron caminos de herradura por donde se transitaba a lomo de bestias o carros de tracción animal. Con el pasar de los años se abrieron trochas para los primeros automotores que llegaron a Colombia. Luego llegaron los primeros "buses", algunos de los cuales se les denominó chivas, sobre todo en la Zona Bananera, mientras que para la sierra nevada por la agresividad del terreno se impusieron los camperos Willys, Toyotas y Nissanes. 

La mayoría de estos vehículos no eran distinguidos por sus placas oficiales, sino por curiosos y pintorescos nombres colocados por sus propietarios, y algunos aún recorren las agrestes carreteras del Magdalena, donde el barro y la escalerilla es el común denominador.

Nos imaginamos que @Rappi se copió de estos servicios, ya que estos vehículos siguen llevando a domicilio mercancías, encargos y demás provisiones de los pobladores de pequeños corregimientos y veredas.

En el año 1940 viajaba de Remolino a Fundación, pasando por el corregimiento de Paraco, Municipio Pivijay, dos vehículos: "La Amapola" y "La Coqueta""La Amapola", era manejada por Federico Bornacelly, y "La Coqueta", por Eloy Rosales. Hoy no existe esa legendaria ruta. "En Dios Confío" del Goly Cormane, viajaba de El Piñón a Fundación, por la vía Salamina, Pivijay, Piñuela.

En la década de los 1960, había un una buseta de pasajeros desde El Cerro de San Antonio hasta Fundación llamada “La Caja de Fosforo”.


Coroncoro

Otro vehículo famosos desde la década de los 60s, que cubría la ruta hacia Pivijay y su zona rural: "El Coroncoro", ícono de los pasajeros de San José de la Montaña, mejor conocido como"Garrapata", que aún opera. 

Primero de Mayo

El Bus "Primero de Mayo", de propiedad de José Díaz; llamado así, por la fecha de cumpleaños de su propietario.

El Bus "La Veracruz": Era la competencia de el "Primero de Mayo". Los únicos dos buses que viajaban de Pivijay a Fundación.

Después de "La Veracruz" y el "Primero de Mayo", llegó el transporte de Luis Eduardo Ternera con "La Reina del Espacio"; chiva donde viajaban los pivijayeros a ver los partidos del Unión Magdalena.

"La Virgen del Carmen": Era un mixto que viajaba de Fundación a Salamina.

La Roconda

Caso particular es el caso de “La Roncona”, ya que sigue en servicio, es el transporte del sector rural de Pivijay, con héroes choferes que conducen estos vehículos chapaleando el barro y  las adversidades del terreno.

También sigue operando "La Carcacha" para Canoas.

San Ángel

Para la ruta hacia San Ángel se impusieron las Power, una tenía el nombre de la esposa de don Domingo Monachello, llamada "La Niña Franca", en honor a su esposa que aún vive.  Era usual escuchar entre los habitantes de San Ángel: me monté en la Niña Franca, La Niña Franca vino embarrada, La Niña Franca se atolló. 

Las Chivas de Cataca



Para la cubrir la ruta hacia Aracataca, El Retén y la Zona Bananera algunas de las que prestaron sus servicios se llamaron:
  • "La Hojita": viajaba de Aracataca a Fundación, de David Beracaza.
  • El Apolo 11: de Rafael "el cojo" Restrepo, viajaba hacia Aracataca o El Retén.
  • "Yo También Fui Último Modelo": viajaba de Aracataca al El Retén, del Señor Barriga.
  • San Tropel y la Raya: del Señor Luis Díaz.
  • "Sputnik": viajaba de Aracataca a Fundación.
  • "Se le ven los Pie": de Fundación Aracataca.
  • El marido de las Niñas: de Antonio "Toño" Granados, la llamó así ya que había un par de chivas llamadas la Niña tal..
  • "La Coqueta": viajaba de Fundación a Sevilla, de Luis Zamudio "Barriga", luego tuvo una que se la llamó La Campesina.
  • "Caraballo": hacía Guacamayal.

De Galileo Daconte

Existieron también chivas de propiedad de Pablo Gómez, Manuel Alejandro Cabana, Galileo Daconte Bermúdez, y de los hermanos Granados: 
Alfonso "el papi" Orlando "el Pulí", Nisefaro Terafio (El Retén), entre otros. 


El Camellón de Cataca
Lugar donde se estacionaban las Chivas

Los usuarios de estas chivas gozaban del aire puro y libre que entraba por las ventanas, los cabellos flotando, el olor a panela del trapiche, el paisaje de la caña, el arroz y la palma, pero también del polvoriento camino hacia El Retén, que dejaba el cuerpo empolvado y tieso, producto de bancas rígidas y sin suspensión.


de David Beracasa

Algarrobo


Águila Morena

El bus "EL ÁGUILA MORENA", cubría la ruta Algarrobo-Fundación. Este fue el primer bus que tuvo José "el loco" Isaza, empresario del transporte y líder político de Algarrobo, ex alcalde de esa ciudad. Su ayudante también se llamaban José, y para diferenciarlo le apodaron "José Morena".

El bus se llamaba "El Águila Morena", pero todo el mundo solo le decían "La Morena", y hasta el día de hoy, todos los buses de la familia Isaza han sido bautizados con ese nombre. Isaza inició esa ruta primero en un camioncito donde comenzó a hacer viajes y luego adquirió este bus. Foto 20 Enero 1973.

Servicio urbano en Fundación


El Pobre Yuba
El primer bus urbano de Fundación, se llamó "El Pobre Yuba", propiedad de Asdrúbal Teherán apodado "El Yuba",  esto sucedió en la década de los 80s. Fundación tuvo un crecimiento vertiginoso hacía la vía de Pivijay, impulsada por las casas de Simón Bolívar, El Prado y El Recreo, que impulsó el surgimiento de este tipo de transporte público urbano.

Luego se conformaron empresas de transporte organizadas como Cootransmag, Cootracar, entre otras, pero el surgimiento de los ciclotaxis y del mototaxismo arruinó estos servicios.
Otros buses de la época fueron "Meloncito" de Peyo Tobías y las busetas del señor Ricardo Barrios, del Flaco Mendoza, Humberto "el balín" González,  Rafael Rueda Prada, entre otros. También operaron buses de la Zona de Carretera para los empleados de esta empresa, y del Colegio Oficial para sus estudiantes: el cual fue conducido primero por Víctor Jaime y luego por Dimas López.

Nos falta por investigar el transporte que comunicaba con la Sierra Nevada, Monterrubio, Caracolicito, Copey y Valledupar. .




Escribenos: esquinadelprogreso@gmail.com