diciembre 01, 2021

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septiembre 19, 2020

LISÍMACO PERALTA: TRÁGICO FINAL DE UN MARIMBERO


Lisímaco Peralta: Una Canción y 44 Balazos



Buena parte de las canciones vallenatas consideradas como clásicas narran vivencias, pasajes y anécdotas, o son manifestaciones de amor o de nostalgia. En síntesis, las letras son inspiradas por sucesos o sentimientos pasados o presentes. Los compositores convierten en personajes populares a sus amadas, amigos y compadres, quienes inspiran al artista. Muchas veces por fortuna la melodía es premiada con el éxito.

La Locura

La relación del homenajeado y la canción, es de orgullo y gratitud pues significa su ingreso al universo creativo del compositor el cual inmortaliza su nombre en el canto. Es el caso, por ejemplo, del tema “Lluvia de Verano” de la autoría del maestro Hernando Marín Lacouture, inspirada y dedicada a su amigo Lisímaco Peralta, el cual marcaría el destino de su protagonista.

En mayo de 1978 se lanza el álbum La Locura, grabado por el entonces joven cantante guajiro Diomedes Díaz, quien frisaba los 21 años, acompañado en el acordeón por su paisano Juancho Rois, dos años menor que él. Ninguno de los dos jóvenes talentos intuía la magnitud del éxito que alcanzaría un trabajo musical que a la postre los consagraría como grandes del folclor.

El acordeón con que interpretó Rois aquellas melodías ni siquiera él mismo pudo repetirlo en otros discos. Una posible influencia del sacerdote capuchino italiano Hilario de Pescosolido, conocedor de música sacra y experto en acordeón piano y armonio, con el que Juancho tomó clases a su paso por el colegio La Divina Pastora de Riohacha, puede explicar la singular evocación barroca en temas como “Acompáñame” y “ El alma en un acordeón”. El álbum aún hoy es considerado un hito dentro de la música vallenata. Siete de los doce temas del LP se convirtieron en éxito inmediato: “Acompáñame”, “La Piedrecita”, “El Alma en un acordeón”, “Vendo el Alma”, “Lo más bonito”, “Sol y Luna” y, por supuesto, “Lluvia de Verano”.

La locura fue el nombre más apropiado para el disco, no sólo porque musicalmente constituía un derroche de talento incomparable, sino porque reflejaba acertadamente la convulsa época que se vivía en La Guajira. Y es que en 1978 se iba a producir la más grande cosecha de marihuana de toda la bonanza: Las 75.000 hectáreas de cannabis sativa sembradas en la Sierra Nevada (en la parte guajira) simulaban un inmenso delantal.

El cultivo y exportación de marihuana se habían convertido en el mayor generador de empleo rural y urbano en la media guajira y parte del sur del departamento. El campesino emocionado recibía montones de dinero que nunca hubiesen llegado a sus manos sembrando yuca o plátano. Era la locura. Así mismo, la alta capacidad adquisitiva impulsó el armamentismo civil, en una tierra donde la tenencia de armas hacía parte de una larga tradición para la custodia del honor. Las armas facilitaron que los pequeños conflictos, que anteriormente se resolvían con el diálogo de los mayores, ahora terminaran en tiroteos con saldo de muertos y heridos. Era la locura.

Entre los miles de jóvenes campesinos que se engancharon en el negocio de la marihuana figuraba Lisímaco Antonio Peralta Pinedo, nacido en 1947 en el desaparecido caserío de Guacaraca, jurisdicción del corregimiento de Las Flores, municipio de Riohacha en la época. Hijo de Luis Rafael Peralta Moscote y María Pinedo Gil, ejerció diversos oficios desde jornalero hasta conductor de camioncitos, volquetas y taxis, empujado por la pobreza.

A mediados de los años setenta Lisímaco, al enterarse de las ganancias que producía la marihuana, decidió meterse al negocio, primero como transportador de las fincas a los puertos y pistas de aterrizaje clandestinas y luego como comprador de cosechas que él mismo embarcaba. De esa forma hizo una pequeña fortuna, invirtió en propiedades y se estableció en Santa Marta.

Por esa época conoció a Hernando Marín, famoso juglar del folclor vallenato, bohemio y aventurero, a quien invitó a finales de 1977 a una parranda en su casa en Santa Marta. Luego de tres días de whisky, Lisímaco convidó al compositor a que lo acompañara a La Guajira a ojear una caleta de marihuana que estaba próxima a embarcarse. En medio del monte guajiro, sentados sobre pacas de yerba, Lisímaco Peralta le narró a Hernando Marín la historia de su vida, la pobreza que golpeó a su familia, y las dificultades y penurias que lo acompañaron por muchos años, hasta que por fin, gracias a la marihuana, había logrado cambiar de situación. También le contó de sus sueños de infancia y de sus triunfos y derrotas amorosas. El artista, conmovido por el relato, le tarareó los primeros versos de aquella canción, que se convertiría en todo un clásico de la música vallenata.

Ya no tengo ni penas ni
sufrimientos/
ya se fueron como el viento
huracanado/
y las penas que me ardían dentro
del pecho/
de penas y sufrimientos se
acabaron/
ya no quedan ni siquiera los
recuerdos/
y si llegan, ya son lluvias de verano.

Al día siguiente, luego de dar las últimas instrucciones a los vigilantes de la caleta, viajaron hasta Las Flores, el pueblo de Lisímaco, y se alojaron en la casa de su suegra, Inés Toro. Hernando Marín, por la amistad que habían cultivado y cortado por el guayabo y el hambre luego del largo viaje, se sintió atraído por el delicioso olor de guiso que salía de una inmensa olla. Se acercó a la estufa y quitó la tapa para cerciorarse de lo que su olfato le indicaba, cuando fue sorprendido por la dueña de casa Inés Toro quien le dice: – ¡Suelte esa tapa! El músico sorprendido le dijo – ¿Doña, no sabe quién soy yo?– ¡Usted puede ser quien sea, pero a mí no me gusta que me neceen las ollas! Sin argumentos, Hernando Marín sonrió, tapó de nuevo la olla y siguió para el patio. Ya sentado en una butaca, siempre alegre y bonachón, el maestro le pidió a doña Inés que escuchara unos versos que le había compuesto a su yerno, y le cantó el coro.

Porque fuiste 
como lluvia de verano./
Y al que le pique, 
que le pique,
por mí, 
que se siga rascando.

En marzo de 1978 Hernando Marín regresó a Las Flores y le anunció a Lisímaco Peralta que su canción sería grabada por Diomedes Díaz y Juancho Rois. Inmediatamente se armó la parranda en el quiosco de Reyes Corina, y Marín cantó la versión definitiva de “Lluvia de Verano”.

Las lluvias del verano 
no son frecuentes/
son carrizos que refleja 
el tiempo malo/
y si vuelve una de las 
que me dejaron/
reconcilio porque 
no soy valiente
que no digan las mujeres 
que soy malo/
malas ellas que buscan
su mala suerte

En menos de quince días el álbum La Locura sonaba a todo volumen en los equipos de sonido, pasacintas y pickups del Caribe colombiano y en las grabadoras de los estudiantes costeños de Bogotá, quienes vivían en cofradías en los barrios Palermo, Teusaquillo, Sears (hoy Galerías) y Campin. El tema “Lluvia de Verano” fue el más popular, y era cantado a todo pulmón por jóvenes y viejos mañana, tarde y noche.

Aprendí en el diccionario de la
vida/
a conocer la mentira de la gente
menos mal que yo he sido un
hombre valiente/
que aunque sangre no me duelen
las heridas/
porque tengo mi experiencia
conseguida/
mantendré siempre levantada la
frente

La melodía se convirtió en un canto épico del guajiro y del costeño victorioso. En La Guajira y el Magdalena era el himno del marimbero triunfante, de aquél campesino que zafó a la pobreza o del urbano que había pasado de ser un varado a “tener la tula”. En Bogotá y Barranquilla era canto de quienes habían logrado estudiar un bachillerato o una universidad, hijos de los comerciantes de Maicao, los ganaderos del sur del departamento y del Cesar o de los funcionarios y pequeños comerciantes de Riohacha.

Canto, rio, sueño y vivo alegre
Al que le duela que le duela
Si se queja es porque le duele

“Lluvia de Verano” de alguna manera, exaltaba el fin del ostracismo guajiro que a su vez se convirtió en una peculiar presentación ante la sociedad colombiana por sus variantes extremas; la amable, representada por el mejoramiento de la calidad de vida de unos, reflejada en el acceso a la academia y la difusión de su música, y la amarga, expresada en el vendaval de violencia extrema que se vivió. Esta última de dos orígenes, la de las guerras interfamiliares y la violencia gratuita, producto de la arrogancia y la intolerancia, alimentada por el frenesí del dinero fácil y agravada por la aparición en escena de algunos psicóticos que deliraban por disparar los cuales llenarían de luto la península y parte de la costa.

La gente, especialmente la nueva generación, entonaba alegre la canción y repetía el nombre Lisímaco Peralta sin saber quién era el ahora famoso personaje. Para la mayoría era un hombre que aburrido de una situación difícil, presuntuosamente “cambió de comedero”. Reflexiones perversas afirmaban que “el comedero” era una mujer, pero no, “el comedero” era el hogar de la mujer, la novia o la amante, dónde él llegaba a veces a desayunar, a veces a almorzar y a veces a cenar. Para la mujer guajira, sea esposa, mujer, novia o amante, es muy importante que su hombre se alimente en casa y por eso se esmera en preparar ella misma los alimentos. La ruptura de la relación produce una pérdida sentimental y lleva en consecuencia a un cambio de comedero. Y es que quien pierde a una mujer también pierde su sazón.

Tengo talla de hombre mujeriego
como Lisímaco Peralta
voy a cambiar de comedero

Lisímaco Peralta estaba feliz con su canción, pero no había tenido la oportunidad de escucharla en vivo, ejecutada por sus intérpretes. Las presentaciones de Diomedes y Juancho siempre se cruzaban con sus ocupaciones; cada vez que se proponía viajar a Valledupar o a Barranquilla, algo surgía: un inconveniente en el negocio, un enfermo en la familia o una visita inesperada. Era como si el destino no quisiera que los músicos se encontraran con el agraciado.

Un viaje sin retorno

En La Guajira y el Magdalena había preocupación por la cosecha de 1978; sabían de la presión que ejercía el gobierno de los Estados Unidos contra el cultivo y la exportación de marihuana a través de la fuerza pública, incluido el Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. Pero además, tenían presente que el gobierno de Alfonso López Michelsen tocaba a su fin y la política del nuevo presidente era una incógnita.

Lisímaco Peralta estaba intranquilo, el envío del embarque que lo convertiría en un nuevo rico se había retrasado. El buque que debía partir del puerto de Santa Marta hacia una playa de La Guajira a recoger la mercancía el 29 de julio tenía un desperfecto en el motor y su reparación tardaría algunos días. Decidió viajar entonces con uno de sus socios a la finca a poner al tanto de la situación a los vigilantes de la caleta para que no se impacientaran. Estaba nervioso, su plan era hacer el envío grande antes de la posesión del nuevo presidente, porque después cualquier cosa podía pasar. El 5 de agosto madrugó para la península, le comentó la novedad a los vigilantes y les dejó un buen mercado y abastos para una semana más.

Al tomar la troncal del Caribe de nuevo y ver en la vía el aviso que anunciaba la cercanía de su pueblo, le pidió a su socio, que entraran unos minutos para saludar a la familia. Al llegar a Las Flores se dio de cara con Adalcímenes Brito quien lo recibió con estas palabras: -Compadre, llegó como caído del cielo, hoy se presentan aquí Diomedes Díaz y Juancho Rois. -¡Cómo va a ser!- le dijo sorprendido Lisímaco. -Sí -agregó Adalcímenes- el dos cumplí años, y hoy cinco cumple mi compadre Ildefonso Pimienta, y nos pusimos de acuerdo para hacer una sola fiesta. -Compadre, voy de paso, madrugué pa’ Pénjamo y ya voy de regreso a Santa Marta, no traje ni ropa. –le contestó Lisímaco. -La ropa no es problema, yo le presto -le ripostó el compadre. -Está bien -cedió rápido Lisímaco, sin ofrecer mucha resistencia por el deseo frustrado de escuchar su canción en la voz de Diomedes Díaz. Se bajó del carro y le pidió al socio que lo viniera a buscar a primera hora del día siguiente.

En efecto, Adalcímenes Brito e Ildefonso "Ilde" Pimienta habían acordado hacer una sola fiesta, que pagarían entre ambos. Dos días atrás habían contratado la agrupación de Diomedes Díaz y Juancho Rois en Riohacha, cuando amenizaba en la capital del departamento el matrimonio de Danis Brito Rosado, oriundo también de Las Flores. El festejo sería en ‘Salsipuedes’, una casa que usualmente arrendaban en el pueblo para fiestas privadas o casetas.

Los cumplimentados invitaron a todo el pueblo, familia, amigos y conocidos. Entre ellos a Reyes y Juanito Guerra, dos hermanos que mantenían resquemores con Lisímaco, por motivos que se desconocían. Algunas versiones sostienen que ello obedecía a que Lisímaco, supuestamente, le prestaba su vehículo a Marcos López en Santa Marta, un florero residente en esa ciudad, enemigo de los Guerra. Otras voces niegan el hecho y aseguran que todo fue producto de un malentendido: el carro de Lisímaco Peralta era de la misma marca, modelo y color que el de Marcos López, una camioneta Dodge 300 negra, con la diferencia de que la de éste último era blindada. También se decía que la inquina entre ellos tenía que ver con una mujer, pariente de los Guerra. Lo cierto es que la inconformidad de Reyes y Juanito con Lisímaco afloró esa noche del 5 de agosto de 1978. El origen real de la pugna nunca se supo. Lo grave es que en ese tiempo los problemas se resolvían a tiros.

Por esos años Las Flores no gozaba del servicio de energía eléctrica. Y la del 5 de agosto era una noche oscura, sin luna, una verdadera boca de lobo. Los lugareños consiguieron una planta eléctrica o motor, como dicen en la zona, para suministrar energía a ‘Salsipuedes’. Hacía las 7 de la noche comenzó la fiesta; la gente se volcó a la casa de la calle 6, aglutinándose en el patio, en la sala y en la calle. La curiosidad por conocer a Diomedes y Juancho era general. Los músicos se ubicaron al final del patio en una pequeña e improvisada tarima.

Ildefonso "Ilde" Pimienta presentó a Lisímaco Peralta con Diomedes Díaz. Se dieron un fuerte abrazo como compadres de toda la vida. -¡El famoso Lisímaco Peralta!,- le dijo el Cacique de la Junta. -Soy famoso gracias a ti.- le contestó sonriendo Lisímaco. -Será gracias al compadre Hernando Marín- le recordó Diomedes. Se sentaron y brindaron con una Rois, como siempre, permanecía callado y solo se reía de los chistes y comentarios necios que se hacían.

“Salsipuedes”

La agrupación abrió su presentación con “Lluvia de Verano” y fue la locura, todos se levantaron a hacer palmas y cantar en coro. A Lisímaco se le aguaron los ojos de la emoción; en milésimas de segundos por su mente pasó su vida, su infancia de campesino, su juventud como conductor, sus dificultades, su pobreza y su primer “corone”. Le parecía increíble, ver y escuchar a Diomedes Díaz y a Juancho Rois en su pueblo, era algo realmente mágico. Al terminar la primera tanda, radiante y conmovido, los contrató para su cumpleaños de la próxima semana, el 12 de agosto. Les pidió que no se comprometieran por tres días y les ofreció como regalo una camioneta último modelo.

La fiesta continúo; el conjunto interpretaba cada una de las canciones del disco, convertidas en éxitos rotundos. A esas alturas ya Lisímaco había discutido dos veces con Juanito Guerra, quien insistía en el reclamo -Hoy te voy a matar- le dijo la primera vez. Lisímaco, inocente del infierno que estaba creciendo dentro de Juanito, pensó que estaba mamando gallo y contestó con una sonrisa. -¡Ve Juanito, deja de estar hablando locuras!-

Una hora después se le acercó de nuevo y le dice -Hoy te voy a matar.- Lisímaco, desprevenido y sonriente, le comentó a los dos amigos que tenía a su lado -A Juanito qué le pasa, es la segunda vez que me dice que hoy me va a matar.- Lisímaco y sus amigos se rieron, no creyeron en las palabras de Juanito Reyes, les parecía absurdo que los Guerra hablaran en serio; se suponía que aquella era una fiesta de amigos.

En esa época era normal que los hombres en La Guajira portaran armas. En los pueblos de la troncal del Caribe como Las Flores, La Punta y Dibulla se miraba como bicho raro a quien no portara un arma en su bolsillo o en su cinto. Esa noche en Las Flores, con la excepción de los cumplimentados, todos cargaban armas, motivo adicional para disuadir a cualquiera de hacer uso de ellas. El último tema de la segunda tanda de Diomedes y Juancho fue nuevamente “Lluvia de Verano”, todos seguían con palmas la canción, Lisímaco se levantó de la mesa y alzó los brazos: “Canto, rio, sueño y vivo alegre, al que le duela que le duela, si se queja es porque le duele”, coreaba con el Cacique de La Junta. Era su día, era su canto, y la próxima semana el embarque que lo convertiría en millonario partía con rumbo norte; era su triunfo.

Al final de la tanda algunos de los presentes pidieron al “picotero” que colocara algo de salsa. Empezó a sonar “El cocinero mayor” de Fruko y sus tesos. Los salseros incógnitos salieron al ruedo: Ismael Galván, Adalcímenes Brito, José Bermúdez, “patoco”, y Estivin Mendoza; se improvisó un concurso de baile y la gente se apiñó en la sala a ver el espontáneo espectáculo.

Sidis Mendoza, la cuñada de Lisímaco, llegó a buscarlo. Le dijo con inusitada angustia, como si presintiera algo -Lisímaco, me dijiste que te viniera a buscar, vamos para que te acuestes!. En efecto Lisímaco le había pedido que entre las 9 y las 10 lo fuera a recoger ya que venían temprano por él. Lisímaco salió a la puerta y los amigos lo persuadieron de quedarse, entonces él se quedó mirándola pensativo, y sonriente le contestó -No te preocupes, dejame bailar mi disco, y enseguida estoy allá, dile a tu mamá que ya voy.- Sidis se marchó.

A esa hora el conjunto vallenato se aprestaba a dar comienzo a la tercera tanda, y mientras la mayoría de los asistentes estaban felices, gozándose la fiesta, los hermanos Guerra seguían inquietos y belicosos. Nuevamente Reyes se le acercó a Lisímaco a amenazarlo y éste con la paciencia colmada le contestó: -Bueno, tú te crees más hombre que todo el mundo.- Inmediatamente apartó a sus acompañantes, y llevó su mano al bolsillo buscando su pistola, pero Reyes sacó primero y le disparó hiriéndolo en un dedo de la mano. Lisímaco no alcanzó a reaccionar. En ese momento recibió 7 tiros por la espalda de un acompañante de los hermanos Guerra, y Lisímaco cayó muerto a causa de once proyectiles. 

Sidis Mendoza acababa de llegar a su casa y se disponía a darle la razón a su mamá cuando se escucharon los primeros tiros. Temiendo lo peor, se llevó la mano al pecho y exclamó -¡Mamá, mataron a Lisímaco!-, mientras se escuchaban más y más disparos.

Reyes intentó fugarse saltando la tapia pero los acompañantes de Lisímaco lo bajaron a balazos. Recibió en total 44 tiros. La plomera fue terrible. El nombre del lugar se convirtió en una espantosa realidad: "Salsipuedes". Había gente disparando por todas partes. Juanito, el hermano de Reyes, intentó subirse en una mesa para disparar y uno de los presentes lo mató de un solo tiro. Ahí terminó la balacera. El hombre que le disparó a Lisímaco por la espalda había salido tranquilo en medio de la oscuridad debido a que la luz se fue, lo que le facilitó su huida.

El saldo fue lamentable, muertos: Lisímaco Peralta, los hermanos Juan y Reyes Guerra y José Tomás Bermúdez, este último, un anciano de 79 años. Los heridos: Eberto Alonso Povea Pérez, Cándido Celestino Povea Pérez, Enrique Luis Povea Pérez, familiares entre sí, quienes estaban en una misma mesa, y una mujer de nombre desconocido, natural de Tolú, invitada a la fiesta.

Cuando se armó la plomera, Diomedes Díaz y Juancho Rois se volaron la tapia, llegaron hasta la casa vecina y se metieron debajo de una cama; de ahí saldrían media hora después, descubiertos por un vecino conocido como “El negrito” quien, portando una ametralladora M-1, buscaba no se sabe a quién para matarlo, enseguida se escondió en la Iglesia del pueblo. Solo hasta las tres de la mañana, cuando llegó el ejército, los músicos, escoltados por soldados, lograron abandonar Las Flores. Al subirse en el vehículo militar Diomedes sentenció: -¡No vuelvo más a este pueblo!-, promesa que cumplió hasta el final de sus días.

A esa misma hora, a decenas de kilómetros de allí, en la Sierra de la Totumita, una zona de la Sierra Nevada de Santa Marta, doña Alba Rosa Rosado, la madrastra de Lisímaco, estaba dormida; súbitamente despertó y sintió que le pasaban el peine por el cabello -Presentí que algo le había pasado a uno de los míos,- recuerda hoy, 30 años después.

Los hechos de aquel sábado aciago fueron producto de una serie de circunstancias desafortunadas que tuvieron como telón de fondo el ambiente de crispación social que se vivía en La Guajira en esos años por cuenta del negocio de la marihuana. Al parecer los hermanos Guerra no habían planeado nada, y tampoco tenían intención de hacerle el reclamo en Santa Marta a Lisímaco por la supuesta falta.

La serie imprevistos y casualidades que se conjugaron para hacer que la víctima estuviera presente en el festejo: el daño fortuito del motor del barco, su decisión de última hora de entrar a saludar a su familia; el reencuentro con los amigos; la fiesta con los ídolos vallenatos del momento, que estrenaban su canción; la negativa de atender la solicitud de su cuñada cuando fue por él, han dado pie para que en los vecinos de Las Flores exista el convencimiento de que Lisímaco Peralta murió por una mala hora. Tal vez la presentación en vivo de “Lluvia de Verano”, una innegable ovación a Lisímaco, atizó odios reprimidos, sostienen algunos. Lisímaco Peralta estaba casado con Aura Leticia Arévalo, su paisana, con quien tuvo 4 hijos. La semana siguiente cumpliría 30 años de edad.

Su nombre quedó inscrito para siempre en la Leyenda Vallenata con la canción que le compuso su amigo Hernando Marín, esa jocosa melodía adoptada como canto triunfal por toda una generación de guajiros y costeños, que 32 años después los parranderos siguen entonando a todo pulmón.

Su famoso interprete, Diomedes Díaz, ha cumplido la promesa que hizo aquella noche debajo de una cama, en medio del tableteo incesante de pistolas y revólveres: no ha vuelto a cantar en Las Flores.

Epílogo

Horas después de la muerte de Lisímaco Peralta, en la lejana Bogotá, tomaba posesión como presidente de la República Julio César Turbay Ayala. El primer acto de su gobierno consistió en la expedición del decreto 1923, también conocido como el Estatuto de Seguridad, con base en el cual ordenó militarizar La Guajira con más de 10.000 soldados, derribar los aviones no autorizados que llegaran a la península y bombardear las pistas clandestinas. El principio del fin de la bonanza marimbera había comenzado.


Por: Fredy González Zubiría



septiembre 17, 2020

SOMBRERO WAYÚU: HISTORIA OCULTA

Sombrero Wayúu

Las artesanías y prendas indígenas son reconocidas en Colombia por sus técnicas ancestrales y sus diseños particulares, pero también por el significado simbólico que subyace en cada una de ellas. 

El sombrero wayúu –o uwomü– es uno de esos accesorios coloridos que han ganado protagonismo en las últimas décadas al lado de las célebres hamacas, mantas y mochilas, sin embargo, su uso generalizado es relativamente reciente. 

En las descripciones de jefes wayúu de principios del siglo XX, el sombrero casi nunca aparece aunque sí forma parte de la indumentaria del palabrero –o putchipüu– quien gana a través de él un grado de distinción. 

A lo largo del siglo XX, y sobre todo a finales, el sombrero gana en presencia en el seno de la comunidad y aparece en la cabeza de hombres y mujeres, primero adornado de una cintilla de iraca, y después con los colores extraídos de la pintura de aceite (cruzados de rojos, azules, amarillos y verdes). 

Una de los grandes intereses del sombrero es el reflejo de una clara división del trabajo dentro de las costumbres wayúu. El sombrero uwomü es –junto con las guaireñas, el calzado típico– uno de los adornos elaborados exclusivamente por los hombres. Las otras (mochilas, pulseras, chinchorros, hamacas y mantas) son dominio de las mujeres quienes en grupos generacionales se encargan de mantener vivas estas tradiciones. 

La técnica empleada en la elaboración del sombrero se llama comúnmente la técnica de “sarga” o tejido en diagonal con hilos planos o cintillas de paja de isii o mawisa. Los colores también tienen su importancia, dos suelen predominar: el crudo natural de la fibra con la cual se teje y un color negro, aunque últimamente, el uso de colorantes y pintura de aceite ha favorecido la incorporación de otros colores no tradicionales como el rojo, amarillo verde y azul. 

El sombrero wayúu se compone de tres partes muy diferenciables: 

(1) la base de la copa que representa un círculo de textura plana, 

(2) el “cuerpo” de la copa en forma de cilindro, y 

(3) el ala que tiene una extensión variable y sobre el cual se aprecian dibujos en relieve. 

Más allá de estos datos técnicos, el sombrero wayúu alude a un estilo de vida y un trabajo minucioso donde la calidad es un elemento fundamental. Elaborar un sombrero siguiendo las costumbres tradicionales requiere habitualmente un día de trabajo. Por eso, su fama y longevidad son incuestionables. 


LA MANTA: HISTORIA PENOSA DE CIÉNAGA

Ciénaga a principios del siglo XX 

"No me pise la sábana, señor. Mire que la acabo de lavar… en el río". Anónimo cienaguero

Al iniciar el último cuarto del siglo XIX en Ciénaga, el Partido Liberal estaba dividido en dos facciones irreconciliables: radicales y moderados, cuyas disputas concluían en horribles muertes. 

Antes de la proclamación de los Estados Unidos de Colombia, en 1863, Joaquín Riascos, jefe moderado, era la principal figura militar y política en Ciénaga, pero a su trágica muerte, en 1875, durante la guerra nacional entre parristas y nuñistas, el poder local pasó a sus adversarios radicales, comandados por Chico Labarcés. 

Por algo más de diez años (1875-1885), el radical Chico Labarcés y su gente mandaron en Ciénaga. Fueron los años de gloria de La manta arrastrá: organización temible, responsable de lamentados episodios de sangre, como anota Guillermo Henríquez Torres en El Misterio de los Buendía (2003). Según el historiador cienaguero “los radicales, ebrios de poder, salían a las calles a provocar a sus enemigos moderados y conservadores, provistos de largas sábanas (mantas) que tiraban a los pies de sus rivales; si estos aceptaban el reto, pisaban la manta, y se entablaban ambos en una lucha sin fin, la cual terminaba con la muerte” (p. 243). El pavor a los cienagueros de Chico Labarcés alcanzaba a sentirse en las estrechas calles de Santa Marta. Los samarios, mayoritariamente conservadores “sentían horror cuando veían aparecer las huestes cienagueras al mando de su jefe el general Francisco Labarcés (alias el Chico), quienes venían azotando los caballos y arrastrando las mantas” (p. 244), pero Santa Marta, menos impulsiva y más cauta, prefería mantenerse atrancada en el conventual silencio que ha caracterizado por generaciones a sus élites. 

Con el triunfo del centralismo y del nacionalista Rafael Núñez en la guerra de 1885-86, Ciénaga y sus huestes radicales perdieron predominio político: poder sustentado, no solo en la ferocidad de los chiquistas y La Manta Arrastrá, sino en la explotación de productos agrícolas (caña, cacao, plátano), en especial del tabaco, que exportaban a Alemania y Francia asociados a extranjeros provenientes de Francia y sobre todo de Curazao. Esta economía tabacalera registró sus mejores años entre 1848 y 1876, año este último a partir del cual comenzó a imponerse el cacao, cultivo colonial reintroducido también con participación de capitales foráneos. Diez años después, a pesar de sus rebeliones, de su influencia económica y de su mayor población, Ciénaga comenzó a ceder su primacía en el plano militar y no solo en el terreno político, y los hombres de La manta arrastrá, diezmado el poder de sus jefes, vivieron sus días finales. De esta época azarosa, que el padre José María Revollo registra en las primeras páginas de sus famosas memorias (Mis memorias, Barranquilla, 1956), le viene a Ciénaga, a decir de algunos, el calificativo de “La belicosa”. El periodo se conoce en la historia regional como La Ciénaga bárbara, pero en realidad el fenómeno con su expresión viene de más atrás, de las guerras de independencia. El término fue acuñado para subrayar el valor de los nativos que, fieles a la Corona, repelieron con éxito a las tropas patriotas hasta cuando, en 1820, en la Batalla de Ciénaga, cayeron vencidos por un ejército superior en números, armas y estrategia. Son célebres las derrotas que los indios y mestizos cienagueros infringieron a los militares franceses Chatillón y Labatut, reveses que Bolívar evaluó con su estado mayor cuando, en 1820, planeó tomarse Ciénaga, plaza clave que operaba como escudo de la muy realista Santa Marta, que se rindió una vez La Belicosa puso sus varios cientos de muertos. 

Este apartado de la historia de Ciénaga es la historia de un pueblo mestizo populoso, formado por indígenas y extranjeros de la Independencia que se quedaron a hacer fortunas como agricultores y comerciantes. Normal entonces que, celosos de su independencia económica y política, mantuvieran ejércitos privados dispuestos a enfrentar a Santa Marta y los poderes centrales cuando algunas medidas atentaban contra sus intereses, ligados estos a la dinámica de un incipiente capitalismo en expansión. La manta arrastrá, temible e infame institución, fue sin duda un instrumento de tales luchas. 

Las privilegiadas condiciones de unas tierras fértiles al sur de Ciénaga, de fácil conexión con los mercados internacionales, explican la presencia en la región de varios militares independentistas -además de empresarios extranjeros-, los cuales, beneficiados con la entrega de tierras baldías, llegaron a formar haciendas bastante productivas dedicadas a cultivos de exportación. 

Uno de ellos, el general venezolano Francisco Carmona, héroe de la Independencia, sentó reales en San Juan de la Ciénaga. En plan de hacendado abogó por la apertura al comercio exterior y en 1840, pleno de poderes y méritos, acaudilló, en esta parte del país, la causa de Los Supremos (1839-1942). Esta condición de la dirigencia de la Ciénaga de entonces, formada por hombres de empresa y militares de tendencia federalista, avala que haya sido esta mestiza población y no la española Santa Marta la capital del efímero Estado de Manzanares. Carmona, como se sabe, fue picado a machete en Ciénaga, en su propia casa, el domingo de carnaval de 1852, víctima de una tumultuosa conspiración orquestada, para algunos, en la todavía hidalga y retrechera Santa Marta. Hombres como Joaquín Riascos y Chico Labarcés hicieron carrera a su beligerante sombra, igual que Juan José Nieto, Manuel Murillo Toro y el mismo Rafael Núñez. 

En 1896, en pleno gobierno regenerador, La manta arrastrá tomó visos de leyenda y muchos principales, en el tránsito de cambiarse de partido, de sangre y de Dios, la expulsaron de su memoria: acto que la puso de contera fuera de la historia, donde todavía permanece. 


Clinton Ramírez 
Escritor, narrador y novelista 


Acerca del autor: 
Clinton Ramírez es escritor, narrador y novelista. Economista de la Universidad del Atlántico. Es autor de las novelas Las Manchas del Jaguar (Premio Nacional de Novela 1987), Vida Segura (2005), Hic Zeno (2008) y Un Viejo Alumno de Maquiavelo (2014). Sus cuentos, además, figuran en varias antologías del país y el exterior. Es uno de los escritores más representativos de las letras del Caribe colombiano. En la actualidad, es profesor de literatura en la Universidad Sergio Arboleda de Santa Marta.

septiembre 06, 2020

LA DANZA EN EL MAGDALENA



Danza en el Club Fundación


CLASES DE DANZAS

Diversas son las clases de danzas que brotan en el folclor del Departamento del Magdalena, en donde cada danza que se representa tiene su historia, porque son vivencias de los pueblos, por ejemplos:

LA PUYA: Danza callejera conocida desde 1885, como expresión regional de ambiente fiestero, con movimiento en las caderas moderado y rítmico. Se baila con parejas sueltas. La actitud tanto de mujeres y hombres es de vivacidad.

EL BULLERENGUE:  El Bullerengue es una danza en la que se destaca una tradición donde se hace la representación de las adolescentes que están aptas para ser esposas, ante el pueblo. Danza realizada exclusivamente por mujeres, que destaca el mayor realismo de la ascendencia africana, por la percusión de los tambores, el palmoteo y el canto coral características de su ejecución.

EL FANDANGO: Es un baile popular y callejero, y se refiere al acto de danzar en carnavales acompañado con instrumento de viento no tradicionales.

EL MAPALÉ: Es una danza sensual de donde el embrujo de los cuerpos ardientes hacen similitud de los cuerpos del pez que al ser sacados del agua hacen movimientos fuertes hasta morir. En un baile de marcada ascendencia africana. Se dice que esta danza nació como canto y danza de labor de pescadores, que se realizaba acompañada de tambores, como diversión en la noche al terminar la jornada de pesca.

LA CUMBIA: Es una danza de cortejo amoroso, bailada por multitud de parejas. Las parejas separadas, el varón de la mujer, sin tocarse nunca, elevando ella uno o dos paquetes de velas encendidas en su brazo en alto. Garbosa y sonriente mece su cadera, adornándose con su pollera larga, mientras el varón la acosa con ademanes seductores abanicándola con su sombrero.

EL PORRO: El porro un baile originalmente danzada por los negros esclavos en torno de los tambores de forma truncada llamados “Porros”. El Porro antiguo se tocaba con instrumentos indígenas complementados con el ritmo que hacia un coro a través de palmas de las manos, repitiendo estribillos convencionales.

Existen dos variaciones de Porros: El Porro Palitiao o Gaita con ritmo lento, en cuya interpretación el bombo hace una pausa en los estribillos y en algunos momentos se golpea en el aro con dos palitos que llevan el ritmo a manera de cencerro, por los cual algunos lo llaman “Palitiao”.

La otra variedad del Porro es “El Tapao”, llamado también “Puya”, en cuya interpretación jamás deja de sonar el bombo y a cada golpe se va tapando el parche opuesto con la mano, esto es, se oprime este parche opuesto para que no vibre más; y, a esta presión de la mano se le llama regionalmente tapar; de allí el nombre de porro tapao que antiguamente se bailaba en forma suelta.

EL VALLENATO: Si el ritmo es paseo, se baila apretado y despacio; por lo general, se dan dos pasos por un lado, y dos por el otro; dos pasos para adelante, y luego dos pasos para atrás. Si el ritmo es merengue, no se requiere ir tan pegado; la pareja puede ir y volver constantemente, en un ritmo de un-dos, un-dos.

EL CONGO: Es uno de los bailes más vistosos por el vestuario exótico del hombre. Se destaca su gran turbante colmado con flores artificiales y del cual sale una penca larga de la parte posterior -que casi llega a los talones- adornado con cintas, lazos, encajes, etc. El turbante lleva en la parte delantera uno o varios espejos. Es una danza típica del carnaval. La conforman varias parejas acompañadas por un grupo de disfraces de animales, y un conjunto de músicos que incluyen un tambor, una guacharaca, palmas, un cantador y un coro.

EL GARABATO: Representa la vida y la muerte y los bailarines se desplazan al sonido del tambor realizando figuras como caracoles, túneles, abanicos o simulando el movimiento de las olas. El grupo musical que acompaña a la danza está compuesto por una tambora, tambor de un solo parche, guacharaca y un cantador, acompañado por voces de un coro y palmas. La música que interpretan es ritmo de pajarito, chandé o golpe alegre.

DE NEGROS: Es el baile que representa la cultura afroamericana. Se caracteriza por los fuertes golpes de percusión. Se realiza generalmente a ritmo de mapalé, que se desprende a su vez de una danza de los negros esclavos africanos llamado “calendas”.

DE DIABLOS: Se origina en las fiestas religiosas del Corpus Christi. Consiste en el baile de supuestos diablos a las afueras de las iglesias y al margen de las procesiones. Los bailarines están ataviados con un enterizo bombacho y utilizan una máscara roja con cachos, castañuelas y espejos.

DE INDIOS: Proviene de los indígenas de las poblaciones a orillas del río Magdalena: Indios de Trenza e Indios Farotos. Consiste en el desplazamiento de parejas en el que se trenzan cintas y vuelven a destrenzarse. Según tradición oral los movimientos de la danza responden a los rituales que muchas poblaciones indígenas realizaban a las orillas del río Magdalena.

DEL GUSANO: Los bailarines se forman uno detrás de otro y se toman de las caderas, conformando un “gusano”. Se visten de enterizo verde, con flecos en los brazos y su adelante los guía una persona que lleve puesta una gran cabeza de gusano.

DE LAS FAROTAS: Trece hombres participan de una danza en la que se disfrazan con vestuario y accesorios femeninos. Según tradición oral la danza representa la estrategia que utilizaron los indígenas para vengarse de los españoles por el abuso de sus mujeres.

LAS PILANDERAS: Se basa en el laboreo en el campo para la limpieza del arroz y el maíz, lo que se denomina ‘pilar’. Se baila a ritmo de puya alrededor de un pilón, con movimientos frenéticos de hombros y caderas, y una ligera inclinación del busto y la cintura, producida por el esfuerzo que hacen al imitar la acción de ‘pilar’.

LA MOHANA: Es la representación de una noche de luna llena en las faenas de los pescadores, donde se apareció una mujer hermosa, que seducía a éstos hombres quienes al día siguiente, aparecían muertos y decían que era el espíritu del mohán.



DÍA INTERNACIONAL DE LA DANZA

Su día fue establecido por la Unesco en el año 1982, eligiendo la fecha del 29 de abril de cada año, como el Día Internacional de la Danza.

Fue un 29 de abril, que nació el francés Jean George Noverre (1727-1810), innovador y estudioso de este arte, maestro y creador del ballet moderno, por tal motivo se le hace este reconocimiento.

DANZAS
EN LOS MUNICIPIOS


DANZA DEL CAIMÁN DE CIÉNAGA: Oriunda de Ciénaga, tiene sus raíces en la tradición oral, con las fábulas y mitos que surgieron alrededor de una historia pueblerina de comienzos de siglo XIX, en el puerto de Cachimbero, donde un caimán se tragó a la niña Tomasita. Los danzantes trazan un juego coreográfico en torno a este episodio y su icono central es la figura del caimán. La danza es acompañada con el conjunto típico de los instrumentos costeños (caña de millo, tambora, tambor alegre, llamador y guacharaca. Se danza en círculos o por parejas y uno de los miembros del grupo se pasea con una estructura horizontal con forma de caimán. Entremezcla teatro, versos y baile.

RAÍCES DEL CHANDÉ DE SAN SEBASTIÁN: Este grupo nació en 1989 en San Sebastián, conformado por personas que derivan su sustento de la agricultura, la pesca y el comercio. Gabriel Jiménez Pedroso, es la voz líder del grupo.

GRUPO TACUMBÉ DE PLATO: Son exponentes del denominado “Baile Cantao”, se originó en 1989 en Plato y lo conforman 27 personas. Interpretan zambapalo, pajarito, tambora y chande.

GRUPO DE DANZAS KUMBE DE SANTA MARTA: Este grupo de danzas fue fundado en Santa Marta el 18 de Abril del año 2.000 por la iniciativa de crear un espacio en la formación de las tradiciones folclóricas. Ciro Olaya Serpa, es el director del grupo de que está conformado por 30 bailadores, 5 músicos y un director coreográfico y de montaje. Ciro Olaya Serpa, samario de nacimiento, licenciado en educación Física, tallerista en diferentes eventos de formación dancística.

GRUPO ALMA CARIBE DE EL RETEN: Han representado al municipio de El Retén, en diferentes actividades y festivales, lo conforman un grupo musical y una comparsa de bailantes, su especialidad es la danza del pajarito, en la cual han participado incluso en los carnavales de Barranquilla.

GRUPO DE DANZA COSTA AZUL, DE GUAMAL: Grupo de danza Costa Azul, oriundo del corregimiento Playas Blancas en el municipio de Guamal, ha ganado en tres ocasiones el “Congo de Oro”, en el concurso de danzas folclóricas del Carnaval de Barranquilla. Este grupo es muy reconocido, ya que ha sido participante del carnaval de Barranquilla en varias ocasiones en la categoría de “Danza Tradicional”, categoría en el cual ha llegado a ocupar el primer puesto. En 2002 ganaron bronce, en 2004 plata y durante los años 2005, 2006 y 2007 ganaron el “Congo de Oro”. Esta danza es heredada de los indios Chimilas que habitaron dicha región, la cual representa la lucha del hombre para pretender a las mujeres.

GRUPO DE DANZA EL PALOTEO DE GAIRA: El Paloteo, tiene sus orígenes en los bailes militares de Grecia, danza traída por los misioneros y éstos se la enseñaron a los indios, quienes las ejecutaban en sus celebraciones o rituales; en territorio colombiano, sus antecedentes se ubican en el corregimiento de Gaira, cerca de Santa Marta. En 1916 los samarios Luis Miguel Rivas, Vicente Angulo, Santos Narváez y José Redondo, fundaron una danza guerrera masculina que llamaron “Paloteo de Gaira”; es una danza de carácter guerrero, que simboliza primordialmente la lucha entre las naciones para la independencia del yugo español, en donde los danzantes portan una especie de bastón de madera, con los que se defendían en la lucha y pronuncian versos alusivos a su país mientras ondean sus banderas. El Paloteo de Gaira, llegó al Carnaval de Barranquilla en 1917, allí conocieron a Ángel Custodio Pedroza Torres quien se hizo miembro de la danza. Año tras año viajaban a Barranquilla hasta que nunca más volvieron. En vista de esto, Ángel Custodio sacó su propio paloteo en 1936. Lo llamó “Paloteo Mixto”, porque él sí permitió que las mujeres bailaran en su grupo. Años más tarde aparece la Fundación Cultural Danza Paloteo de Gaira, bajo la dirección de Leopoldo Jiménez Pimienta, participando en el carnaval de Barranquilla desde el año 2007 y desde entonces han ganado tres Congos de Oro. Se destacan en esta danza gairera personajes como Mario Jiménez, Cecilio Manjarrez, Mario Junior Jiménez y Rodolfo Jiménez.

LA DANZA DEL GALLEGO DE SANTANA: Es la máxima representación folclórica de este municipio, que se ha destacado en el Festival de Danzas del Carnaval de Barranquilla, ganando Congo de Oro; en las fiestas del 11 de noviembre en Cartagena, y en el Reinado Carnaval del Rio en Santana Magdalena. La Danza del Gallego cuenta la historia de un terrateniente de finales de siglo XIX, que abusaba económicamente de sus empleados con tal de tener la plata para parrandear. Creado en la década del ochenta del siglo XX, el grupo ha participado en diferentes eventos folclóricos de Colombia.

En esta danza se le hace un homenaje al “Gallego” disfraz típico en épocas de carnaval de tiempos antaño en este municipio. El disfraz consta de barriga y nalgas artificiales y exageradas cubiertas por un faldón, además el protagonista esconde su rostro con una careta siempre graciosa. 

También tiene el disfraz una horqueta de madera que lo identifica y que le sirve para capturar al burlador o perrateador, que siempre va a ser un aldeano voluntario con ánimos de divertir y divertirse con un juego característico: Te doy plata, si me coges Gallego.

GRUPO DE DANZA FOLCLÓRICA DE LA UNIVERSIDAD DEL MAGDALENA: El Grupo de Danzas Folclóricas de la Universidad del Magdalena, nace en la ciudad de Santa Marta en el año 1977, bajo la dirección de Néstor Raúl Gómez; más adelante toma la dirección del grupo, el maestro y coreógrafo cienaguero, Adalberto Acosta Melo. También han dejado huella en el grupo como directores: Osmalia Gutiérrez y Roosevelt González, Jorge Apreza Fernández y Efraín Castilla Romero. Su primera presentación en público se realizó el 22 de Junio de del año 1978. A partir de esta fecha, se ha constituido como uno de los grupos pioneros de la tradición cultural que se vive hoy día en la ciudad, el departamento, la región y el país. 

GRUPO DE DANZA “DOCENTES DEL MAGISTERIO DEL MAGDALENA”: El grupo de danzas "Docentes del Magisterio del Magdalena" está integrado por docentes y administrativos del Departamento del Magdalena. Fueron ganadores en el año 2020, en el VI Festival Nacional de Danzas Folclóricas Colombianas, evento realizado en Soledad Atlántico, bajo la dirección del Maestro Ciro Olaya Serpa y con la ejecución de la "Rumba Arhuaca" creación artística del mismo Maestro. Los premios obtenidos fueron los siguientes:
- Primer puesto, categoría adultos.
- Mejor puesta en escena.
- Mejor bailarín.

"Rumba Arhuaca": Creación artística del Maestro Ciro Olaya Serpa, a través de la cual se le rinde tributo a los hermanos mayores de la Sierra Nevada de Santa Marta.

FESTIVALES DE DANZAS



FESTIVAL NACIONAL ESTUDIANTIL DE DANZAS FOLCLÓRICA COLOMBIANA EN SANTA MARTA: El Festival Nacional Estudiantil de la Danza Folclórica Colombiana “Rafael Muñoz Escarraga”, es un evento cultural que el Liceo Celedón de Santa Marta, viene realizando desde el año 1994, con el sano propósito de difundir y mantener vivas a través de las generaciones, todas aquellas formas de expresión artística en que se magnifica la danza por medio de representaciones de diferentes actores involucrados que forman parte de las diferentes delegaciones de los distintos departamentos asistentes que se organizan para rendir tributo de reconocimiento a esta manifestación y hacer presencia en Santa Marta, para intercambiar puntos de vista y presentar muestras folclóricas de las regiones de procedencia.

En la organización del festival participan todos los estamentos institucionales encabezados por el rector del plantel y secundado por docentes, padres de familia, estudiantes y miembros de la comunidad en general que de manera desinteresada ofrecen sus servicios en favor del desarrollo y éxito del evento.
El equipo de trabajo funciona con una Junta Directiva que preside el rector de la Institución, encargada de liderar todos los procesos que se consideren necesarios para que la actividad llegue a feliz término.

Para cumplir con el propósito de llegar al mayor número posible de personas, la Organización programa varias presentaciones de los actores involucrados, como requisito para ser admitido como grupo participante.

Para alcanzar esta meta, cada delegación deberá ofrecer como mínimo tres presentaciones en el mismo número de espacios destinado para tal efecto, lo cual incluye desfile por las principales calles de la ciudad, muestras en diferentes barrios de la zona rural y urbana y presentaciones en un espacio de la Institución conocido como La Paila.

ENCUENTRO DE GRUPOS FOLCLÓRICOS DEL MAGDALENA: Desde el año 2005 a través de las presentaciones artísticas, la Caja de Compensación Familiar del Magdalena (CAJAMAG), busca rescatar la cultura folclórica, mediante este evento que tiene como finalidad, brindar un espacio a los forjadores de cultura de todo el Departamento del Magdalena, demostrando los trabajos artísticos y creativos, productos de las investigaciones que han realizado en diferentes zonas, teniendo en cuenta la gran riqueza musical y bailes autóctonos de la región que brindan estos grupos. Se disfruta de las coreografías, danzas y bailes tradicionales del carnaval, con un gran colorido de luces y vestuarios, donde cada uno de los grupos participantes brinda lo mejor de su repertorio. Entre los grupos participantes se encuentran los siguientes:

Talento Caribe: dirigido por Silvio Castaño Jaramillo.
Grupo Kumbé: dirigido por Ciro Olaya.
Grupo Tri-Etnia de Ciénaga: dirigido por Alberto Arias Rodríguez.
Grupo Folclórico Raíces de Fundación: dirigido por Javier Durán.
Grupo Folclórico Remembranzas de Puebloviejo: dirigido por Javier Hernández.
Manantial de Ternura de Gaira: dirigido por Orielson Pomares.
Grupo Colegio Gimnasio Las Américas de Bastidas: dirigido por Silvio Castaño Jaramillo.
Grupo Proyección de Taganga: dirigido por Ingrid Panefleth Daníes.
Grupo Instituto Juan Maiguel de Osuna: dirigido por Graciela Orozco.
Grupo Cordecon del Once de Noviembre: dirigido por Luis Gómez Larios. Grupo Danza de Proyección de Santa Marta: dirigido por Miguel Juvinao.
Grupo Instituto Ebenezer: dirigido por Nubis Díaz.
Grupo Club Arhuaco del Adulto Mayor de Cajamag: dirigido por Silena Bermúdez.

COMPARSAS CONCURSO CAJAMAG: Las comparsas también hacen presencia en este festival folclórico, ellas son:

Academia de Baile Alí: dirigida por Alí Ariza.
Rumba Show: dirigida por Erwin Ortiz.
Mi Bella Sonrisa: dirigida por Luz celly García.
Mayombe: dirigida por Luis Eduardo Higuita.
Danzas y Cootermarit.
Funproviponal.
E.S.E. Alejandro Próspero Reverend.
Empleados de la Universidad del Magdalena.
Cumbión Carnavalero de Boulevard del Río.
Juventud en Marcha de Municipio Zona Bananera.
Rumberitos de la Sexta de Pescaito.
Negritas Puloy de Gaira.
Son Caribeño.
Rumberitos de 20 de Julio.
Cumbanchá de los Almendros.
Parranderos del Centro Histórico.
Danfolgar de Gaira.
Universidad Cooperativa de Colombia.
Sena Comercial.
Sena Centro Acuícola y Agroindustrial de Gaira.
Gimnasio de las Américas.
Manantial de Ternura.
Escuela Tepsicore.
Kumbé.
Cordecom.
Sanga.
Soc.
Funproviponal.
Negritas Puloy de Pescaito.
Rumba Show de Pescaito.
Rumberitos Samarios de Pescaito.

PRIMER ENCUENTRO DE DANZAS FOLCLORICAS DE LA SUBREGIÓN SUR DEL DEPARTAMENTO DEL MAGDALENA

El Primer encuentro de danzas folclóricas de la Sub Región Sur del Departamento del Magdalena, se realizó en la Cabecera Municipal de San Zenón Magdalena con la participación de las siguientes delegaciones:

Santana: con la Danza Los Gallegos.
San Fernando: con los Indios Bravos.
Guamal: con los Indios Mansos y Los Molineros.
Tierra Firme: con el Chandé Tradicional.
Peñoncito: con Chandé de la Fundación Visión sin Límites.
San Zenón: con la danza tradicional El Casabe.


Por Raúl Ospino Rangel

Escribenos: esquinadelprogreso@gmail.com