El padre Jesús Emel Arévalo Torrado nació en La Playa de Belén, Norte de Santander, el 5 de mayo de 1921, y murió en Ábrego, Norte de Santander, el 27 de marzo del año 2000.
Fue ordenado sacerdote el 23 de junio de 1946 en la Catedral de Santa Marta, de manos de monseñor Bernardo Botero Álvarez. Inició su formación clerical en el Seminario de Ocaña y concluyó sus estudios teológicos en Santa Marta.
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A sus veintiocho años, el padre Arévalo fue nombrado párroco de la Iglesia San Fernando del municipio de Pivijay, desde donde atendía también la feligresía del municipio de Salamina. Ejerció su ministerio en Pivijay en dos períodos: el primero, del 23 de julio de 1949 hasta 1953, y el segundo, desde el 19 de marzo de 1960 hasta el 26 de marzo de 1973.
En este municipio se le recuerda con especial afecto por su incansable labor pastoral, recorriendo a lomo de caballo las intransitables vías rurales de la región. Fue también quien gestionó la llegada de las Hermanas Lauritas para que fundaran una casa y un colegio en la localidad. Su carácter firme y su rectitud —propios del hombre nortesantandereano— lo llevaron a enfrentarse abiertamente a las malas costumbres, lo que le valió más de una enemistad. En una ocasión sufrió un atentado: desde fuera de la casa cural dispararon contra él, pero providencialmente en ese momento se encontraba en otra habitación rezando el Breviario. El origen de aquel ataque fue su frontal oposición a la apertura de un burdel en el municipio.
A raíz del vil asesinato de don Hernán Gómez Peláez, en junio de 1992, el padre Arévalo, quien sostenía una estrecha amistad con este dirigente político y comercial, comenzó a experimentar grandes cambios en su salud como la perdida de la memoria. Por esta razón, le pidió a monseñor Ugo Pucini Banfi que le permitiera regresar a su tierra natal para pasar sus últimos años rodeado de su familia. Fue así como, en junio de 1993, a sus 72 años, partió hacia Ábrego, Norte de Santander. En esa ciudad celebró, en 1996, sus bodas de oro sacerdotales, acompañado por una nutrida delegación proveniente de Fundación, del Obispo de Ocaña y del clero de esa diócesis.
En sus últimos años de vida lo aquejaron un cáncer de piel y la pérdida total de la memoria. Una úlcera cutánea (escara), producto de una larga estancia en cama, terminó por causarle la muerte el 27 de marzo del año 2000, a los 79 años de edad.
Sus restos reposan en el cementerio de Ábrego, junto a los de su prima, Ana Dilia Arévalo Montaguth, quien falleció pocos años después al ser arrollada por una motocicleta frente a su residencia, el 7 de noviembre de 2003.
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| Con su amigo y copartidario, don Hernán Gómez Peláez. |
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| Nelly Vélez de De la Ossa, Don Fausto De La Ossa, Padre Jesús Emel Arévalo, Don Hernán Gómez, Don Antonio García, Carlos y Jaime García. |
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| Padre Arévalo y don Raúl Tatis. |

















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