junio 14, 2025

P. JESÚS EMEL ARÉVALO TORRADO

 

Párroco de Fundación entre 1973 y 1993

P. Arévalo

El padre Jesús Emel Arévalo Torrado nació en La Playa de Belén, Norte de Santander, el 5 de mayo de 1921, y murió en Ábrego, Norte de Santander, el 27 de marzo del año 2000. Fue ordenado sacerdote el 23 de junio de 1946 en la Catedral de Santa Marta, de manos de monseñor Bernardo Botero Álvarez. Inició su formación clerical en el Seminario de Ocaña y concluyó sus estudios teológicos en Santa Marta.

Antes de 1962, el territorio de la Diócesis de Santa Marta comprendía lo que hoy es el Departamento del Magdalena, junto con varios municipios que actualmente conforman la Diócesis de Ocaña. El 26 de octubre de ese año, mediante la bula Quoniam arcana, el papa Juan XXIII erigió la Diócesis de Ocaña, cuyos territorios fueron obtenidos de la Diócesis de Santa Marta y del Vicariato Apostólico de Barrancabermeja —hoy Diócesis de Barrancabermeja—. Como consecuencia de esta separación, varios sacerdotes oriundos de la provincia de Ocaña permanecieron incardinados en la Diócesis de Santa Marta, entre ellos el P. Arévalo, el P. Ortiz y el P. Puentes.




EN PIVIJAY

Con las hermanas Lauritas en Pivijay

A sus veintiocho años, el padre Arévalo fue nombrado párroco de la Iglesia San Fernando del municipio de Pivijay, desde donde atendía también la feligresía del municipio de Salamina. Ejerció su ministerio en Pivijay en dos períodos: el primero, del 23 de julio de 1949 hasta 1953, y el segundo, desde el 19 de marzo de 1960 hasta el 26 de marzo de 1973.

En este municipio se le recuerda con especial afecto por su incansable labor pastoral, recorriendo a lomo de caballo las intransitables vías rurales de la región. Fue también quien gestionó la llegada de las Hermanas Lauritas para que fundaran una casa y un colegio en la localidad. Su carácter firme y su rectitud —propios del hombre nortesantandereano— lo llevaron a enfrentarse abiertamente a las malas costumbres, lo que le valió más de una enemistad. En una ocasión sufrió un atentado: desde fuera de la casa cural dispararon contra él, pero providencialmente en ese momento se encontraba en otra habitación rezando el Breviario. El origen de aquel ataque fue su frontal oposición a la apertura de un burdel en el municipio.


EN FUNDACIÓN

De Pivijay salió para Fundación, cuando monseñor Javier Naranjo Villegas lo nombró párroco de la Iglesia San Rafael. En esta parroquia estuvo desde el 27 de marzo de 1973, hasta el 30 de junio de 1993, por veinte años ejerció su ministerio sacerdotal en esta ciudad.

El Fundación se le recuerda por su recio temperamento en sus homilías, llamando las cosas por su nombre, pero a la vez por su trato apacible en lo personal. Era usual verlo a diario visitando familias en sus hogares, compartiendo con ellos y brindándole los auxilios sacerdotales.

Por la escasez de clero atendía también varias poblaciones de los alrededores, como San Ángel, Algarrobo, Monterrubio, Doña María, Santa Rosa, Bellavista, entre otras. 

Era un hombre que le gustaba el campo, tuvo predios dedicados a la ganadería y al cacao. Le encantaba montar a caballo, era habitual verlo cabalgar por las calles de Fundación en las fiestas patrias y en la feria ganadera. 

Tenía un sentido compromiso por lo social, por esta razón hizo parte del Club de Leones y de la Defensa Civil.

Dado el crecimiento vertiginoso de Fundación, el padre Arévalo se dio a la tarea de promover la construcción de dos nuevos templos que luego fueron parroquias: la Parroquia María Auxiliadora y la del Señor de los Milagros. Estuvo en la bendición de la primera piedra de ambos templos; en 1986 María Auxiliadora, y en 1993 en la del Señor de los Milagros.

A lo largo de su tarea pastoral siempre contó con la ayuda de su prima Ana Dilia Arévalo Montagout.


Muerte

A raíz del vil asesinato de don Hernán Gómez Peláez (junio de 1992), el Padre Arévalo dada su estrecha amistad que tenía con este dirigente político y comercial, comenzó a experimentar grandes cambios en su salud, al punto que comenzó a perder la memoria, por esta razón le pidió a mons. Ugo Pucini Banfi que le permitiera volver a su tierra para pasar sus últimos años rodeado de su familia, y fue así como en junio del 2003, a sus 72 años, partió para Abrego, Norte de Santander. En esa ciudad en 1996 celebró sus 50 años de sacerdocio (una nutrida delegación de Fundación asistió). 

En sus últimos años de vida presentó cáncer de piel, y la perdida total de su memoria. Una notoria ulcera de piel (escaras) producto de una larga estancia en cama le hizo fallecer un 27 de marzo del 2000, a sus 79 años de edad. Sus restos se encuentran en el cementerio de Abrego, junto con su prima Ana Dilia Arévalo, quien falleció a los pocos años, producto de un accidente, arrollada por una moto frente a su residencia un 7 de nov. del 2003.
 
Registros gráficos




ANA DILIA ARÉVALO MONTAGOURT







Bendiciendo a Sergio Ramírez

Con su amigo y copartidario, 
don Hernán Gómez









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