domingo, 19 de marzo de 2017

CIÉNAGA, UNA CIUDAD QUE DESAPROVECHÓ LA BONANZA



“La crisis fue terrible, al principio las fincas valían millones en ese momento, cuando un dólar costaba $12 pesos y daban mucho dinero por ellas, pero después que se fue la United la finca valía casi menos que una vaca” …así resume Guillermo Henríquez la crisis que llegó a Ciénaga después de la partida de la United Fruit Company.

Todas las mansiones del Centro Histórico de Ciénaga se despoblaron, vino la decadencia, la gente se fue para Barranquilla, para Bogotá y el exterior, además de El Rodadero, el cual empezaba a tener auge y donde las principales familias cienagueras tenían propiedades.

Desde entonces, el municipio de Ciénaga, Magdalena, ha vivido la transición de una economía que se sustentó en el auge de las exportaciones de banano hacia otra con una base más diversificada, que aún no logra consolidarse.

La mayor caída en las exportaciones de banano de la Zona Bananera ocurrió entre 1965 y comienzos de la década de 1970, cuando se pasó de exportar US $91.9 millones de dólares en 1995 a solo $5.0 millones en 1971. Ello se reflejó en una contracción de la población de Ciénaga, la cual pasó de 113.143 habitantes en 1964 a 89.912 en 1973.

Todas las poblaciones de la Zona y Santa Marta sintieron el influjo dinamizador del boom en las exportaciones de banano. Sin embargo, debido a su ubicación a la entrada de la Zona Bananera, Ciénaga fue tal vez la población que reflejó mejor el auge económico, un tanto desordenado, que se vivió entre fines del XIX y 1929 en esta área de Colombia.

Ciénaga se convirtió en un importante centro comercial regional y el lugar de vivienda de muchos de los trabajadores, comerciantes y demás personas que directa o indirectamente vivían de la economía del banano. Por esa razón, entre 1870 y 1938 su población se incrementó a la elevada tasa de 2.8% promedio anual.

Comisariato de la Yunai en Ciénaga


El rápido crecimiento poblacional fue posible debido a la llegada de inmigrantes de Colombia y del resto del mundo. Por ejemplo, en esta época llegó un buen número de inmigrantes italianos de apellidos como Fuscaldo, Feoli, Votto, Russo, Gentile, Severino, D´Amato, Celia, Lombardi, Mazzili, Vestri, Decil y Moscarella.

Muchos de ellos se radicaron en forma permanente en Colombia. Algunos, luego de la caída del banano, se residenciaron en Barranquilla. También hubo un grupo de inmigrantes árabes (palestinos, sirios y libaneses), en su mayoría dedicados al comercio al por menor. Se pueden enumerar apellidos como Barake, Bendek, Hani, Cotán, Slait, Hasbun, Yacaman, Sileby, Jassir, Bichara, Iza, Nasser, Abudinen y Abdala. Antes del auge del banano habían llegado ya algunos judíos sefarditas que se arraigaron en Ciénaga como los Álvarez-Correa y los Henríquez.


En ruinas quedaron algunos comisariatos de la United, después de la crisis bananera .


En 1944, el escritor Álvaro Cepeda Samudio, quien estaba muy ligado a Ciénaga pues vivió allí entre 1932 y 1936, hacía sus primeras incursiones en el periodismo a los 18 años y escribió en un periódico estudiantil: “Ciénaga era la imagen económica de Colombia. Vivía de la Zona Bananera, su economía dependía totalmente de ella, como le acontece a Colombia con el café, faltó la exportación del banano y se derrumbó de un golpe su sistema económico.

Aunque hubo una ligera recuperación después de la guerra, en los años 1950 y comienzos de la década de 1960 las exportaciones de la Zona se estancaron. En 1960 la United Fruit Company cesó de producir banano en el departamento del Magdalena y solo lo exportaba cuando era comprado a sus asociados. Simultáneamente empezó operaciones en Urabá y en 1964 realizó sus primeras exportaciones desde esa área. En 1965, la United Fruit terminó todas sus operaciones en la Zona Bananera del Magdalena.

NO LO PODÍAN CREER

Guillermo Henríquez, cienaguero, señala que el pensamiento colectivo de los cienagueros de la época se nutrió de los rumoreos que afirmaban que, desde la masacre, Ciénaga había herido el ‘corazón’ de la Compañía bananera y a partir de ese momento los ‘gringos’ preferían ver a Ciénaga solo cuando pasaban.

“Santa Marta era como el centro administrativo; Prado, Sevilla, era el Centro laboral; Ciénaga, la vida social, de hecho, tenía más población. Hay unas estadísticas que mostraban que si Santa Marta tenía 15; Ciénaga tenía 30, inclusive llegó a tener cien mil habitantes, por tanto, Ciénaga se convirtió en la tercera ciudad del Caribe colombiano, porque concentraba mucho y era la ciudad sabrosa, en la que estaba el carnaval, esta fiesta era más importante aquí que en Barranquilla, tan así que algunas mujeres venían de Barranquilla buscando una fiesta más interesante”, expresa Henríquez.

Los cienagueros afirman que las familias que se mudaron de Ciénaga a Barranquilla, empezaron a explotar el comercio en la capital del Atlántico, fueron las que introdujeron lo mejor del Carnaval, el cual venía con tradiciones que había incluido la United.

“Después de la masacre, la United no quiso saber nada de Ciénaga, la castigó y no le hizo un hospital ni una clínica, se las hizo a Sevilla y a Santa Marta, pasaban los gringos de largo de Santa Marta a Sevilla y no entraban a Ciénaga hasta que en los carnavales de 1956 regresaron y se hizo costumbre que vinieran a los carnavales, pero a bailar. La gente siguió trabajando en la compañía y esta inventó una manera de eludir el pago de las prestaciones cambiando por el nombre de Compañía Frutera de Sevilla cuando se fue definitivamente en 1966, aunque el proceso comenzó en 1961. Los antioqueños anhelaban que la United se estableciera en Urabá, pero a ellos no les interesaba Urabá, porque era la selva y no tenía puerto, en cambio Santa Marta ya tenía un puerto con un ferrocarril y algunas fincas mecanizadas por una compañía francesa, pero al final, ganaron la pugna”, relató.

Fue precisamente en unos ‘majestuosos’ carnavales cuando los directivos de la Compañía les dieron a los cienagueros la noticia de que se iban para Urabá y por la fiesta, ellos pensaron que era ‘mamadera’ de gallo.

“Fui testigo de cómo Anacreonte González, quien estaba en un baile de carnaval con uno de los directivos, era el baile de carnaval de una prima en el año 1960, escuché cuando le decían nos vamos para Urabá y estaba también aquí Eduardo Zuleta Ángel, fue el cerebro antioqueño que planeó el traslado de la United para Turbo, era consuegro de Alberto lleras Camargo”, narra el escritor Henríquez.

Anacreonte González era un cienaguero que intentaba hacerle competencia a la United y se benefició de ella, trayendo una compañía sueca que le proporcionaba a la compañía los aviones y el riego. En tiempos de Carnaval traía reconocidos personajes de la vida pública nacional para que dieran los discursos de inicio de la fiesta.

“Lo cierto es que cuando Don Pepe Vives quiso crear el Banco Bananero llamó para estructurarlo a Eduardo Zuleta Ángel, luego Carlos Lleras cuando fue presidente acabó con el Banco, ahí fue la debacle porque el Banco Bananero, era importante”, indicó.

RAZONES PARA IRSE

Aunque se han expuesto en otros números de ‘Magdalena, enclave bananero’ las razones para la partida de la United, los cienagueros cuentan sus verdades sobre esta despedida que nunca creyeron que fuera definitiva, puesto que la compañía se había ido y había regresado más de una vez con diferentes nombres.

“La fruta como que había empezado a ser de mala calidad, porque los colonos cachacos desforestaron el terreno y había amagos de huelgas que no tuvieron gran trascendencia, pero empezaron a fastidiar y los antioqueños fueron muy perseverantes y mostraron más capacidad empresarial que nuestros grandes empresarios del Magdalena que no tenían visión futura”, relata Henríquez con nostalgia.

Está convencido de que el Magdalena y mucho menos Ciénaga han vuelto a tener una oportunidad como esa, según él, fue un golpe de suerte que llenó esta tierra de muchos beneficios.

“Hubo cosas interesantes que no aprovecharon nuestros empresarios, pero sí lo hicieron los barranquilleros, porque la bonanza bananera la aprovechó Barranquilla, ya que los samarios y cienagueros pudientes se fueron para allá a construir y a invertir el dinero, no sembraron aquí, les faltó esa visión, haber industrializado a Santa Marta y a Ciénaga”




“Se fueron a gastar el dinero en Bruselas y en París, a gastárselo en joyas y en ropa, porque eso sí se vestían con lo mejor, quién puede hoy irse a comprar un vestido en la Quinta Avenida de Nueva York, ellos podían hacerlo, comprar los zapatos más costosos, para ellos la ropa y los vestidos no tenía ningún problema; se gastaron el dinero en el exterior, en viajes y en los burdeles. Conozco algunos jóvenes que cerraban los lenocinios y no dejaban entrar a nadie, cerraban y pagaban toda la cuenta”.

Recuerda que su familia tenía un edificio de cuatro pisos en Bruselas y una mansión en Barcelona a donde llegaban todos los que iban de Ciénaga y Santa Marta. Mantiene el interrogante sobre el porqué su familia no compró esas propiedades, teniendo dinero para adquirirlas y responde, que a lo mejor los dominaba una absurda mentalidad de gitano.

LA CRISIS

En 1964, la crisis comenzó a ser insostenible, los hijos de los bananeros decidieron irse del país en su mayoría, Guillermo Henríquez suspendió sus estudios en Bogotá en la Universidad Nacional porque estudiaba sociología, por no pasar matemáticas en tercer semestre.

“Orlando Fals Borda le preguntó por qué yo tenía que irme de la facultad de sociología, porque no aprobaba matemáticas primero, ya iba para tercer semestre; esta área no me permitió que continuara, me sugirió que estudiara filosofía y letras, pero a mí nunca me ha gustado esta carrera, me gustaba el análisis social, pero la filosofía no. Regresé a ciénaga para ver si me matriculaba en la Javeriana, tampoco me cuadró, me puse a vender antigüedades aquí; se pusieron de moda las consolas, los muebles y todas esas cosas que había traído la United, unos ricos querían recuperar todo eso y fue el primer anticuario de Ciénaga. En Santa Marta me fue muy mal, porque la señora con la que hice sociedad, me timó y tuve que rehacer el capital”.

Con el banano devaluado, la finca sin mucha producción, Guillermo tomó la decisión de vender algunas propiedades como algunos cuadros de Obregón y de Manzur e irse para Europa, por su abuelo bananero, tenía pasajes para viajar gratis en los barcos del Consorcio Bananero, pero en el momento del viaje ya no era válido.

“Mi abuelo materno era exportador de banano en el Consorcio Bananero, pero después que se fue la United quedaron dos compañías, la Federación de Bananeros manejado por Don Pepe Vives y El Consorcio Bananero de los Dávila me ofrecieron que me regalaban el pasaje y demoré en irme y perdí el beneficio, el consorcio decayó y en el 69 cuando pude viajar el Consorcio la Federación estaban en crisis económica”.

APARECE EL PEQUEÑO COMERCIO

Con la violencia bipartidista y la crisis del negocio bananero vieron los santandereanos y paisas en Ciénaga, un nicho de mercado e iniciaron en ‘la salitrosa’ un tipo de comercio más pequeño y popular.

“Los santandereanos y paisas llegaron y poblaron la Sierra Nevada tanto en Ciénaga como en Santa Marta, también hubo samarios importantes que tenían unas plantaciones maravillosas en Minca y fueron perseguidos por Carlos Lleras; algunos exportaban un buen café y todo se vino al traste con medidas dictadas por Carlos Lleras Restrepo, lo mismo que hizo aquí, echó a los colonos de las fincas diciéndoles que necesitaban una reforma agraria y cómo es que van hacer una reforma agraria en una finca de 100 hectáreas o de 50, la finca más grande de mil hectáreas la tenía la UFC, los de Mier y los Dávila. Carlos Lleras hizo una reforma agraria en fincas de 100 hectáreas, algo absurdo e igual de dañino que acabar con el Banco Bananero”.

El escritor Henríquez calificó el cierre del Banco Bananero como una venganza del presidente Carlos Lleras a quien, en Ciénaga, en plena campaña, lo levantaron a piedras, por lo que tenía motivos para no favorecer al Magdalena con incentivos para rescatar el banano y en cambio, apoyar a los paisas.

QUEDARON COSAS POSITIVAS

En sus constantes remembranzas sobre la vida de Ciénaga durante la bonanza bananera, Henríquez resalta más cosas positivas que negativas. Entre las buenas está la inspiración literaria y poética, los adelantos tecnológicos.

“Por ejemplo, la energía solar, que vi instalada en Prado, Sevilla, hay unas casas que tienen las plantas solares, esa era una tecnología en los años 30, muy avanzada para la época, y nadie se dio cuenta del avance. Esa novedad influyó en el gusto popular del cienaguero y del samario de gustarle la champaña, la United introdujo el Halloween, hay mucho de la influencia de la United Fruit Company en la vida del norte del Magdalena”, comenta.

Tan importante es ese legado, que los historiadores del centro del país están llegando a Ciénaga a comprar las mesas, vajillas, espejos, instrumentos que trajo la compañía y las familias que tienen esos recuerdos han podido vender algunos.

“La Compañía influyó mucho en que hubiese teléfono en Santa Marta, hizo carreteras estupendas para la época en la Zona Bananera, distrito de riego y adelantos tecnológicos como el riego en avión que la introdujo el cienaguero Anacreonte González, cosas que hoy no se dan en esta parte del país”.

DESDE EL PUNTO DE VISTA ECONÓMICO

La contracción de la economía bananera en el Magdalena a partir del retiro de la United Fruit Company, en 1965, se dio con intervalos de recuperación y posterior caída. Sin embargo, la tendencia de largo plazo fue a la contracción. Esos altibajos se reflejaron en la evolución de Ciénaga, la cual siguió dependiendo de los encadenamientos de las exportaciones bananeras hasta fecha muy reciente.

La mayor caída en las exportaciones de banano de la Zona ocurrió entre 1965 y comienzos de la década de 1970, cuando se pasó de exportar US $91.9 millones de dólares de 1995 a solo $5.0 millones en 1971. Ello se reflejó en una contracción de la población de Ciénaga, la cual pasó de 113.143 habitantes en 1964 a 89.912 en 1973.

En la década de 1970 hubo una ligera recuperación en las exportaciones de la Zona Bananera del Magdalena. Sin embargo, fue en los ochenta cuando ese crecimiento se aceleró, incluso superando ampliamente el crecimiento de las exportaciones de banano en Urabá. La razón, que en esa última región se presentó en la década de 1980 un gran deterioro de las condiciones de orden público que llevó a los productores a buscar nuevas áreas para cultivar.

Tal vez esa recuperación es lo que explica el crecimiento de la población cienaguera de 2.4 % promedio anual entre 1973 y 1985. Finalmente, a partir de 1996 se inició un nuevo periodo de reducción de las exportaciones de banano de la Zona, que en el 2003 tuvieron un nivel en términos reales similar al de 1965.

El fin de la era del banano en Ciénaga quedó plasmado en 1999 con la creación del municipio Zona Bananera, que le hizo perder casi todos los corregimientos donde se produce esa fruta.










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