martes, 21 de febrero de 2017

LOS CARNAVALES DE FUNDACIÓN

De ellos solo queda la nostalgia

Memo Rodríguez
Año 1950
Frente al Teatro Variedades


Por Emerito Sierra

En Fundación solo los adultos conservan el recuerdo de lo que fue el carnaval en el pasado. Los bailes en el Salón Paraíso, en el El Variedades, o en las Casetas: La Superbomba, La Manigua, el Toro Negro, El Carito, La Froteriza,  La Vallenata, El Mondongazo, Los Morrocollos, Los Guayabales etc.

Se reencontraban los amigos venidos de veredas, haciendas y pueblos. Los hombres carnavaleban en medio de una desbordnate efusividad, desparpajo y desenfreno,  quien gracias al licor con un buen “Polvo Carnavalero”  terminaba, y no faltaba el que en el anden dormía.


La mujer en cambio permanecía en su casa, orientando las cosas del hogar, aunque no faltaba la que daba rienda suelta a su libertinaje, ocultada en el disfraz que le permitía tantas emancipaciones, lo que luego le provocaba una gran pipa de nueve meses.

Al que se le mojaba la canoa, aprovechaba la ocasión y disfrazado de mujer seducía al de su sueños, que en medio del alcohol y la maizena terminaba conquistado.

En el Mondongazo nos recibían con una gran totuma, donde a media noche servían sopa en abundancia, con ello la embriaguez desaparecía y la rumba continuaba. También fue tradición concluir estas fiestas en La Pioner de Aracataca, los martes de Carnaval, donde al final la ropa terminaba hecha mil pedazos y el rostro impregnado de azulin.

Los ricos en los Clubes se divertían al son bandas, orquestas y conjuntos. Entre tanto el pueblo se disfrazaba o se tintaba de negro, quienes al ritmo del mapalé salían a las calles para hacer su agosto. No faltaba el hombre sin cabezas, el Indio y el gorila, como tampoco la Gigantona, los enatitos y mucho menos el muerto cargando al vivo.

En esos carnavales se disfrazaban Los Cabana, Los Cantillo, Los Sánchez, Los Sierra, Los Sarmiento, Los Pérez, Los Eguis, Los López, Los Escalona, Los Ruiz y toda esa recua de Italianos como los Scopetta, Pasella, Lombardi, Viggiano, Pezzano, Calvano y Los Filomena.

Muchos otros que de pueblos lejanos venían a pasar los Carnavales a la bella Fundación, donde algunos se fueron quedando como los Abello, Carmona, Andrade, Gamarra, Martínez, Fernández, Gutierrez, Acosta, Ovallos, Guerra, Robayos y algunos Rumanos. Igualmente extranjeros árabes como los George Amashta, Lara, Katime, Abuabara… 


Nicolás Abuabara y Faride Mazziri
CLUB FUNDACIÓN
Comparsa Brasilera 1969

El atractivo del Ferrocarril permitió una gran mezcla entre descendientes africanos, mestizos y extranjeros, dando como resultado esa mujer morena con mata de pelo negro que adornaban sus grandes caderas.

Los personajes de la época servían de oradores tanto de los reinados del “Centro”, como los de barrios. El comercio cerraba sus puertas todos esos días generándose un ambiente verdaderamente festivo.

El miércoles de ceniza a pesar de que iniciaba la cuaresma seguía la diversión, era tradición echarse agua entre vecinos y no se escapaba ni el que iba a Misa a ponerse la ceniza, luego era el momento de ir al río para desestresar todo el desenfreno, la culpa y el guayabo.

En fin eran seis o más días de rumba extrema en donde el que lo vivía lo gozaba y quien lo gozaba sabía que con Joselito moría el carnaval y con el carnaval muchas cosas que en el fondo sólo dormían hasta el año siguiente. Las personas, independientemente de su condición social, racial o económica se ponían un atuendo distinto, una máscara pintoresca, un traje llamativo o una empolvada con maizena, y dejaban salir algo de sí que llevaban escondido dentro que el resto del año se mantenía oculto, pero que en carnavales afloraba sin tener que enfrentar ningún tipo de censura ni de restricciones, dejando en libertad a sus demonios, a sus comportamientos oscuros y censurables, al otro yo, hermano gemelo malo, para que en unos días de derroche, delirio y locura se despacharan con la venia social, antes de volver a guardarse en el interior de la mente, del corazón y de las tripas. Los carnavales se convertían en una oportunidad para el desahogo, en una catarsis colectiva necesaria para aliviar un poco las tinieblas represadas, una oportunidad de alzarse la bata sin pudor. 

Todo esto sucedía generalmente en un sano esparcimiento, en donde la violencia y la discordia no tenían cabida a pesar de que la maizena muchas veces irritaba los ojos, el azulín manchaba la ropa, o la ripiada de la misma el martes de carnaval, e incluso la mojada del que iba a misa el miércoles de ceniza.


Año 1955
Pero las cosas han cambiado, los Clubes han desaparecido, los salones y las Casetas también, no queda nada de aquellos bellos momentos de intercambio cultural, de excitación sin límites, permisividad y descontrol. Ya no hay silbidos, ni cantos, ni letanías, la era digital reemplazó aquel artista pobre que con su disfraz se rebuscaba. Hoy estas fiestas son un desorden sin control, en donde las motos con sus ruidos protagonistas se volvieron.

Solo queda observar por televisión la transmisión del carnaval Barranquillero, que por haberse comercializado logró conservarse, aunque solo para quien tiene medios para ello, o el caimán cienaguero que gracias a esconderse en las aguas turbias de la ensenada  ha logrado salvarse por el momento.

Indudablemente los carnavales de los 50 y hasta principio de los 80, fueron sin duda alguna los mejores años de un carnaval totalmente participativo, una fiesta que se vivía las 24 horas del día, las mañanas, las tardes y las noches se gozaban con mucha intensidad, donde había tiempo para todo incluso para rezar, puesto que los martes se celebraba el funeral de Joselito, donde no faltaba la rezandera, como tampoco los dolientes que sin contener sus gritos por las calles lo expresaban sin pudor alguno, en algunos casos llevaba Cura, pero las que no faltaban eran sus alegres viudas, que una a una un día de carnavales se gozó, con el que al final tanto desafuero no soportó, pero oh sorpresa en medio del cortejo cuando el muerto despertó, para alegría de unos y espanto de los demás.

Desde hace unos 4 años, se viene realizando en nuestra ciudad un poco de esa fiesta y se han organizado sendos desfiles de disfraces uno de niños y otro de adultos, a los que han llamado La Gran Parada, tal y como se le denomina en Barranquilla. Apoyamos estas iniciativas culturales y folkloricas que ayuden a rescatar nuestra identidad cultural, ojalá sin los desafueros del pasado. Que vuelvan también las verbenas, las casetas y los espectáculos.


SONIA NOGUERA MONSALVO
Reina Central de los carnavales de Fundación

La representación: satélite llegando a la luna.
La carroza recorrió las calles en fundación.
En la foto representando a Fundación en el carnaval de Santa Marta


DOÑA OLGA LARA Y J.J. MORALES

La reina Marjoria De Martino, con su comitiva iba de casa en casa
 Foto: con el recordado Francisco Sierra.




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