domingo, 25 de mayo de 2014

TRAGEDIA EN FUNDACIÓN: ÁNGELES QUEMADOS




Monumento a los Angelitos
En el lugar del siniestro



La mayor tragedia de Fundación se vivió en esta ciudad el 18 de mayo de 2014, cuando una buseta de servicio publico se incendió en una sus calles. El incidente cobró la vida de 34 personas que murieron calcinadas (33 niños y un adulto), además de 15 heridos. Los pasajeros eran niños entre los 2 y 13 años, que regresaban de un culto religioso de un templo pentecostal del Barrio Altamira, ubicado en la calle 22 número 8-33 de esta población. El accidente ocurrió a solo dos cuadras de este templo y a escasos 100 metros del Estadio de Futbol "Rafael Castañeda".

Templo Pentecostal, 
de donde salieron los Niños de la tragedia
Estos infantes inauditamente se encontraban sin la compañía de sus padres y permanecían bajo el cuidado de solo un par de líderes de esta organización religiosa, que los domingos solía contratar este tipo de busetas con capacidad de menos de 30 pasajeros, pero donde eran transportados más de 60 menores. La tragedia pudo ser mayor, en cuanto en su recorrido ya habían descendido del medio de transporte otros treinta pequeños.



Este lamentable suceso que enluta a la ciudad es una de las peores tragedias viales en Colombia, superando la Tragedia en Granada, y la Tragedia en la Avenida Suba de 2004, donde también se encontraban menores de edad entre las víctimas. Coicidencialmente en esta ultima tragedia se habían conmemorado 10 años días antes del suceso.


Hechos



La buseta de servicio particular, de placas UVS - 556 de Barranquilla, cuando se encontraba repartiendo a los menores al lugar de sus viviendas, su motor se apagó repentinamente, el conductor intentó prenderlo mojando con gasolina el carburador que se encontraba dentro de la cabina. El autobús funcionaba a gas pero contaba con gasolina de apoyo, permitiéndole circular de modo alternativo con ambos tipos de combustible

Unos de los recipientes que contenía la gasolina le fue dada a uno de los menores para que la sostuviera y este dejó derramar algo del combustible dentro del vehículo, mientras que detras de la silla del conductor habian más recipientes con gasolina. La buseta era encendida directamente mediante el contacto de cables por carecer de suiche, por ello cuando el conductor intenta darle arranque al vehículo se originó una chispa que hizo contacto con el combustible que produjo una explosión de llamas ardientes que envolvió al automotor en segundos. La fuerte detonación se escuchó a varias cuadras a la redonda.

Los niños más grandes lograron saltar y salir del automotor en llamas, quedando con algunas quemaduras. mientras que los más pequeños daban gritos desesperados de auxilio. Los moradores del sector impotentes vieron cómo el medio de transporte se consumía con los pequeños dentro.

Rosiris Hernández, la mujer que acompañaba al grupo de pequeños en el traslado a sus hogares, pudo sacar varios de ellos, junto con un mototaxista que fue la primera persona en llegar al lugar del siniestro.

Esta mujer con quemaduras de segundo grado,  fue conducida al hospital San Rafael de la localidad y de allí remitida al Fernando Troconis, de Santa Marta y luego a Barranquilla donde varios meses después falleció.

En medio de las llamas una desesperada madre, residente en el sector, se subió a la buseta para rescatar a su hija, pero su esfuerzo fue infructuoso, otro padre pretendió hacer lo mismo.

La obsoleta máquina de bomberos de la ciudad se hizo presente, pero ya no había nada que hacer. Una vez alertados del vehículo en llamas, los bomberos llegaron al lugar para tratar de sofocar el fuego. En su interior se observaban los cuerpos carbonizados de los niños. 

Por la posición como estos quedaron, los organismos de socorro concluyen que los niños buscaron la forma de salir, pues quedaron unos encima de otros.

Las escenas fueron horrorosas espeluznantes y dramáticas. 

El levantamiento de los cadáveres fue realizado en el sitio del accidente por el CTI de la Fiscalía, la Policía de Tránsito del Magdalena y la Policía Metropolitana de Santa Marta.

En bolsas fueron colocados los cuerpos de los menores, que en la noche de ese día fueron trasladados a Medicina Legal de Barranquilla para su identificación.

Tres días de duelo decretó a alcaldesa de Fundación, Luz Estela Durán Manjarrés,  quien lamentó los hechos y pidió a los magdalenenses solidarizarse con los familiares de las víctimas, de quienes afirmó “son de escasos recursos”. También decretó la ley seca, ello con el fin de evitar alteraciones del orden público, ya que la comunidad estaba disgustada por la imprudencia del conductor y por la irresponsabilidad de los líderes religiosos.

El vehículo no contaba con las normas de seguridad exigidas por la ley, carecía de extintores y no contaba con salida de emergencia. Además, al momento del suceso las puertas estaban bloqueadas.

El chofer logró salir a tiempo del carro y desapareció a los pocos minutos de la escena.

El hombre fue buscado en clínicas y hospitales pero no se sabía nada sobre su paradero, luego fue detenido por la Policía y permaneció bajo custodia para que no fuera linchado.

Responsables



Todos estos lamentables hechos se debieron a la imprudencia de los que participaron. Primero los padres al permitir que sus hijos a tan corta edad salieran de sus casas sin los debidos cuidados y sin su compañía; luego a los directivos de la organización religiosa que por costumbre los fines de semana acudían de casa en casa en ese sector a buscar a estos infantes sin garantizar las mínimas medidas de seguridad y transportándolos en medios que no cumplían con las normas legales; también las autoridades de tránsito por no controlar este tipo de vehículos en sus calles; así como el dueño del automotor y su conductor.

La Fiscalía General de la Nación responsabilizó de manera directa a Jaime Gutiérrez Ospino, conductor del bus, y a Manuel Salvador Ibarra Plaza, integrante de la organización evangélica pentecostal y quien contrató la buseta de este fatal viaje y el dueño del autobús, Alfredo Esqueda Chávez.

Según las investigaciones que se realizaron, las personas implicadas en el accidente tenían conocimiento sobre el estado del bus. Llevaban sobrecupo de pasajeros y además, el vehículo carecía de el Seguro Obligatorio de Accidentes de Tránsito (SOAT), de la revisión técnico mecánica, ni de permiso de operación por lo que se encontraba «funcionando de manera clandestina». El conductor tampoco poseía licencia de tránsito o pase para conducir vehículos.

La Fiscalía les impugnó el delito de homicidio culposo agravado.

Finalmente, un juez culpó a Jaime Gutiérrez Ospino y Manuel Ibarra de «homicidio simple con dolo eventual en concurso homogéneo», por el cual fueron trasladados a la cárcel Modelo de Barranquilla, lugar donde se encuentran recluidos.

Desde un principio, la Fiscalía aprobó que se enfrentasen a la pena máxima contemplada en la ley vigente en el país, que se sitúa en 60 años de cárcel. El conductor, que se dio a la fuga tras el siniestro, no tenía permiso de conducir y el vehículo llevaba más de dos años sin pasar revisión técnica.

Por su parte, Ibarra fue detenido por la Policía después de que la Fiscalía General de la Nación emitiese una orden de captura en su contra. El dueño del autobús, Alfredo Esqueda, a quién la Fiscalía investigó por el homicidio grave, fue absuelto el 25 de noviembre de 2014. En abril de 2015, el Tribunal Superior de Santa Marta revocó la libertad del dueño del autobús declarando nula la sentencia anterior que le dejaba en libertad.

Las investigaciones sobre este desafortunado accidente la justicia lleva dos procesos penales, en los Juzgados Primero y Segundo Penal del Circuito de Conocimiento de Ciénaga. En el Juzgado Primero Penal del Circuito que preside el juez Rafael Manjarrés Bustos, se encuentra el expediente en contra del abogado y pastor evangélico Manuel Salvador Ibarra y el conductor Jaime Gutiérrez Ospino, detenidos en la cárcel Modelo de Barranquilla.

Mientras, que en el Juzgado Segundo está el proceso que se sigue contra Alfredo Esquea Chávez, dueño del bus que se incendió.

El pasado 21 de octubre el Juez Primero Penal del Circuito de conocimiento de Ciénaga, condenó en audiencia de individualización de pena y sentencia, a 10 años y seis meses de cárcel a Manuel Ibarra, que organizó las actividades con los niños y contrató el servicio de transporte. Él también perdió a su única hija en el accidente.

En esa misma sentencia también se impuso una pena de 10 años y nueve meses a Jaime Gutiérrez, conductor del bus el día de los hechos, por el delito de homicidio culposo agravado.

Las penas se impusieron con base en el preacuerdo firmado entre la Fiscalía y los acusados. Los representantes de víctimas y el Ministerio Público apelaron la decisión, al igual que los abogados Carlos Mauricio Ramírez Gaitán y Diego Fernando Duque Zuluaga, defensores de los procesados, quienes buscan una pena más benigna, incluso con detención domiciliaria.

El recurso de apelación a estas sentencias ahora es de conocimiento de los magistrados de la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Marta, quienes aún no se han pronunciado, por lo que las condenas no se encuentran confirmadas.

En cuanto a Alfredo Esquea, quien en una oportunidad fue retenido en Venezuela, a donde había escapado y, que luego fue dejado en libertad y ahora es prófugo de la justicia, es asistido por el abogado penalista José Jácome Salebe.

Contra de Esquea culminó la audiencia preparatoria y para el 20 de junio del 2017, está prevista la audiencia de juicio oral.

En esta diligencia la Fiscalía a cargo de Ronald Calderón, hará presentación de sus testigos en contra de Alfredo Esquea.

Supervivientes



La gran mayoría de los supervivientes fueron niños; algunos se bajaron minutos antes de la tragedia, otros saltaron por la ventana para escapar del fuego. Asimismo, vecinos y personas aledañas al lugar de los hechos también lograron rescatar a varios niños. Según algunos datos periodísticos, se cree que sobrevivieron cerca de 24 personas, entre niños y adultos; varios de los niños estaban en estado crítico, con quemaduras en el cuerpo y otro tipo de lesiones de gravedad.

Varios sobrevivientes comentaron que la gran mayoría de niños gritaban dentro del bus, algunos se abrazaron mientras eran consumidos por las llamas.

Un mecánico y otras personas que se encontraban cerca del lugar intentaron desesperadamente salvar la vida de una niña, pero no fue posible:

«Quisimos sacar a una niñita que sacó los brazos por la ventanilla, pero la piel se le escurría [...] No podíamos hacer nada más que agarrarnos la cabeza y mirar cómo se quemaban esos niños».
Otra niña, que pudo salvarse y que alcanzó ver a sus compañeros dentro del bus, relató que la tragedia sucedió de forma inesperada:
«El chófer se bajó del bus para echar gasolina, de un momento a otro el bus comenzó a echar chispas, en ese momento el chófer salió corriendo a buscar agua y después se fue [...] duraron más de 10 minutos revoloteando dentro del bus. Yo los veía por la ventanilla».

Víctimas

  • Yireth Paola Molano Manjarrez - 7 años
  • Yerinson Rafael Terraza Quintero - 6 años
  • Yelena Patricia Otero Hernández - 13 años
  • Thailyn Michel Hernández Castro - 9 años
  • Sherrelis Dayana Terraza Quintero - 4 años
  • Selena Patricia Urbina Díaz - 5 años
  • Michel Quintero Cantillo - 8 años
  • Mauricio José Valle Rodríguez - 4 años
  • Marina Yireth Toncel de la Hoz - 5 años
  • Manuel Johan Hernández Castro - 5 años
  • Luz Nais de la Cruz Fontalvo - 12 años
  • Luisa Fernanda Tapias García - 7 años
  • Lucelia Ibarra Ortíz - 7 años
  • Lucas José Rocha Torregoza - 5 años
  • Keisi Yohana Martínez Escobar - 2 años
  • Kenner Enrique Fernández Fontalvo - 7 años
  • Kendry Janeth Bonett Meza - 8 años
  • Keiver Erazo Durango - 8 años
  • Keilin Clareth Bonett Meza - 5 años
  • Juan Diego Martínez Escobar - 4 años
  • Jonny Fred Barón Rúa - 5 años
  • Jesús Manuel Bolaños Solís - 8 años
  • Eilin Fernanda García - 6 años
  • Dianis Lorena Tapias - 9 años
  • Desireth Johana de la Hoz Monsalve - 10 años
  • Danna Paola Daza Sierra - 11 años
  • Claudia Melisa Meza Molina - 8 años
  • Charit Durley Barrios Rodas - 7 años
  • Breiner José Rocha Torregroza - 8 años
  • Bladimir José Otero Movilla - 4 años
  • Belkis Jhoana Paut Gómez - 10 años (Venezolana)
  • Antonio Pabón Meza - 7 años
  • Andrea Carolina Quintero Cantillo - 6 años
  • Rosiris Hernández Ávila - 42 años (última víctima)

Reacciones




Personalidades religiosas, políticas y deportivas, entre otras, reaccionaron después de la tragedia ocurrida en Fundación (Magdalena). El papa Francisco envió varios mensajes de condolencia a todos los familiares de los niños y lamentó lo ocurrido: «prometió oraciones por el eterno descanso de los fallecidos».

El presidente Juan Manuel Santos viajó hasta el lugar de los hechos para inspeccionar el lugar y apoyar a todos los familiares de las víctimas. A su vez, el mandatario decretó tres días de «duelo nacional», al tratarse de un grave accidente.


Ver también: Papa Francisco lamenta la tragedia de Fundación

Caso Jorge Alejandro Pérez


Después de los sucedido, Jorge Alejandro Pérez, un estudiante de derecho de la Universidad Cooperativa de Ibagué se burló reiteradamante de la tragedia, causando el repudio en la universidad y en toda Colombia.  El estudiante comentó en su cuenta de Twitter y de inmediato, las redes sociales, la prensa y otros medios de comunicación se enteraron de la noticia. Poco después, el joven llegó a la universidad, pero fue perseguido por una gran multitud de estudiantes que intentaron agredirlo físicamente, pero el Escuadrón Móvil Antidisturbios (ESMAD) protegió la vida del estudiante.

«Los 32 niños que fueron a darle de comer al calidoso y a terminar de quemarse en el infierno (...) Tan cara que está la gasolina y desperdiciarla en 32 costeños ? tienen huevo (...) Solo para esto sirven los costeños (...) Bueno, menos costeños que alimentar».
Las autoridades investigaron el caso y acusaron al estudiante de «hostigamiento por motivo de raza u origen nacional, étnico y cultural». Varios jóvenes de toda Colombia realizaron marchas en contra de los comentarios discriminatorios de Jorge Alejandro Pérez y le exigieron que se disculpara públicamente, ante la petición de estos jóvenes y una posible pena de 1 a 2 años, el estudiante finalmente se disculpó:
«Yo, Alejandro, soy un joven estudiante que quiere presentarle excusas al país por los comentarios que hice en Twitter sobre la tragedia de los niños de Fundación. Reconozco que cometí una falta y ofendí a toda Colombia con mensajes que escribí a la ligera y sin ningún tipo de reflexión. Desde lo más profundo de mi corazón, reflexiono y me arrepiento de haber publicado estos contenidos que lastimaron a las familias de las víctimas y a la región Caribe. También, presento excusas a mi familia, a mi universidad y a mis amigos por haber generado tanta indignación con mi ligereza en las redes sociales. Siento mucho dolor por el daño causado y he aprendido la lección de no escribir sin medir el alcance de cada línea, de cada palabra. He decidido dar la cara porque como todo ser humano fallé y quiero, en la medida de lo posible, corregir».

Sepelio


Exactamente, 28 cuerpos de los niños fueron enterrados en Fundación, Magdalena, en el entonces recién inaugurado Parque Cementerio Ángeles de Luz, el miércoles 28 de mayo de 2014. El resto de cuerpos fueron sepultados en Barranquilla y Santa Marta, y la niña Belkis Jhoana Paut Gómez fue sepultada en Venezuela. Fue un sepelio colectivo y contó con la asistencia de 90.000 personas, además del presidente Juan Manuel Santos, varios Obispos entre ellos el Arzobispo de Barranquilla y el Obispo de Santa Marta, así como las autoridades departamentales y locales.

Otra de las víctimas Rosiris Hernández Ávila, una de las personas que había sobrevivido a la tragedia de Fundación, falleció la tarde de un viernes 9 de agosto en la clínica Reina Catalina, centro asistencial en el que se encontraba internada desde el los días del accidente.

Geraldine Otero Hernández, hija de Rosiris, confirmó que el fallecimiento de su mamá ocurrió a las 4:30 de la tarde como consecuencia de un paro respiratorio.

Rosiris Hernández, de 42 años de edad, permanecía en el pabellón de quemados de la institución debido a las laceraciones de segundo y tercer grado que sufrió el 18 de mayo cuando se incendió la buseta en que viajaba junto con los menores.

Tenía heridas en manos y rostro en el intento por salvar a los niños que iban con ella en la buseta. Sus vías respiratorias también habían quedado estropeadas por el incidente, por lo que tuvo que ser sometida a varias intervenciones quirúrgicas, entre estas una traqueotomía.

Rosiris ayudó a salir a muchos pequeños, incluso a su hija Yelena, que luego murió en un centro asistencial.

Ver también: Los culpables de la tragedia, sin pelos en la lengua

Demandada la nación


Los padres de los 33 niños muertos tras el incendio del bus, interpusieron ante el Tribunal Administrativo de Cundinamarca una demanda contra la Nación.

En la acción judicial manifestaron que existió una falla de control del bus escolar que transportaba a los menores de edad por parte de las autoridades municipales y departamentales, así como el Ministerio de Transporte.

En la demanda se pide una indemnización por los daños y perjuicios morales y materiales causados por lo que consideran una omisión de las autoridades que permitieron la movilización de un bus con evidentes fallas técnicas y mecánicas.

Esto puso en riesgo la integridad de todos sus ocupantes. En la acción se indica que hay pruebas suficientes para establecer que el bus era inservible. Fue comprado por una empresa en Barranquilla y fue convertido como un vehículo de servicio público.

Los familiares de las víctimas aseguran que hay una responsabilidad administrativa y patrimonial del Estado hecho por los perjuicios morales permanentes que sufrieron tras la pérdida de sus seres queridos en una tragedia causada por la omisión.

No se aprendió la lección


Las autoridades no aprendieron de esta tragedia, Fundación pese a las promesas sigue sin contar con un carro tanque de bomberos que pueda prevenir sucesos como los vividos.

El vehículo del cuerpo de bomberos en estos momentos se encuentra sin uso, por sus pésimas condiciones mecánicas y físicas que presenta, mientras tanto los fundanenses siguen esperando con la paciencia de Job que le cumplan al menos esta promesa.

Ver también: Monumentos en honor de los Angelitos


Vídeos sobre la tragedia: 

Septimo día

Imágenes fuertes de la tragedia

Imagenes dolorosas y dantescas: solo para mayores

Levantamiento de los cadáveres

Tragedia de Fundación

Despedida de los Angelitos

ANGELES QUEMADOS




Por: Juan Carlos Rueda Gómez 
Especial para EL HERALDO

La tragedia ocurrida el 18 de mayo de 2014 en Fundación, es comparable con la que ocurrió en Ovejas, Sucre, en 1950, cuando una ‘chiva’ que había salido de Sincelejo un domingo, precisamente un domingo cruel, atiborrada de mercancías y pasajeros, se volcó e incendió en las goteras del pueblo gaitero dejando cincuenta cadáveres incinerados e irreconocibles.

El origen de ambos sucesos fue la irresponsabilidad de un conductor y del mal estado de ambos automotores. Tal como ocurrió en la trocha que transitó entre Sincelejo y Ovejas aquel viejo bus con carrocería de madera y latas, hace sesenta y cuatro años, el vehículo escolar que ilegalmente transitó durante tres años por las calles de Fundación también transportaba gasolina en canecas que el conductor, según narran quienes lo conocen, vendía para mejorar sus ingresos o ‘rebuscarse’, como se dice coloquialmente. Unos dicen que seis, otros que ocho canecas, iban ocultas debajo de los asientos en que viajaban apiñados los niños.

Yelissa Fernández y Laura Vanesa De la Cruz, de nueve y ocho años, respectivamente, primas entre sí, que lograron milagrosamente salir ilesas, coinciden en que eran solo dos: una que estaban vaciando en el carro el chofer y un niño, para desvararlo, y otra de repuesto que llevaba debajo de un asiento y se supone que fue la causante de mayores daños cuando el fuego inicial se extendió por toda la cabina, causando el pánico que llevó a sus ocupantes a atorarse en las pocas vías de escape disponibles.

Pero no es la única coincidencia entre estos lamentables hechos ocurridos con más de seis décadas de diferencia. La ‘chiva’ que Ernesto McCausland bautizó como ‘La Mariapalito’ en la película Siniestro, basada en el, irónicamente alegre, merengue vallenato de Carlos Araque, se varó dos veces antes de llegar a la curva donde finalmente derrapó en el barro formado en la trocha a causa de la lluvia y fue a parar a una profunda cuneta donde se incendió.

El bus escolar, de propiedad de Alfredo Esquea y manejado por Jaime Gutiérrez, quien no tiene licencia de conducción, tuvo su primera avería a las nueve de la mañana, a escasos cien metros de su cruento destino final, cuando llevaba a los niños hacia la iglesia.

Allí lo vio Carmen Sofía Herrera, una mujer de cuarenta y tres años que pasaba por el lugar rumbo al cercano municipio de El Retén, a visitar a uno de sus cinco hijos. “Me llamó la atención la cantidad de niños que iban ahí. Tal vez por el calor, se asomaban hasta seis caritas por cada ventanilla, pero noté que la puerta de la buseta estaba cerrada y el chofer tenía el motor destapado como tratando de arreglarlo.

La verdad es que en ese momento no pensé nada malo pero caí en cuenta de eso cuando supe lo del incendio y la muerte de esas criaturas. Hablando con una amiga, me contó que después de que lo vi yo, el bus llevó los niños a la iglesia y salió a repartir otros al barrio Juan XXIII y allí se varó otra vez”, narra afectada por la pena que agobia a sus vecinos.

Carmen Sofía se ofrece gentilmente para acompañarme por las calles de tierra y lodo del barrio de invasión Cordobita, donde reside la mayoría de familias afectadas por la tragedia.

Acabamos de ver frente al lugar donde ocurrió el accidente a un grupo de personas que aprovechan la situación para lucrarse atravesando la cinta amarilla que usó la Policía el día anterior y detener los numerosos vehículos que pasan por el lugar para pedirles “una colaboración para las familias de los niños quemados”. Reciben miradas de reprobación de algunos de los presentes pero siguen pidiendo dinero sin inmutarse.

Los cuerpos de los niños preparados para la identificación
Luego de caminar varias cuadras bajo el sol calcinante que ha llevado a muchos a llamar al pueblo “Fundición”, pasamos por la casa del dueño del bus, Alfredo Esquea, que está custodiada por la Policía, para evitar que los dolientes se tomen la justicia por sus manos. Aquí surge otro hecho paradójico y paralelo con el Siniestro de Ovejas: el señor Esquea, dueño de la trágica buseta, es administrador de la funeraria San Pablo,… y el dueño y chofer de la ‘chiva’ que se accidentó en 1950 también vendía ataúdes por encargo, que compraba en Sincelejo y llevaba a su pueblo porque allí no había funeraria.

Seguimos recorriendo las calles destapadas y llegamos a una pequeña vivienda donde todos sus habitantes nadan en dos aguas, una dulce y otra salada, en una especie de ecosistema emocional mixto que les lleva a llorar a ratos y a sonreír, aunque sea levemente, en otros.


Mientras Beatriz De la Cruz, la octogenaria abuela que no puede caminar por una operación reciente, llora desconsolada por la muerte de un bisnieto y la desaparición de otro, Yelissa y Laura Vanessa, dos de sus nietas, cuentan cómo lograron romper a patadas y puños una ventana de la buseta, que no era de vidrio de seguridad sino de fibra de vidrio, luego de que el chofer, Jaime Gutiérrez, los dejara allí encerrados tras echarle seguro a la única puerta.



Las imágenes de los niños

“Yo le metí tres patadas a una ventanilla y mi hermana me ayudó con los puños. Yo salí primero y ella se tiró detrás”, cuenta Yelissa, mientras Laura acota que la fue a buscar a la parte delantera, donde ya las llamas estaban creciendo.

Ellas se sienten un poco alegres por haberse salvado, pero esa alegría efímera desaparece al recordar que trataron de ayudar a varios niños pero algunos de ellos prefirieron refugiarse abrazándose y ocultándose detrás de los asientos traseros con la vana esperanza de protegerse de las llamas, que se extendieron por todo el vehículo al derretirse la garrafa de plástico llena de gasolina. Inexplicablemente no hubo una gran explosión, algo que suele ocurrir en casos similares.

Al continuar el recorrido encontramos pruebas de que a veces el dolor despierta más la solidaridad que la misma alegría. Un grupo numeroso de estudiantes del colegio de la Sagrada Familia llega al barrio para hacer un inventario de necesidades urgentes con el fin de empezar una recolecta de ropa, utensilios y alimentos para llevar a estos hogares castigados por el infortunio.

Me cuentan que en el Hospital San Rafael hay más sobrevivientes, a los que les están brindando apoyo psicosocial, y partimos hacia allá dejando un villorrio humilde, que a pesar de tener ya veinticinco años de existencia, aún está cundido de casitas de un solo cuarto, sin servicios sanitarios, sin agua potable y mucho menos alcantarillado o pavimento. Lo único nuevo y bien hecho son los murales de los politiqueros que lo visitaban hace unos meses en campaña para las elecciones de Congreso.

Al llegar al centro asistencial entramos por la puerta de urgencias y encontramos a una pequeña y delgada mujer enfundada en un uniforme color vino tinto que tiene bordado su nombre sobre el corazón, ese que debe ser más grande de lo normal y la movió a recorrer casa por casa los barrios Faustino Mojica, Altamira y Cordobita para contactar a todas las personas vinculadas al accidente, no solo a los niños que lograron salvarse sino a los rescatistas voluntarios que también se vieron afectados por el humo y las llamas.

Es la médica Magda Alarcón Gómez, quien con su equipo de paramédicos adelanta este trabajo para evitar que las secuelas hagan más daño que la tragedia misma, dándoles apoyo psicológico y siquiátrico para que sus vidas vuelvan a la normalidad.

Allí encontré a Melissa y Sheyla Otero, dos de las niñas sobrevivientes, las únicas que tienen ánimos para recordar detalles de las actividades desarrolladas en la Iglesia Pentecostal del barrio Altamira durante la mañana del funesto domingo 18 de mayo. Están en compañía de su madre, Ledys Joanna Rodríguez Escobar, quien se siente la mujer más afortunada del mundo, aunque aún no cree que pueda abrazar y besar a sus hijas luego de estar expuestas durante varios minutos al fuego asesino.

Sheyla, la más elocuente, recuerda que, como todos los domingos, las guías espirituales de la iglesia realizaron actividades lúdicas y religiosas basadas en manualidades, pintando mariposas, recortando estrellas para tachonar un cielo que horas después se nubló para muchos de los niños que compartieron con ella y su hermana. Una de esas tutoras, de nombre Candelaria, debió ser trasladada a Santa Marta presa de una crisis nerviosa que la mantiene en sock desde el mismo momento del accidente.

Sheyla recuerda con especial agrado esas primeras horas del domingo porque por fin pudo aprenderse una canción de alabanza que le gusta mucho. Aunque con un poco de timidez la canta, quizá motivada por el hecho de estar viva de milagro y que su hermana Melissa ya se está recuperando de los golpes sufridos al lanzarse de la buseta:

El amor de Dios es maravilloso
tan grande es el amor de Dios
tan grande que no puedo ir arriba de él
tan ancho que no puedo ir afuera de él
tan grande es el amor de Dios.


Entre los numerosos curiosos que hay en las afueras del hospital, encuentro varios que expresan su molestia por la excesiva tolerancia de las autoridades de tránsito de este municipio, a las que acusan de no ejercer ningún tipo de control, permitiendo que la mayoría de motocicletas circulen sin seguro obligatorio y que ningún conductor use casco, lo cual pudimos comprobar, además de ver hasta seis personas, familias completas, a bordo de uno de estos frágiles vehículos.

Ver también: Monumentos a los Angelitos

“Pero la tapa de todo es que ese bus llevara más de cincuenta niños apiñados sin tener ningún seguro ni revisión técnico-mecánica. Ahí están las consecuencias de la excesiva tolerancia de los funcionarios públicos ineficientes”, dice uno de los presentes con rabia.

Si en el siniestro de Ovejas, según Carlos Araque, “hasta los santos lloraron”, aquí en Fundación el cielo no para de hacerlo. Hasta tres veces por día. Y no faltará un juglar de provincia que ya esté componiendo una canción para abrazar con amor a los 33 angelitos que van camino al cielo.


La tragedia en gráficos 











Un padre desesperado quería ingresar a la buseta en llamas





En Medicina legal en Barranquilla
a donde fueron llevados para ser identificados

En el trayecto todas las poblaciones manifestaban su solidaridad





















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