julio 12, 2020

LA OSCURA NOCHE DEL TERROR

El paro por la energía


El 30 de agosto de 1973 fue un día fatídico para Fundación, la población en masa se volcó a las calles a protestar por el paupérrimo servicio de energía eléctrica prestada por la empresa Electrificadora de Magdalena, Electromag. Los fundacenses estaban cansados de los apagones continuos y del deterioro de sus electrodomésticos. Los comerciantes y estudiantes organizaron un paro total y salieron desde bien temprano a manifestar en las calles su inconformidad contra la empresa.  El alcalde, don Mauricio Fuminaya, ordenó a la policía poner orden en el pueblo, pero no pudieron contra toda una jauría molesta por el mal servicio. Luego enviaron refuerzos de los municipios cercanos, pero tampoco dio resultado contra los inconformes habitantes de la Villa Encantadora. Los protestantes estaban resueltos y dispuestos ha dar la batalla hasta las últimas consecuencias. En vista de esto, el alcalde, dio orden de acuartelamiento de la policía, quedando Fundación a merced de sus moradores, la gobernación en vista de que estaba paralizado el trafico de la costa con el interior del país, envió tropas del Ejército para que disiparan a los manifestantes. Los organizadores del paro se enteraron de esto y dieron orden de cerrar las entradas de Fundación, principalmente el puente colgante. Pasado el mediodía llegó el ejército y se estacionó en la curva del antiguo trapiche con la pretensión de entrar a la fuerza por el puente colgante, pero la población lo impidió. Trataron de hacerlo a través del río, pero fueron bloqueados por la ciudadanía que a punta de piedra y ladrillo, los repelieron. Todos los intentos del Ejército por vulnerar la guardia de los manifestantes fracasaron durante el día. El puente colgante ardía como una hoguera al que lo fraguaban con llantas de tractor que las traían sobre todo de la llantería de "Yane", que estaba ubicada diagonal a la bomba San Rafael; esta quema deterioró tanto al puente que lo mantuvo inactivo durante varias décadas porque el excesivo calor que debilitó toda su estructura. 

Al llegar la noche un soldado intrépido se propuso vulnerar el fuego de las llantas para alcanzar a los protestantes, contando con tan mala suerte que resbaló y cayó sobre el material inflamable sufriendo gravísimas quemaduras. Al ver esto el ejército decidió cruzar el río con la complicidad de la noche, los manifestantes al notar la avanzada de la tropa empezó a lanzarles piedras, ladrillos y palos mientras cruzaban las aguas del afluente, sufrieron los soldados las contundencias de las rústicas armas de los manifestantes; hecho que obligó a los militares a disparar, pero no al aire, sino contra la turba, y ahí sí fue lo triste y desgarrador; el pueblo huyó despavorido y el ejército seguía disparando como animal salvaje en busca de venganza. 

Resultados, un muerto, un joven allegado a la familia Bedoya, quienes tenían la famosa "Heladería Quindiana", en el mercado público, cuyo tórax fue atravesado por un proyectil de fusil M1, y una cantidad innumerable de heridos y mutilados. Gente indefensa pagó la ineptitud de sus gobernantes. 

En esta fecha Fundación vivió una de sus peores noches, un suceso trágico que dejó inmemorables recuerdos en la población, pero que al final provocaron un triunfo para nuestra ciudad y región. Muchas veces detrás de un logro hay una historia triste como antecedente, como la ocurrida en esta historia.

Antecedentes

En 1933 don Ernesto Rosestán instala la primera planta eléctrica de Fundación, que luego vendió a los esposos de origen Palestino: Nicolás Nassar y Afife Nassar Moalin; a la que le decían “La Mocha, haciendo alusión a su condición física por tener un brazo cercenado debido a un accidente que sufrió en su tierra natal. Por ese motivo al irse la energía se decía: “Se fue La Mocha”, y al llegar: “Vino La Mocha”.

Luis Enrique Martínez en recuerdo de esta historia compuso una canción que se titula "La Mocha", la cual al parecer no fue del agrado de doña Afife, ya que corre la versión que los discos de la producción de esta grabación fue comprada por ella para evitar su difusión.

La antigua planta eléctrica funcionó desde 1933, hasta que en los años 50s fuera repotenciada por el gobernador Rafael Hernández Pardo, con unas plantas suizas las cuales funcionaron hasta de los años 70s, cuando se construyó la actual interconexión eléctrica de Corelca hoy propiedad de Isa.

Al principio la energía era suministrada a la población por unas horas en la noche y sin el suficiente amperaje, por lo que los bombillos lucían amarillos y sin suficiente luminosidad. 

A las 6 de la tarde se oían los gritos: Llegó la Mocha (la luz) y se prendían los bombillos, que parecían un tabaco mariscal prendido

Años más tarde la energía se generaba desde las 5 am hasta las 9 de la noche. Estos generadores por varios años fueron operados por José María Prieto Ariza, a quien todos llamaban "Chepe", un técnico en electricidad que estudió por correspondencia en la National School, y a quien don Nicolás Nassar le adquirió un lote para que construyera su vivienda frente a la planta en Las Tabitas. Don Chepe murió en un accidente de moto en la vía a Aracataca.

Eran tiempos donde a las cinco de la mañana se oía gritar a personajes que en carromulas que gritaban: Agua, Agua, tanques de 20 litros que vendían por un centavo, luego en horas de la mañana los mismos personajes gritaban: Hielo, Hielo”, que provenía de la Planta de La Mocha y lo vendían en centavos dependiendo su tamaño.

Siendo Gobernador del Magdalena (1954) el general Rafael Hernández Pardo, expropió esta planta para cederla al municipio, y dotó a la ciudad con motores de mayor potencia y modernidad. Se trataban de dos plantas suizas marcas Sulzer de 7.000 Wats cada una, con una capacidad de generación de hasta 12 de horas seguidas de energía.

Igual dotación recibieron Valledupar, Codazzi y Aguachica del Gobernador Hernández Pardo, mientras que otros pueblos se instalaron plantas de menor capacidad.

La planta pasó a ser operada por Colombiana de Efectividad, luego por Electromag; que en el año 1967 se transformó en la Electrificadora del Magdalena, esta última liquidada en 1988 y entregada a Electricaribe.

La planta apodada La Mocha, operó primero en el barrio Las Tablitas, luego de expropiada fue trasladada al barrio Ariguaní al lado del acueducto, (en un terreno que sigue siendo del Municipio de Fundación y que curiosamente es usufructuado por particulares), hasta que el suministro eléctrico fue interconectado a la red nacional como consecuencia del paro que narraremos en esta historia.

Algunos de los antiguos motores al quedar sin uso estuvieron a merced del óxido y el abandono hasta que fueron chatarrizados. 

Ver también: Planta de La Mocha

El Paro

 A principios de los años 70s, el servicio de energía de Fundación era prestado por la Electrificadora del Magdalena, el cual era deficiente debido al crecimiento vertiginoso de la población, que demandaba un mayor suministro, mientras que los motores a base de combustible diésel seguían siendo los mismos, lo que provocaba largos razonamientos o noches en vela. De esta manera la paciencia de los fundanenses era colocada cada día a prueba por los daños constantes en los generadores y por su insuficiencia.

El servicio no era constante, la energía generalmente la colocaban a las 5 pm y la desconectaban a las 7 am y existían dos sectores. 

La planta eléctrica estaba situada a orillas del río Fundación, en el barrio Ariguaní, en un lote adyacente a la antigua planta del acueducto. En el año 1973 la planta empezó a fallar generando apagones hasta dañarse completamente y sin que la empresa ni el estado intervinieran. Quedaba la población sin el servicio por mucho tiempo, noches completas a oscura, donde la población sorteaba la penumbra con lámparas de petróleo, pero no así el calor. El comercio, bancos y personas prestantes adquirieron sus propias plantas, donde algunos jóvenes iban en búsqueda de luz para poder estudiar. 

Agotada la paciencia y sin esperanzas de solución, un grupo de ciudadanos organizaron un comité para realizar una protesta pública ante el Gobernador y el Alcalde, que por entonces era nombrado por el primero, exigiendo una planta nueva. Como no se lograba que el estado adquiriera una planta nueva, ni una mejora en el servicio, decidieron un paro cívico que implicaba el bloqueo en las vías, entradas y salidas del municipio, además del cierre del comercio, de las oficinas y de los colegios. Uno de los promotores de este levantamiento fue el profesor Sergio Ramírez Better, directivo del desaparecido Gimnasio Moderno Albert Einstein, así como docentes del colegio Oficial, y la Seño Alicia Subiros rectora del colegio Tercera de niñas, quienes incentivaron a sus alumnos a la insurrección cívica.

El bloquear las vías  de acceso a Fundación implicaba dejar incomunicada a la costa caribe con el interior del país, ya que por entonces la variante que hoy posee la troncal de la ruta del sol no existía. Este bloqueo tenía la consigna de que solo se permitiría la entrada del vehículo que trajera la planta eléctrica. 

Los trabajadores bancarios eran los únicos que no podían  cesar en sus actividades por orden de sus directivos, y como represalia los manifestantes los encerraron con candados, mientras que las noches eran oscuras, lúgubres e impregnadas de olor a petróleo y a trapo quemado. 

Una de las consignas que gritaba la turbamulta era: “No paguen luz” mientras quemaban los recibos de energía. Varios días antes del fatídico día, salían los manifestantes cantando un coro: “yo tenía una luz que me alumbraba, venía la brisa y zuas me la apagaba”.

Al principio intervino la policía local, se produjeron los primeros capturados, que el alcalde Mauricio Fuminaya paseaba en un volteo por las calles de la ciudad para causar sin éxito intimidación.

Luego llegó la policía de Ciénaga que con gases lacrimógenos intentaron apaciguar los ánimos exaltados y abrir paso, el paro se estaba debilitando por el control de la policía, a tal punto que Gentil Duarte uno de los promotores abandonó la refriega, entonces una persona morena alta, y fornida, se enfrentó solo a con la policía, este ejemplo motivó a los más jóvenes a retomar el puente colgante, y desde las escaleras del hotel Chimila les lanzaron piedras los uniformados logrando repelerlos.

Los vecinos de la plaza siete de agosto, colaboraban colocando poncheras llenas de agua y bayetas, con el propósito de socorrer a los adolescentes que se enfrentaban con los uniformados y eran alcanzados por los gases sofocantes, éstos una vez recuperados regresaban al “combate”.

Yo participé de varios días en este paro cívico, bloqueamos la entrada a Fundación, la policía nos tiraban gases lacrimógenos. Yo estudiaba en el oficial y salíamos todos los estudiantes, recuerdo que en ese tiempo había un policía de elevada estatura y cogió a uno de los líderes y lo llevó para el comando y todos nosotros detrás protestando, el lugar donde lo detuvo fue en la gran piedra de concreto que servía para desembarcar la mercancía del tren, cerca a lo que hoy es la Virgencita del rond point. Recuerda uno de los manifestantes.

Como la intervención de la policía fracasó, y la población estaba decidida a sostener su protesta, y alta era la presión sobre las autoridades por las largas colas en la carretera producto de la incomunicación vial, el Gobernador ordenó al ejército despejar las vías, levantar el bloqueo y restablecer el orden. Llegaron desde Santa Marta los primeros militares, y como la población atribuía al Alcalde Fuminaya su presencia, los aglomerados a coro gritaban: “fusil metralla abajo Fuminaya”, estribillo con el que por mucho tiempo se molestó a don Mauricio.

La llegada de los soldados se produjo en horas de la tarde del día más fuerte de la reyerta que fue el 30 de agosto. Encontraron un puente colgante lleno de obstáculos, entre ellos llantas, palos y otros elementos, mientras que la población enardecida se apostaba al otro lado de la infraestructura, sobre todo entre el hotel Chimila y el puente de tablas. El puente del ferrocarril no prestaba servicio de transporte terrestre y la empresa de Ferrocarriles Nacionales (FCNC) amenazaba con desmontarlo para utilizarlo en otro lugar de la geografía colombiana.

Al destacamento los esperaba una muchedumbre rebelde con la convicción de lucha por causa justa. El escuadrón primero lanzó gases, la población en respuesta encendió las llantas que se apostaban sobre el puente, y en el avance de los uniformados uno de estos al notar que los jóvenes se le abalanzaron, retrocedió enredándose con los alambres de una de las ruedas que ardían en fuego, el soldado al caer sobre el material en llamas soltó una ráfaga de su fusil, que provocó caos, incertidumbre y tragedia. 

Muchos adolescentes al sonido de las armas se arrojaron al río, otros corrían con desespero en búsqueda de refugio en sus casas, los que estaban más lejos al escuchar los disparos pensaban que era la pólvora de la fiesta del corregimiento de Santa Rosa de Lima, quien por esos días estaba festejando a su patrona. 

Nuestra población esperaba que desde Santa Marta realizarán gestiones para obtener el fluido eléctrico. La manifestación era pacífica, sin embargo, en las horas de la tarde nuestro recordado y estimado Sergio Ramirez valientemente no permitió que la policía local despejara la vía. Luego enviaron al ejército. Gases y ciertamente un soldado se enredó, disparos y heridos. Noche oscura, rumores y la historia desde cada ángulo. Lo cierto es que años después llega a nuestra población una compañía mexicana encargada de realizar la interconexión eléctrica. Relata otro testigo.

El resultado varios heridos y un muerto, aunque en el imaginario colectivo se habla todavía de una cifra de elevada de muertos. 

La gran mayoría resultó con heridas menores fruto de ese ametrallamiento o por caídas en la estampida, el infortunio pudo ser mayor dada la gran cantidad de manifestantes. Otros sin embargo tuvieron heridas de consideración, entre los lesionados el más recordado fue el de Salvador Hernández “Sampatico”, quien fue dentista de Fundación, quien quedó cojo de una de sus piernas; también resultó afectado César Lobo, que vendía verduras en el mercado y quien sufrió la amputación de su brazo izquierdo; Armando Montenegro De Martino, que perdió uno de sus testículos; Elkin de la Marck, que recibió un proyectil en la espalda; Agustín Rincón en los glúteos, Efraín Diomedes Sánchez, y Juan Pabón, entre otros, que recibieron fogueos menores en sus cuerpos, también resultaron uniformados heridos, entre ellos el más grave fue el del soldado que cayó en el material ardiente. 

El muerto fue un joven de apellido Bedoya (no tenemos su nombre), había venido del interior del país a visitar unos familiares que tenían una fábrica de bolis y paletas al lado de lo que hoy se conoce como “La Pamplonesa”, quienes tenían la famosa "Heladería Quindiana", en el mercado público, cuyo tórax fue atravesado por un proyectil de fusil M1. El fallecido fue velado en esta heladería. Se habla de otro fallecido, que al parecer era hermano de Hércules, un operario de la mantequillera La Ideal, pero sin confirmar.

En una de las columnas del puente colgante impactó algunos de los proyectiles, y como recuerdo de este nefasto acontecimiento aún perdura en esta plataforma la huella de estos disparos, ubicada en la cara contigua al hotel Chimila, hoy Sena.

Según versiones oficiales, el puente colgante que era la única entrada a la ciudad, se encontraba tomada por los protestantes, quienes tenían colmada la entrada por llantas encendidas, unos miembros del ejército intentaron despejar la vía quitando las llantas, pero el pueblo estaba dispuesto a no dejar permitir tal acción, la población se fue contra el ejército y estos en defensa dispararon al aire y arrojaron gases lacrimógenos, pero está acción enfureció más a los protestantes y el ejército disparó a mansalva contra los manifestantes ocasionando lo hechos conocidos.

Fue una tarde-noche de mucha zozobra, incertidumbre, tristeza y desconcierto por la desinformación. En la noche el silencio era tenebroso y absoluto, solo se oían algunos disparos, el lanzamiento de gases, las sirenas de las ambulancias, y la marcha de los militares que se apoderaron de la ciudad. Los que tenían plantas no las encendieron por temor a las tropas, mientras que los adolescentes se escondían debajo de la cama. 

El hospital tampoco daba abasto esa noche por los lesionados, y eran varios los familiares que llegaban en búsqueda de sus seres queridos extraviados o heridos. 

A la mañana siguiente y en los días sucesivos reinó la ley marcial, la comarca se encontraba repleta de uniformados con la premisa de reprimir desmanes y la reanudación del paro. El ejército dormía en algunos plafones estratégicos, como el del almacén de don Jesús María Cano en pleno centro de la ciudad.

La muerte del joven Bedoya fue lamentada por toda la población, sumado a un sentimiento colectivo de impotencia. 

El ejército tomó el control, pero el pueblo triunfó ya que al final el paro obtuvo resultados, a los pocos días instalaron una planta provisional y la energía regresó al pueblo. Poco después llegaron compañías a instalar las redes y cambiaron los postes cuadrados de madera por los de concreto redondos, tanto para el alumbrado público como para las redes, los nuevos cables eran más gruesos y encueros (así le decían). 

La noche en que llegó la energía hubo gran júbilo en la población. Era la luz más brillante que se había visto. Se organizaron juegos donde participaban los pequeños, sus padres permitieron que esa noche pudieran jugar hasta entrada la medianoche. 

El final de este último generador de “La Planta La Mocha”, y que fue la manzana de la discordia, terminó sus últimos días prestando sus servicios en El Banco Magdalena a orillas del río Cesar.



CORELCA



La solución definitiva al problema de suministro energético de Fundación y sus alrededores tomó un nuevo rumbo cuando a los pocos meses el gobierno nacional decidió construir una subestación eléctrica en esta localidad integrada a la red nacional, que pudiera prestar un servicio eficiente y de 24 horas. Estas obras las realizó una compañía mexicana y fue inaugurada un 25 de abril de 1976 por el presidente 
Alfonso López Michelsen. La operación de la subestación de Fundación quedó a cargo de Corelca (hoy Transelca). 

La inauguración estuvo acompañada por un sol infernal, y contó además del primer mandatario con la presencia de autoridades nacionales, departamentales y locales, así como de líderes cívicos y colegios, la banda de guerra del colegio Gimnasio Moderno encabezada por el profesor Sergio Ramírez. Algunos llevaban camisetas rojas que decían “López el Pollo”.

Esta poderosa y estratégica subestación se integra con la de Valledupar, Sabanalarga,  Santa Marta y El Copey. Fundación se beneficia de esta manera de la presión ejercida en el paro del 73 y por su nexo con Valledupar.


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