lunes, 22 de mayo de 2017

LOS "TURCOS" EN EL MAGDALENA

Los "Turcos" fueron muy reconocidos
por sus ventas de Telas

Los sirio-libaneses, llamados "Turcos", entraron en el año 1880 por Puerto Colombia Atlántico, con documentos del Imperio Otomano que entonces regía el Medio Oriente. De modo que los pioneros árabes entraron al país por Puerto Colombia y Cartagena. Los demás, por Santa Marta y Buenaventura. Colonizaron la Costa Atlántica, en donde le sacaron provecho a sus condiciones de navegantes y ayudaron a la construcción de la identidad nacional en un periodo en que el Caribe colombiano estaba poco poblado. La cultura turca de fe cristiana ortodoxa, se integró fácilmente a la identidad costeña y contribuyó al desarrollo del país.

Debido a que el Medio Oriente estuvo durante el Siglo XIX y hasta la Primera Guerra Mundial en manos de Turquía, los inmigrantes árabes que llegaron con pasaportes turcos, fueron denominados por el común del pueblo como los “turcos”, con procedencias de Siria, Líbano, Palestina y Jordania.

El siglo XIX fue clave en la navegación a vapor por el Río Magdalena, comunicando a los pueblos del río con Barranquilla y el interior del país, ello hizo que las poblaciones más importantes de la Costa, hasta principios del Siglo XX, fueran los pueblos ribereños. La presencia de los “Turcos” en el Magdalena se incrementó sustancialmente a partir del año 1920, aprovechando para su comercio la navegación por el Río Magdalena; colonia extranjera y comercial, bien representada en poblaciones como Santa Marta, Fundación, Aracataca, Ciénaga, Plato, El Piñón, Salamina, El Banco.

Se comenta que los turcos en los pueblos del Magdalena, tuvieron mucho que ver con la comercialización del acordeón, ya que se la ingeniaron grabándoles animales como guacamayas, venados etc, para despertar curiosidad en los pueblos, sobre todo en la comunidad negra. Incentivaban el comercio manifestando a la clientela en sus tiendas que era un instrumento barato, ideal para acompañar el tambor y la guacharaca.


Reflejo de la cultura y el comercio intenso de esta colonia, aún hay huellas de su presencia en el Magdalena, como la reconocida cadena de ropas Tierra Santa; el Centro Islámico construido en Santa Marta en el año 2004. Además de las siguientes:

- Aracataca: Encontramos la "Calle de los Turcos".
- Plato: Almacén "El Turco Farid".
- San Fernando: También cuenta este corregimiento del municipio de Santana con “El Callejón de los Turcos”, ya que en el lugar hubo una tienda de comerciantes árabes.
- "Almotacén" en El Banco: "Almotacén" es una palabra turca que significa puerto de embarque y desembarque, muy utilizada en la década de los años cuarenta del siglo XX, por los turcos de El Banco.


TURCOS EN FUNDACIÓN

Camilo George Chatame, 
en Fundación Magdalena.
El turco Camilo George Chatame, procedente de Salamina Magdalena, llegó a Fundación Magdalena, en el año 1944; población donde le da apertura a su negocio “Casa George”, una miscelánea donde vendía toda clase de artículos, incluido los acordeones. Para promover sus ventas decide en el año 1948, patrocinar un concurso de música de acordeón, entregando como premios artículos del mismo almacén. Es considerado pionero de los festivales vallenato en Colombia.

Don Salvador Amashta y Maria Isa Katime Amashta. Llegaron a Fundación en 1920. Emigraron de Palestina. Sus Hijos: Waldía, José, Emilia, Abraham, Rosa, Teresa y Juan Amashta Katime

FAMILIA AMASHTA KATIME

1920: José del Carmen David, oriundo de palestina, establece la primera Farmacia, estaba ubicada frente al Palacio Municipal.

1927: Alberto Lara Awad oriundo de Palestina, abre el primer almacén de Telas llamado “La Flor de Fundación”. Construyó una edificación en “cemento romano” y fue la segunda construcción de material en Fundación. Está ubicada en la Calle 5 con Carrera 7a.

1933: Ernesto Rosestán instala la primera planta eléctrica de Fundación, que luego vendió a los esposos Nicolás Nassar (dueño también de la primera planta de hielo de Fundación) y Afife Nassar Moalin, a la que le decían "la mocha"; debido a que tenía un brazo mocho. Por ese motivo al irse la energía se decía: “Se fue la Mocha”, y al llegar la energía: “Vino la Mocha”. Años después siendo Gobernador del Magdalena el general Rafael Hernández Pardo, la expropió para cedérsela al municipio y luego vendida a Corelca. La Plata eléctrica funcionó desde el 33 hasta el 60 y la de hielo desde 1948 hasta los años 80s.


TURCOS EN PLATO
Muce Moisés, primer Senador,
de origen Árabe en Colombia.

Berthica Dippe nacida en Plato Magdalena y residenciada en Scrantan Pensilvania, sobre sus parientes comenta:

"Entre los "turcos" de Plato tuvo participación comercial mi abuelo Jussef Dippe (José Dippe) quien viajó a lo largo del Rio Magdalena, comercializando telas y otros (sedas, tabaco, implementos musicales, maíz, etc). Las sedas las traía de la India (fabricadas en China). Eran los años 1865-1870. Mi abuelo hizo varios viajes por barco, cada uno demoraba 6 meses. En uno de sus viajes por el río, se casó con mi abuela en "Panceguita" y se establecieron en Plato, Magdalena. En realidad mi abuelo no era "turco", sino de Tripoli en El Líbano, pero era costumbre y aun se estila a todos los inmigrantes del Medio-Este, llamarlos “turcos”.

Bertha Dippe pionera de la mujer comerciante en plato: Bertha Candelaria Dippe, sobresalió en la población de Plato Magdalena, desde el año 1950, hasta la década de 1980, como pionera de las mujeres comerciantes de esa localidad. En la antigua Calle Córdoba, estaba ubicado su almacén “El Triunfo", donde distribuía toda clase de productos, al por mayor y al detal. Estaba casada con Marco Stecca, quien fue Chef oficial de los ingenieros de Andian y Antex Oil & Gas Company.

Turcos vendían acordeones en Plato: Comenta el músico sabanero Lisandro Meza que su primer acordeón se lo compró su padre en los almacenes de los turcos que comerciaban en Plato Magdalena. Fueron famosas en esta población las tiendas turcas de Nicolás Acle, Sara Acle, Nazario Izaca, quienes vendían acordeones. Otros turcos plateños fueron los Elías, Manzur, Romanos, Karma, Átala, Aska.

Muce Moisés primer senador de Colombia de origen árabe: El abogado Muce Moisés Aschkar, nacido en Plato Magdalena y casado con la samaria Sara Cotes Gnecco, fue un liberal gaitanista, de los años cuarenta. Considerado el primer Senador de Colombia, de origen árabe, cuando los miembros del Senado eran elegidos por voto directo en las asambleas departamentales.

Siendo Senador en el año 1947, presentó un proyecto de Ley, sobre plan vial y planificación de ferrocarriles, carreteras, caminos y pavimentación. Con ocasión del asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán, integró la junta de samarios que repudiaron el aberrante crimen. En el año 1991, aspiró al Senado en la lista liberal que encabezaba Álvaro Uribe Vélez.

Como Alcalde de Santa Marta, en el año 1957, legalizó urbanísticamente los predios del barrio María Eugenia, y como Alcalde fue uno de los fundadores de la Fiesta del Marta en el año 1959, razón por la cual la Alcaldía de Santa Marta y la Empresa Promocional de Turismo del Distrito (ETURSA), en el año 1999, le hicieron reconocimiento. 


Bertha Candelaria Dippe de Stecca,
en Plato Magdalena.

TURCOS EN CERRO SAN ANTONIO: Pedro Chiquillo Barrios, sobre los turcos en este municipio también comenta:

"Cabe agregar que en El Cerro San Antonio vivió uno de ellos de apellido Bojanini, que regaba la mercancía en toda la población, y luego cobraba semanalmente. Después de su muerte los hijos venían al Cerro y se vincularon por mucho tiempo, logrando revivir la pasión del fútbol con intercambios entre Sabanalarga y mi pueblo".


TURCOS EN EL BANCO

"Plaza Almotacén", 
en El Banco Magdalena.

Existe en este municipio la “Plaza Almotacén”, ubicada en la calle 8 entre carreras 2 y 3, en inmediaciones del mercado público. "Almotacén", es una palabra turca que significa puerto de embarque y desembarque, muy utilizada en la década de los años cuarenta del siglo XX, por los turcos de esta población ribereña.


El Banco lloró a “La Turca” “Mamá Suraya”: En el año 1998 fue asesinada Suraya Namén Gorayeb, “Mamá Suraya”, una filantrópica mujer, matrona de todos los banqueños. Era prima del reconocido dirigente deportivo Alex Gorayeb y fue la Mujer Cafam, año 1997 por el Departamento del Magdalena.

“La Turca” como también le decían, luchó por el bienestar de ancianos, enfermos, presos, no sólo de El Banco, sino también del sur del Magdalena, Cesar y Bolívar.

Precisamente fue bautizada como “Mamá Suraya” por los primeros presos que ayudó en la cárcel de El Banco. 

“Mamá Suraya” fue asesinada junto a su hermano Adib Namén Gorayeb, después de ser testigos del crimen del comerciante Luis Beleño Rodríguez, por miembros de grupos al margen de la Ley. Los asesinos, para no dejar testigos, balearon a los hermanos Namén Gorayeb.

TURCOS EN GAIRA


Bandera de Gaira, 
diseñada por "La Turca" Carmen Hazbún de Rodríguez.

La bandera de Gaira, fue ideada por Doña Carmen Hazbún de Rodríguez (fallecida), llamada cariñosamente "La Turca", quien prestó un gran servicio a la comunidad.

TURCOS EN EL PIÑÓN

En el año 1890 estuvo en El Piñón y Salamina, el palestino Salomón Muvdi; incentivando el sector agrícola de la región, era hermano del destacado personaje de Barranquilla Don Elías Muvdi. También son recordados en El Piñón "Pedro El Turco" y Don José Alí, todos comerciantes.



TURCOS EN EL DIFÍCIL

La primera iglesia que tuvo la población de El Difícil, municipio de Ariguaní, fue una choza de palma construida por un turco de nombre Genaro, época para la cual las fiestas patronales se hacían en honor a Santa Teresita de Jesús.

TURCOS EN SANTANA

 En Santana y en Mompox se asentaron los hermanos Elitim, Zacarías Naizir y Salomón Chicre Chartuni. También hubo un turco de apellido Manzur y otro Jalili, que después se fue a Mompox, donde también vivían los Dau. Ha sido de importancia la presencia turca en el corregimiento de San Fernando, donde se destacan las familias Yacub y Abdala. 

El escritor Antonio Brugés Carmona publicó en los años 40 un texto sobre la vida y milagros de Elías Jalil. Allí introduce a estos inmigrantes por primera vez quizás en la literatura costeña, habla del proceso de adaptación y mestizaje.

Vida y milagros del turco Elías, por Antonio Brugés Carmona: 

La vida extraordinaria de Elías Jalil (materia prima para una de esas biografías noveladas de Blaise Cendrars) es la vida de casi todos los inmigrantes del Medio y Cercano Oriente que llegaron a nuestro país, y se instalaron definitivamente en uno de esos pueblecitos que se nutren de los jugos rurales, al margen de los sacudimientos de las urbes, dichosamente lentos y pintorescos, poblados con los personajes que enriquecen la literatura de Luis C. López. En todos los pueblos de Colombia hay un Elías Jalil como aquel que llegó a mi pueblo hace veinte o treinta años y se adaptó al ambiente, conservando algunas costumbres de su lejana nación, tales como comer cebollas y carnes crudas, ofrecer mercancías por las calles, y hacer grandes comilonas a base de carne de chivo.


Elías Jalil, según supe recientemente, nació en Beirut, pero, como a todos sus paisanos siempre se le señaló con el gentilicio de turco. Desde que llegó, pues, al plácido círculo de mi región, se le conoció por el “turco Elías”, y nada más. Refieren las crónicas familiares que el turco Elías llegó a nuestras playas a raíz de las últimas escaramuzas de la guerra civil de los mil días, y que entre sus primeras actividades estuvo la de vender telas a plazo, llevando de pueblo en pueblo un pesado fardo de mercancías a cuestas, hasta que con sistemática consagración aumentó considerablemente su capital y se estableció definitivamente en el pueblo que desde entonces le sirve de escenario a su peripatética y archidetonante humanidad. Los años pasaron con su cortejo de sucesos, cambiaron radicalmente muchos aspectos de la vida en general, pero el turco Elías siguió siendo el mismo en su esencia. Con su morena tez berberisca, sus mostachos retorcidos denunciando la prosapia oriental, nuestro hombre entró por la fuerza del tiempo, a formar parte de los personajes que sustentan la existencia de nuestros pueblos. No fueron ya solamente el barbero y el alcalde, el “comisario” y el curandero, el cura y la beata, el cacique y la partera, el maestro de escuela y el escribano. Aquel elenco fue aumentado con el turco Elías, dueño de una personalidad original, que, desde luego, no encajaba en ninguna de las que habían venido figurando en el santoral laico de la provincia colombiana.

Un día el turco Elías se unió con una mulata nativa, que –entre sorprendida y retrechera- aprendió a comer cebollas y pepinillos y a preparar el extraño kipe, una especie de albóndigas de trigo molido y carne, que ahora tiene carta de naturalización merced al ingenio comercial del dueño de una cantina de Mompós. El turco ha sido modelo de maridos y de padres. Porque también es padre de tres colombianísimos hijos, Yamile, María y Miguelito, compañeros de nuestras rondas escolares, ahijados de nuestros padres, y a estas horas seguramente que unidos en matrimonio con alguno de nuestros parientes.

El turco Elías es, además, dueño de algunas tierras compradas con el producto de su almacén que llegó a ser el más grande y el más surtido de la comarca. Las actividades del campo lo fueron alejando poco a poco del comercio detrás del mostrador. En los últimos años se dedicó con esmero a ensanchar su finca Niña Bonita, lo cual lo obligó a desaparecer casi por completo de la tertulia mañanera que solía formarse en la puerta de su almacén, para decorar, en cambio, el paisaje de los caminos que van del poblado a la montaña, con su dura estampa caudillesca montado en abúlico caballo, protegido de los rigores del sol por un sombrero de alas descomunales, seguido como un barco por la estela del humo de su tabaco inseparable. En el almacén actuaban Miguelito y las dos hijas ya casaderas, con resultado anti-económico para la prosperidad del negocio debido al manirrotismo del varón y al poco apego de las mujeres al negocio. El resultado final fue el cierre del establecimiento.


II.

El turco Elías, por el mérito de su esfuerzo, formó parte entre los ricos del pueblo. Jovial, audaz e insinuante, en todas partes estaba presente, especialmente en aquellos acontecimientos sociales que hacían parte del film en cámara lenta de la vida municipal. Generoso en veces, el grato personaje se imponía en los bailes y francachelas por su resistencia como anfitrión. En ocasiones se adueñaba de la jefatura de las festividades que se celebraban en honor de la patrona religiosa del pueblo cada año. Encabezaba las colectas públicas con la mayor suma de dinero, destinadas a la reconstrucción de la iglesia parroquial, o al arreglo de los caminos vecinales. Y en las reuniones cívicas, en los velorios de las personas destacadas, en fin, en toda reunión social el turco ocupaba una posición visible, no solo por su atuendo pintoresco, sino por su indetenible afán de figurar, y, además, por la peculiaridad de su conversación que participaba de una graciosa mescolanza de vocablos raros en los cuales la p había sido sustituida por b, la o por u, y así por el estilo. Para los nativos la cosa no tenía importancia y pasaba desapercibida, pero no así para los extraños que se embelesaban tratando de entender aquella jerigonza especial. Por todas estas razones, y por muchas más que se me escapan en gracia de la brevedad y carácter esquemático de este relato, el turco Elías era quizá el personaje más notable de mi pueblo, que llamaba la atención a los escasos viajeros que nos visitaban, y llenaba las crónicas de los pueblos vecinos en donde se hacían lenguas de su excentricismo, de sus cualidades y de sus defectos.

A los 20 años de residir en el solar que lo había visto llegar con su fardo a la espalda, el turco ocupaba una posición destacada en todos los órdenes. Aún para organizar con éxito una reunión de las personas que formaban “la sociedad”, había que contar con la aquiescencia y colaboración de Elías, ya que su calidad de padre de dos bellas miembros de esa sociedad, le daba atributos de árbitro y autoridad de jefe de familia.

En la situación que conocemos, y sabiendo de las dotes caudillescas de Elías Jalil, hubiera sido extraño que no se hubiera metido también en política. Y así el turco intervino –y creo que aún interviene- en la agitada vida política del pueblo. Siempre gobiernista exaltado, alta la voz y el ademán agresivo, Elías ganó más de una de aquellas cruentas batallas electorales, en que los campesinos se iban a las manos azuzados por el alcohol y los consejos de los caciques. Muchas veces, casi siempre, dominaban el concejo municipal los adláteres del turco, y éste participaba de los gajes de la administración municipal con una clasificación benigna de los impuestos, o simplemente con una exención completa. Como compraba las nóminas de los empleados locales, los fondos de la tesorería siempre estaban a su disposición, a pesar de la protesta de los que estaban por fuera del condumio municipal.

III.

De entre la variada, casi interminable colección de recuerdos de la vida de Elías Jalil, cuando lo tuve al alcance de mi observación, cobra fuerza dramática imborrable, su actuación en la recepción que se hizo en mi pueblo a una comisión de la asamblea departamental que nos visitó para verificar sobre el terreno, la necesidad de construir un terraplén que salvara la comunicación a través de una zona pantanosa que separaba al pueblo de un lugar seco sobre la orilla del río. Huelga decir que el turco se auto-nombró orador oficial de la junta municipal de recepción de la cual él era presidente y el mayor sostén económico. Los demás vecinos importantes discutieron los otros detalles de la fiesta…


Como nunca lo había visto, aquel día radiante, sin sombras como casi todos los de la Costa Atlántica, el turco Elías vistió sus mejores galas. Ese día, contra la costumbre diaria, se puso saco y corbata, y se atusó hasta el refinamiento los grandes bigotes negros y brillantes. La calle que da acceso al Puerto de las Canoas estaba como en las épocas de la fiesta patronal. Un afán novelero sacudía las escasas dimensiones del pueblo, porque iba a llegar la comisión de la asamblea. En la boca-calle principal se había instalado una tribuna especial formada por dos mesas: una asentada sobre el suelo y otra colocada bocarriba sobre la primera, cubiertas luego con una sábana blanca. Alrededor de la tribuna formaban los niños de las escuelas públicas, las autoridades del lugar, una comisión de damas encargadas de llevar una ofrenda floral, y la élite de los políticos lugareños. Después seguía la masa del pueblo. Todos estaban presentes, desde los más humildes pescadores y jornaleros, hasta los representantes del comercio detallista, sin faltar las sirvientas y cocineras, mozos de campo y niños de corta edad.

En medio de todos estaba el turco Elías como un dios. Lo recuerdo ahora con la vivacidad de colores de ese día, con sus mostachos retorcidos, su corbata roja y su descomunal sobrero a la mexicana…

Inmediatamente después de que la banda de músicos cesó los acordes marciales con que se saludó el arribo de la comisión de diputados, Elías Jalil subió a la tribuna de un salto. Sereno, con admirable sans-façon pronunció el más extraordinario discurso que yo haya oído en mi vida, como expresión dramática. Toda la fuerza de mi intelecto estaba al servicio de los sentidos para captar cada una de las palabras y de los gestos de aquel orador inimitable que llevaba la voz de mi pueblo. Así habló el turco Elías ese día inolvidable:

“Saniores dibutados: El bueblo de San Bedro73 quiere que lasamblea li haga el terrablén que necisita, borque asistá como el muchachu que no tiene zabato bara caminá. (Desde aquí estoy viendo cumbadre Francisco Bulaño sistá riendo borqui habla un turco. Bero yo soy culumbiano bor tres razones: bor rapresentación, bor corazón y bor la blata. Soy culumbiano bor rapresentación borque Maguilito el hijo minor mío es culumbiano, hijo di Betrona Bérez di aquí del buelblo y él es minor de edad, entonces yo, su badre, soy lo rabresenta, y por eso soy culumbiano bor rapresentación. Y soy culumbiano bor corazón borque como aquél otro no era culumbiano di nacimiento, murió triste abandonado San Be.




JUDÍOS 

EN SANTA MARTA: Desde comienzos del siglo XIX existía comunidad de judíos en Santa Marta. Tal fue su crecimiento que en el año 1844 hubo que construir un cementerio judío en la actual carrera segunda con calle 24. Después a finales del siglo XIX, fueron sepultados en la playa de San Fernando, hoy día bases del ejército.

Primeras actividades comerciales judías las realizaban en Santa Marta los siguientes personajes:

- Gabriel Pinedo: En el año 1722, obtuvo licencia para realizar negocios de exportación. La presencia comercial de la familia Pinedo aún continuaba en el año 1785.
- Salomón Moisés L. Maduro: Radicado y comerciando con su familia en esta ciudad desde el año 1783.
- David Morales: Tenía intereses comerciales en el año 1783.
- Abraham García: Tenía intereses comerciales en el año 1783.
- otras familias comerciantes: Juliao, Correa, Henríquez, Alfandary, Dargol, Salama, Mizrahit, Moseyof. 

Las continuas persecuciones por parte de los católicos obligaron a muchos judíos a renunciar públicamente de sus tradiciones. Son muchos los casos donde los judíos eran obligados a abjurar de su fe por la Inquisición. Esto trajo como consecuencia que muchos judíos abandonaran a Santa Marta.

- Centro Comunitario Israelita de Santa Marta: El Centro Comunitario Israelita de Santa Marta es una institución sin ánimo de lucro cuyo fin es suplir las necesidades religiosas, educativas y sociales de la comunidad judía y de los visitantes judíos de la ciudad de Santa Marta. Se fundó el 12 de noviembre del año 2009.

AUTOR: RAÚL OSPINO RANGEL.









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2 comentarios:

  1. Tanto los árabes como los judíos han contribuido con la grandeza de América toda. eso tenemos que agradecerlo siempre.
    vine a su blog a causa de una investigación y me he quedado impresionado de que un blog tan antiguo siga tan campante y activo. Felicitaciones y a sus órdenes en mi blog Saludos desde la hermana república de Venezuela
    www.tigrero-literario.blogspot.com

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  2. Sin demeritar el homenaje que le hace el autor de este importante escrito a la Sra Mama Suraya Namen E.P.D. dama reconocida por su filantropica labor social en mi querido pueblo El Banco Magd, con el debido respeto el autor no menciono a las imnunerables flias arabes que llegaron habitarla, entre ellos por parte de mi padre Yussef lissa chedraui, quien llego con tres hnos mas con sus padres Nayib Lissa Bayter y su sra Angela Chedraui, por parte de mi madre Fanny Fraija Larios y nueve hnos mas hijos de Nazario Fraija Fraija y su esposa Edelmina Larios, y muchas flias sirio libanesas. No se porque no los menciona el autor asi como lo hizo con otras poblaciones donde tambien señala el autor. Gracias.

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