Cuando la música vibraba
en todo el pueblo
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Fundación fue, desde sus orígenes, cuna de juglares del acordeón y semillero de bandas musicales. Más tarde, con la llegada del servicio eléctrico, floreció la cultura picotera que transformaría para siempre el paisaje sonoro de la Villa.
Durante los años 70, 80 y principios de los 90, no hacía falta anunciar una fiesta: bastaba con escuchar el estruendo inconfundible de los picós que llenaban el aire con champeta, salsa y ritmos africanos, haciendo vibrar hasta los cimientos de las casas. Aquella era una época en la que la música no solo se escuchaba: se vivía, se respiraba, se sentía en cada rincón del pueblo.
El Rey de las Verbenas
Picós Fundanenses
Varios de estos monstruos del sonido y de la diversión aún resuenan con fuerza en la memoria colectiva de los fundanenses:
- El Gran Freddy (Hernández)
- El Último Hit
- El Baracutey (Carlos Camargo)
- El Nuevo Kung Fu.
- El Gran Sandy (Lucho Pérez).
- El Gran Minald,
- El Guerry (Jader Fontalvo)
- El Haitiano (Segundo Peña, luego llamado El Segu)
- EL Gran Giovanny (Guillermo Cantillo).
- El Picó de Bartolo.
El Gran Freddy, de propiedad de la familia Hernández, que era operado por el legendario picotero conocido como "El Chule", este coloso sonoro reinaba en las verbenas del barrio Paz del Río. Su propietario guardaba en su residencia, en la parte posterior del hospital San Rafael, y cuando no tenía contrato, lo ponían a sonar para alegrar a todo el barrio San Bernardo.
Los éxitos que salían de sus bocinas aún retumban en la memoria: "Nuevo, nuevo", "Homenaje a los embajadores", "El faisán timbalero". Eran melodías que convocaban a chicos y grandes, que hacían que las familias salieran de sus casas para bailar en las calles.
Otro picó era del de los Hernández, llamado el Último Hit, así como el Nuevo Kung Fu,
La Diversidad de Sonidos
Pero Fundación no era territorio de solo dos picós. El pueblo vibraba con una diversidad impresionante de equipos, cada uno con su personalidad y su séquito de seguidores fieles.
El Gran Sandy, propiedad de Lucho Pérez en el barrio Paz del Río, llevaba ese nombre en honor a su hijo Sandino. El Baracutey de Carlos Camargo, del barrio Ariguaní, llegó después de los 70 y cada vez que se montaba o desmontaba era un espectáculo que movilizaba a medio pueblo.
El Gran Minald, El Guerrillero de Jader Fontalvo, y el picó de Bartolo —quien vivía en Loma Fresca y tenía la costumbre encantadora de dedicar discos a los novios por la bocina— completaban el panorama sonoro.
También estaban El Guerry, El Haitiano de Segundo Peña (luego se conoció como El Segu), y el picó de Jorge.
Algunos fundanenses recuerdan haber visto gigantes de otras ciudades como El Rojo y El Sibancú de Barranquilla, colosos de unas 80 columnas que visitaban el pueblo en los años 70 y dejaban a todos boquiabiertos.
Duelos Épicos: Cuando los Picós se medían
Una de las tradiciones más emocionantes de aquellos tiempos eran los duelos de picós. El enfrentamiento entre El Gran Freddy y El Kung Fu en la Caseta Paraíso de William Yidi, al lado del Cine Lord, sigue siendo motivo de conversación entre quienes tuvieron la fortuna de presenciarlo. Eran batallas sonoras donde cada picotero sacaba sus mejores discos, sus efectos más impresionantes, y el público decidía quién era el ganador con su entusiasmo desbordado.
El Nuevo Kung Fu era otro de los grandes contendientes en estas lides musicales, junto con El Gran Geovanny, que también dejó su huella imborrable en la historia sonora del pueblo.
Las Casetas: Templos de la Alegría
Si los picós eran los reyes, las casetas eran sus palacios. Durante los carnavales, estos espacios se transformaban en verdaderos templos de la alegría donde la familia entera podía disfrutar.
Casetas como:
- La Fronteriza,
- La Vallenata (Idema),
- Los Cauchos,
- La Manigua,
- Los Morrocollos ,
- El Mongongazo (Ariguaní),
- El Carito,
- La Super Bomba,
- Toro Negro,
- Los Guayabales (Centro)
- El Mambaco (Parque El Carmen),
En los carnavales la dinámica era perfecta: desde la una de la tarde comenzaba la fiesta para toda la familia. A las seis de la tarde apagaban los equipos, momento en que los niños eran enviados a casa para bañarse y comer. A las ocho de la noche, la fiesta se reanudaba con renovada energía y "se formaba la cipote recocha" hasta altas horas de la madrugada.
El Teatro Variedades y el Teatro Paraíso de los Yidi, también eran escenarios memorables durante los carnavales, amenizados por el locutor Corbacho y agrupaciones como la orquesta Jasban Magdalena o el conjunto de Chelo Rojano.
EL GRAN GIOVANNY
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En la historia de los picós de Fundación, uno alcanzó dimensión legendaria: El Gran Geovanny. Apodado "El Exterminador". Este coloso sonoro de propiedad de Guillermo Cantillo no solo era la sensación en Fundación: su fama se extendía por toda la región.
Con su sede en el barrio San Fernando, El Gran Geovanny se convirtió en sinónimo de potencia y espectáculo. No era simplemente un picó más en el repertorio del pueblo; era el picó, el que todos querían tener en sus fiestas, el que se ganaba todos los duelos gracias a la impresionante potencia que logró acumular. En las carpas de las corralejas, cuando El Gran Geovanny hacía su aparición, los demás equipos sabían que la batalla estaba perdida. Su sonido atronador no solo se escuchaba: se sentía en el pecho, vibraba en el alma.
Pero Guillermo Cantillo no se conformó con dominar el mundo de las verbenas, las corralejas, las casetas y los carnavales. Con visión de empresario innovador, convirtió a El Gran Geovanny en un fenómeno multimedia antes de que ese término existiera. Desde las 11 de la mañana, cuando la Selección Colombia tenía partido, Cantillo encendía su monstruo sonoro en el barrio San Fernando y desplegaba su innovación estrella: una pantalla gigante.
Era todo un acontecimiento. Las calles se llenaban, las familias llevaban sus sillas, los vecinos se aglomeraban para vivir la emoción del fútbol con un sonido que ningún televisor podía igualar. El rugido del estadio amplificado por las bocinas de El Gran Geovanny, los comentarios de los narradores retumbando por todo el barrio, la celebración de cada gol convertida en una fiesta colectiva. Era cine, era concierto, era comunidad: era Fundación en su máxima expresión.
El Gran Geovanny no solo exterminaba a sus rivales en los duelos de picós; eliminaba también cualquier posibilidad de aburrimiento en el pueblo. Era el rey indiscutible, el más potente de sus iguales, el que llevó la cultura del picó a otro nivel y grabó su nombre con letras de oro en la memoria colectiva de todos los fundanenses que tuvieron el privilegio de escucharlo rugir.
Ver: Vídeo sobre el Gran Giovanny
Un Legado que resiste en la Memoria
Hoy, esa tradición se ha transformado. Los picós gigantes han dado paso a equipos más modernos, las dinámicas sociales han cambiado, y aquellas verbenas familiares son cada vez más escasas. Pero en la memoria de quienes vivieron esos años 70 y 80 en Fundación, los nombres de El Gran Freddy, El Baracutey, El Kung Fu, El Gran Sandy y tantos otros siguen resonando con la misma potencia que tenían sus bocinas.
Porque los picós de Fundación no eran solo equipos de sonido: eran el corazón que hacía latir al pueblo, el punto de encuentro de generaciones, el lugar donde se forjaban amistades y amores, donde se celebraba la vida misma. Eran, en definitiva, la banda sonora de una época irrepetible que sigue viva en el corazón de cada fundanense que tuvo la fortuna de vivirla.
Pintura picotera: Cuando el Sonido se hizo Arte
- CARNAVALES FUNDANENSES
- CORRALEJAS FUNDANENSES
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- FIESTAS DEL CAIMÁN
- PAPAYERAS DE FUNDACIÓN
- FUNDANENSE FABRICANTE DE ACORDEONES
- HISTORIA DE LA CUMBIA
- LA DANZA EN EL MAGDALENA
- RUMBA EN LA COSTA: AÑOS 20s


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