enero 12, 2026

LOS PICÓS DE FUNDACIÓN

Cuando la música vibraba 
en todo el pueblo 

Fundación fue, desde sus orígenes, cuna de juglares del acordeón y semillero de bandas musicales. Más tarde, con la llegada del servicio eléctrico, floreció la cultura picotera que transformaría para siempre el paisaje sonoro de la Villa.

Durante los años 70, 80 y principios de los 90, no hacía falta anunciar una fiesta: bastaba con escuchar el estruendo inconfundible de los picós que llenaban el aire con champeta, salsa y ritmos africanos, haciendo vibrar hasta los cimientos de las casas. Aquella era una época en la que la música no solo se escuchaba: se vivía, se respiraba, se sentía en cada rincón del pueblo.

El Rey de las Verbenas

El picó, esa gran "maquina" de sonido de innovación artesanal local (tanto en lo técnico como en lo pictórico), era el rey de las verbenas y de las casetas, anibanan la vida festiva, social y musical de la población.

Su configuración social guarda muchas semejanzas con la realidad antillana del sound system, la brasileña del aparelhagem, la mexicana del sonidero y la venezolana de las minitecas. 

El origen del picó se demarca principalmente en la ciudad de Barranquilla y seguidamente Cartagena, por ser las ciudades con mayor comercio y conexión con el Gran Caribe y con el resto del mundo, ciudades-puerto, lograron consolidar estas invenciones tecnológicas entre los años 40s y 50s del siglo XX. Como innovación en la vida festiva se expandió poco a poco a otras ciudades y zonas rurales del Caribe continental e insular (San Andrés y Providencia), convirtiéndose en un distintivo cultural de la región. 

En la actualidad se podría distinguir dos tipos de picó: el turbo y el fraccionado. El primero se relaciona a la emergencia de este sistema de sonido, con unos bafles de metro y medio aproximadamente y llamados coloquialmente “escaparate”, que es donde se funde las obras pictóricas relacionadas al nombre del picó, y, a los costados de estos bafles se localiza la tornamesa de reproductor de acetatos preferentemente pero también se encuentran consolas de sonido modernas (digitales y con conexión a internet), espacio donde trabaja el legendario picotero, el que organiza la programación musical. 

El fraccionado se localiza históricamente entre los años 80s y 90s, como un salto tecnológico con diversificación de los sonidos altos, medios y bajos, en una estructura fraccionada en conjunto que actualmente pueden llegar a medir hasta 14 metros de altura por 10 de ancho, la consola de sonido es toda una tarima en el centro de este monstruo sónico, donde ya se aprecia el DJ, rodeado tanto de bafles modernos como de un aparataje de luces y pantallas de video.

Picós Fundanenses

Varios de estos monstruos del sonido y de la diversión aún resuenan con fuerza en la memoria colectiva de los fundanenses:

  • El Gran Freddy (Hernández)
  • El Último Hit
  • El Baracutey (Carlos Camargo)
  • El Nuevo Kung Fu.
  • El Gran Sandy (Lucho Pérez).
  • El Gran Minald, 
  • El Guerry (Jader Fontalvo)
  • El Haitiano (Segundo Peña, luego llamado El Segu)
  • EL Gran Giovanny (Guillermo Cantillo).
  • El Picó de Bartolo.

 El Gran Freddy, de propiedad de la familia Hernández, que era operado por el legendario picotero conocido como "El Chule", este coloso sonoro reinaba en las verbenas del barrio Paz del Río. Su propietario guardaba en su residencia, en la parte posterior del hospital San Rafael, y cuando no tenía contrato, lo ponían a sonar para alegrar a todo el barrio San Bernardo.

Los éxitos que salían de sus bocinas aún retumban en la memoria: "Nuevo, nuevo", "Homenaje a los embajadores", "El faisán timbalero". Eran melodías que convocaban a chicos y grandes, que hacían que las familias salieran de sus casas para bailar en las calles. 

Otro picó era del de los Hernández, llamado el Último Hit, así como el Nuevo Kung Fu, 

La Diversidad de Sonidos

Pero Fundación no era territorio de solo dos picós. El pueblo vibraba con una diversidad impresionante de equipos, cada uno con su personalidad y su séquito de seguidores fieles.

El Gran Sandy, propiedad de Lucho Pérez en el barrio Paz del Río, llevaba ese nombre en honor a su hijo Sandino. El Baracutey de Carlos Camargo, del barrio Ariguaní, llegó después de los 70 y cada vez que se montaba o desmontaba era un espectáculo que movilizaba a medio pueblo. 

El Gran Minald, El Guerrillero de Jader Fontalvo, y el picó de Bartolo —quien vivía en Loma Fresca y tenía la costumbre encantadora de dedicar discos a los novios por la bocina— completaban el panorama sonoro.

También estaban El Guerry, El Haitiano de Segundo Peña (luego se conoció como El Segu), y el picó de Jorge. 

Algunos fundanenses recuerdan haber visto gigantes de otras ciudades como El Rojo y El Sibancú de Barranquilla, colosos de unas 80 columnas que visitaban el pueblo en los años 70 y dejaban a todos boquiabiertos.

Duelos Épicos: Cuando los Picós se medían

Una de las tradiciones más emocionantes de aquellos tiempos eran los duelos de picós. El enfrentamiento entre El Gran Freddy y El Kung Fu en la Caseta Paraíso de William Yidi, al lado del Cine Lord, sigue siendo motivo de conversación entre quienes tuvieron la fortuna de presenciarlo. Eran batallas sonoras donde cada picotero sacaba sus mejores discos, sus efectos más impresionantes, y el público decidía quién era el ganador con su entusiasmo desbordado.

El Nuevo Kung Fu era otro de los grandes contendientes en estas lides musicales, junto con El Gran Geovanny, que también dejó su huella imborrable en la historia sonora del pueblo.

Las Casetas: Templos de la Alegría

Si los picós eran los reyes, las casetas eran sus palacios. Durante los carnavales, estos espacios se transformaban en verdaderos templos de la alegría donde la familia entera podía disfrutar. 

Casetas como: 

  • La Fronteriza,
  • La Vallenata (Idema), 
  • Los Cauchos, 
  • La Manigua, 
  • Los Morrocollos , 
  • El Mongongazo (Ariguaní), 
  • El Carito, 
  • La Super Bomba, 
  • Toro Negro, 
  • Los Guayabales (Centro)
  • El Mambaco (Parque El Carmen), 
Son nombres que evocan tardes enteras de baile y diversión.

En los carnavales la dinámica era perfecta: desde la una de la tarde comenzaba la fiesta para toda la familia. A las seis de la tarde apagaban los equipos, momento en que los niños eran enviados a casa para bañarse y comer. A las ocho de la noche, la fiesta se reanudaba con renovada energía y "se formaba la cipote recocha" hasta altas horas de la madrugada.

El Teatro Variedades y el Teatro Paraíso de los Yidi, también eran escenarios memorables durante los carnavales, amenizados por el locutor Corbacho y agrupaciones como la orquesta Jasban Magdalena o el conjunto de Chelo Rojano.

EL GRAN GIOVANNY


En la historia de los picós de Fundación, uno alcanzó dimensión legendaria: El Gran Geovanny. Apodado "El Exterminador". Este coloso sonoro de propiedad de Guillermo Cantillo no solo era la sensación en Fundación: su fama se extendía por toda la región.

Con su sede en el barrio San Fernando, El Gran Geovanny se convirtió en sinónimo de potencia y espectáculo. No era simplemente un picó más en el repertorio del pueblo; era el picó, el que todos querían tener en sus fiestas, el que se ganaba todos los duelos gracias a la impresionante potencia que logró acumular. En las carpas de las corralejas, cuando El Gran Geovanny hacía su aparición, los demás equipos sabían que la batalla estaba perdida. Su sonido atronador no solo se escuchaba: se sentía en el pecho, vibraba en el alma.

Pero Guillermo Cantillo no se conformó con dominar el mundo de las verbenas, las corralejas, las casetas y los carnavales. Con visión de empresario innovador, convirtió a El Gran Geovanny en un fenómeno multimedia antes de que ese término existiera. Desde las 11 de la mañana, cuando la Selección Colombia tenía partido, Cantillo encendía su monstruo sonoro en el barrio San Fernando y desplegaba su innovación estrella: una pantalla gigante.

Era todo un acontecimiento. Las calles se llenaban, las familias llevaban sus sillas, los vecinos se aglomeraban para vivir la emoción del fútbol con un sonido que ningún televisor podía igualar. El rugido del estadio amplificado por las bocinas de El Gran Geovanny, los comentarios de los narradores retumbando por todo el barrio, la celebración de cada gol convertida en una fiesta colectiva. Era cine, era concierto, era comunidad: era Fundación en su máxima expresión.

El Gran Geovanny no solo exterminaba a sus rivales en los duelos de picós; eliminaba también cualquier posibilidad de aburrimiento en el pueblo. Era el rey indiscutible, el más potente de sus iguales, el que llevó la cultura del picó a otro nivel y grabó su nombre con letras de oro en la memoria colectiva de todos los fundanenses que tuvieron el privilegio de escucharlo rugir.

Ver: Vídeo sobre el Gran Giovanny




Un Legado que resiste en la Memoria

Hoy, esa tradición se ha transformado. Los picós gigantes han dado paso a equipos más modernos, las dinámicas sociales han cambiado, y aquellas verbenas familiares son cada vez más escasas. Pero en la memoria de quienes vivieron esos años 70 y 80 en Fundación, los nombres de El Gran Freddy, El Baracutey, El Kung Fu, El Gran Sandy y tantos otros siguen resonando con la misma potencia que tenían sus bocinas.

Porque los picós de Fundación no eran solo equipos de sonido: eran el corazón que hacía latir al pueblo, el punto de encuentro de generaciones, el lugar donde se forjaban amistades y amores, donde se celebraba la vida misma. Eran, en definitiva, la banda sonora de una época irrepetible que sigue viva en el corazón de cada fundanense que tuvo la fortuna de vivirla.

La industria del PICK UP: El Corazón Sónico y Majestuoso del Caribe Colombiano
En las barriadas del Caribe, allí donde el sol calienta el cemento y la brisa trae olor a mar, se erige un tótem de colores y potencia: el picó. Más que un simple equipo de música, el picó es un majestuoso sistema de sonido modificado con innovación artesanal local, tanto en su parte técnica como en su vibrante propuesta pictórica, diseñado para animar la vida festiva y musical de nuestras comunidades.

Raíces de una Tradición Sónica
La historia de esta "máquina de alegría" se remonta a las ciudades de Barranquilla y Cartagena entre los años 40 y 50 del siglo XX.
 Gracias a su conexión comercial con el Gran Caribe y el resto del mundo, estas ciudades consolidaron invenciones tecnológicas propias que luego se expandirían por toda la región continental e insular, convirtiéndose en un distintivo cultural único.
Con el tiempo, el picó se transformó en el centro de las casetas, verbenas y conciertos barriales, donde el "picotero" (el encargado de la programación musical) se convirtió en una figura legendaria que organiza la banda sonora de la vida popular.

Del "Escaparate" al Monstruo Sónico
Para entender nuestra cultura, hay que distinguir las dos grandes ramas de este árbol genealógico musical:
1. El Turbo: Es el estilo original y nostálgico. Se caracteriza por bafles de aproximadamente un metro y medio, llamados coloquialmente “escaparates”. Es aquí donde brilla el arte pictográfico, con obras que dan identidad al equipo.
A finales de la década de los 60, el legendario picó "El Sicodélico", del barrio El Bosque de Barranquilla, fue el primer aparato de sonido en salir con dos enormes bafles al estilo armario y/o escaparate, uno grande al que los verbeneros le acuñaron con el apelativo de "El Camastrón" acompañado de otro bafle de menos tamaño que apodaron "La Mascota".

2. El Fraccionado: Surgido entre los años 80 y 90, representa un salto tecnológico hacia la potencia extrema. Son estructuras monumentales que pueden alcanzar hasta 14 metros de altura, equipadas con luces, pantallas de video y una consola que parece una tarima de mando para el DJ.
Para el año de 1973, el picó El Concorde, de propiedad del señor Tony Wong, aparece en el escenario picotero y verbenero, dando el importante paso de la tecnología de tubos al vacío al transistor. Lo hizo con un pre amplificador o controlador de sonido, al interior de la consola de su picó.

Pintura picotera: Cuando el Sonido se hizo Arte

Pero el picó no era solo sonido atronador y ritmos contagiosos; también se convirtió en una expresión del arte plástico popular, en lienzos monumentales que competían en belleza tanto como en decibeles. Y como toda revolución artística, esta tuvo su pionero.

La primera persona que se atrevió a transformar estos gigantes sonoros en obras de arte fue Máximo Forero, un cartagenero visionario cuya firma "Max Forero" quedó inmortalizada en la historia de la cultura picotera. Fue él quien emprendió la hazaña de pintar, por primera vez, el bafle de un picó. El elegido para este hito histórico fue "El Perro" de Cartagena, propiedad de Jesús María Villalobos, en el año 1967.

Aquel acto inaugural marcó el inicio de una tradición que definiría la estética de los picós para siempre. Lo que antes eran simples cajas de madera se transformaron en galerías ambulantes, en murales callejeros que desplegaban colores vibrantes, personajes fantásticos, letras audaces y diseños que capturaban la esencia del Caribe colombiano. Cada picó desarrolló su propia identidad visual, su propio lenguaje artístico que lo hacía inconfundible incluso antes de que sonara la primera nota.

Max Forero no solo pintó un bafle; inauguró una forma de arte que convertiría a los picós en íconos culturales, en piezas de museo rodante que llevaban el arte a las calles, a las verbenas, a los barrios populares donde la gente bailaba rodeada de estas obras maestras sin saber que estaban presenciando historia viva del arte popular colombiano.
Magdalena: Tierra de Resistencia y Patrimonio
El picó ha librado una batalla constante contra la estigmatización y las restricciones. Sin embargo, Santa Marta fue pionera en el reconocimiento de esta cultura, logrando en 2016 que el picó fuera incluido en el inventario del patrimonio cultural del distrito gracias al trabajo conjunto de la Universidad del Magdalena y la asociación ASOPIMARTA.

El Futuro: "Las Tres Perlas"
Hoy en día, el movimiento picotero busca blindarse como un activo cultural nacional a través del proyecto "Las Tres Perlas", que une los esfuerzos de Santa Marta, Barranquilla y Cartagena frente al Ministerio de las Culturas. El objetivo es claro: proteger la economía popular y el derecho al trabajo de dueños, pintores, técnicos y vendedores que viven alrededor de esta vibrante manifestación.

"Los picós no solo es música de volumen alto, también es identidad, resistencia y patrimonio del Caribe"




Ver también:

 



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