octubre 17, 2026

MIGUEL PEÑALOZA ORTA

 

“Demasiado bien”: 
el hombre que le canta a Fundación

Este compositor fundanense sigue escribiendo canciones,
 sembrando tierra y respondiendo a todo el que lo saluda con la misma sentencia.


Pregúntale a Miguel Ángel Peñaloza Orta cómo se encuentra y siempre te va a contestar con una la sonrisa: “¡Demasiado bien!”. 

Lo dice con tres signos de admiración y gran carga de optimismo cualquier día, a cualquier hora, y en cualquier circunstancia. Con el tiempo esa respuesta se volvió su marca, al igual que sus canciones.

Miguel nació en Fundación, el 6 de septiembre de 1937. A los 10 años la música le había picado el alma. La guitarra le venía de familia: su papá la tocaba, y su primo hermano, Antonio María Peñaloza, es nada menos que el autor de “Te olvidé”, el tema insignia del Carnaval de Barranquilla. Con esa herencia musical se ha convertido en un referente cultural. Su música es de diferentes géneros, por eso se considera polifacético, pero se inclinó más por el vallenato tradicional, dándole vida a muchas canciones que hoy son su gran legado. 


Del pueblo a la radio

Entre 1955 y 1960 vivió en Valledupar. Allí fue artista de Radio Valledupar y tuvo su propio programa: A conseguir un sueño, del que salieron muchos artistas. 

Fue uno de los primeros cantantes de Colacho Mendoza, anduvo con el trío de guitarras del grupo cienaguero de Efraín Burgos y acompañó con su guitarra a Luis Enrique Martínez, quien en los años 60 le grabó canciones de su autoría, entre ellas “Rocío”, dedicada a una de sus hijas más reconocidas y recordadas en la ciudad.

Las canciones de Migue han nacido de lo que tenía a mano: la vida diaria, el pueblo, las mujeres, los amigos, la familia, el río que baña su terruño. 

Escribió “Canto a Fundación”, grabada por Silvio Brito y por la agrupación vallenata Fantasía 2000. Al igual que “Mi Sendero”, “Consuelito”, “Mi Pueblo”, “Empe”, “A mi Madre”, “Cumbia Vera” y “Colombia Linda”, una invitación a que el país viva en paz. La cumbia “Vera” fue grabada por Armando Pulido y El Gran Combo.

En 2005, junto a su hijo Jhonatan, sacó el trabajo discográfico Mi Pueblo, con voces como las de Silvio Brito, Ivo Díaz, Jorge Viloria y Débora Miranda. Ahí también aparecen “Sonia”, “Mis Amores”, “Nancy Querida” y “Río Variable”.


Vallenato sin trago



Hay un detalle que lo hace distinto en el folclor: Miguel nunca ha tomado licor. Y en el vallenato, dice, para ser famoso hay que ser parrandero. Él mismo atribuye que su abstinencia por el alcohol es la causa de que su obra no haya tenido la difusión que merece. Pero no se queja ni se detiene. 

Migue es además un recocido comerciante, hotelero, agricultor y ganadero, un emprendedor que mientras trabajaba la tierra le seguía sacando versos a la vida. Se hizo un gran empresario comercializando mercancía extranjera que adquiría en Maicao.

Se casó con Emperatriz Bermúdez, hija de Israel Bermúdez, el famoso boticario de Fundación. Tiene más de 15 hijos fruto de varios hogares. 

Otra de sus frases es que “la fe mueve montañas”, por eso siempre pone a Dios al frente de cada empeño.

El día que se enteró que padecía cáncer, se miró al espejo y se dijo: 

Migue tenemos problemas, pero de ésta salimos adelante!. 

Sus médicos con muchas prevenciones sobre el éxito del tratamiento, se han sorprendido de su positivismo y de como esta actitud ha influido en su evolución por varios años.


Reconocimientos


Homenaje del Consejo de Santa Marta
2013
 

El 16 de octubre de 2013, el Concejo de Santa Marta homenajeó a varios compositores del Magdalena, y entre ellos estaba este ilustre artista fundanense. 

El 4 de junio de 2022, en el cumpleaños número 77 de Fundación, el alcalde Carlos Alberto Sierra Sánchez y el Concejo Municipal lo condecoraron con la medalla al mérito Manuel Faustino Mójica, por su aporte al desarrollo del municipio.

A los que vienen


Con sus hijos

Con sus casi noventa años sigue componiendo y de seguro alistando un nuevo disco. A las nuevas generaciones les pide que hagan buena música y no maltraten el folclor con letras vulgares que no dejan nada. El vallenato tradicional, dice, es poesía que honra la naturaleza, el amor y la vida.

Finalmente, si usted lo vuelve a ver en Fundación y le pregunta cómo se encuentra, ya conoces de antemano su segura y afamada respuesta:  “¡Demasiado bien!”.


Ver más sobre Miguel Peñaloza: 












FARO DE SANTA MARTA

 

El Faro del Morro

el centinela de Santa Marta


Quien ha llegado a Santa Marta, “la Perla de América”, conoce esa estampa que no se olvida: un peñón oscuro que se levanta del mar, y sobre él, firme como un vigía, el faro. Los samarios lo miramos desde siempre. Para nosotros es parte del paisaje, como la brisa de la tarde o la Sierra Nevada al fondo.

Una roca con carácter

El Morro es un islote rocoso de apenas 1.343 metros cuadrados, a unos 2,5 kilómetros de la playa, justo frente a la ciudad. Se alza más de 60 metros sobre el agua y desde esa altura ilumina una de las bahías más hermosas del Caribe. El faro, también llamado “el de Santa Marta”, lleva en el registro el número COL-028.

Más de siglo y medio de luz

Su historia comienza en el siglo XIX. El Congreso de Colombia, mediante la Ley sobre Fanales, autorizó levantar una torre sobre una base de hormigón en las ruinas de la batería alta de Santa Ana, dentro del viejo fuerte de El Morro. Es decir, el faro nació sobre las piedras de una antigua defensa. Se encendió por primera vez en 1869.

Desde entonces ha tenido varias vidas:

  • 4 de diciembre de 1971: se enciende el faro actual, con quemadores y cilindros de gas acetileno.
  • 22 de mayo de 1982: llega la electricidad y se deja atrás el gas. La linterna alcanzaba 12 millas náuticas.
  • 1998: el 29 de junio arranca la construcción de una nueva torre, que se termina en noviembre.
  • 14 de enero de 1999: el faro vuelve a encenderse, ahora con una lámpara rotatoria alimentada por paneles solares.
  • 2002: la linterna se desmonta por fallas mecánicas imposibles de reparar, y el faro sigue funcionando con destellos luminosos.
  • 19 de febrero de 2010: siguiendo la modernización de los faros colombianos impulsada por la Dirección General Marítima (DIMAR), se instala una linterna rotatoria TRB con alcance de 24 millas náuticas.

La torre actual tiene 22 metros de alto, planta hexagonal y cuatro pisos. Sumados a los casi 63 metros del morro, el conjunto llega a 85 metros sobre el mar.

La leyenda del sol y la luna

Mucho antes de que hubiera luz de faro, los indígenas subían al Morro a ver caer el sol. Para ellos era el icono de la bahía y le tenían una explicación hermosa a ese atardecer. Creían que el sol y la luna se amaban, y que cuando llegaba la noche nacían los frutos de ese amor: las estrellas y los luceros. Así, el faro que hoy alumbra a los barcos se levanta en un sitio que ya era sagrado y poético desde antes.

Patrimonio y pantalla grande

En 1995, el gobierno colombiano inscribió el faro de Santa Marta en el listado de propiedades del país, reconociéndolo como patrimonio. Y el cine también se fijó en él: el director Pacho Bottía rodó en la isla El Morro su largometraje El Faro.

Un símbolo samario

Para el pescador que sale de madrugada, el faro es la señal de que va bien orientado. Para el turista, es la postal del atardecer. Para el samario, es casa. Y mientras gire su luz sobre la bahía, Santa Marta, la ciudad más antigua de Colombia, seguirá teniendo quien la cuide desde lo alto.







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septiembre 26, 2026

CARLOS JUVINAO ACOSTA

 

La historia de un sueño 
que se convirtió en escuela



La memoria deportiva de Fundación no se conserva en trofeos ni esculturas, sino en la arena de un callejón donde dos arcos de madera y un saco viejo hicieron las veces de portería. 

Durante más de cincuenta años el futbol fundanense tuvo un apasionado y también un guardián: Carlos Emilio Juvinao Acosta, "el profe Carlitos Juvinao", quien murió en Cartagena el 19 de septiembre, a los 63 años, dejando tras de sí generaciones enteras de niños que aprendieron con él a tocar un balón y a soñar en grande.

Una infancia de calle y pelota

Carlos nació en Fundación el 22 de octubre de 1962, en la misma casa donde viviría el resto de su vida. Su padre, Carlos Juvinao Ibarra, había sido futbolista y pelotero de sóftbol, y fue quien le sembró dos pasiones que ya nunca se separarían de su vida: el fútbol y el Unión Magdalena. 

El viejo Juvinao había viajado hasta Santa Marta en 1968 para presenciar el único título de liga que el club samario conquistaría en su historia, y desde entonces llevaba a sus hijos al estadio Eduardo Santos. "Se nos metió en la sangre el amor por el Unión", diría Carlos décadas después, sin rencor por los sinsabores que ese amor le acarrearía.

Pero antes del estadio estuvo la calle. A los ocho años, en un callejón cerca de su casa, —contigua al comando de Policía—, entre la calle 3 y las carreras 6. Carlos y los pelaos de su barrio armaban dos arquitos de madera al que le colgaban un saco que hacía de malla. Jugaban todas las tardes hasta que el cuerpo aguantara, y cuando llovía dado que se inundaba el callejón se mudaban a la avenida 3, donde cuando pasaba un vehículo se veían obligados a detener el balón un instante antes de seguir. No había otra cancha que esa, ni otra regla que la "línea afuera": el equipo al que le hacían gol salía, y entraba el siguiente. 

De esa niñez de barrio y balón de trapo saldría, años más tarde, un futbolista que llegaría a tocar la puerta del fútbol profesional colombiano —y, sobre todo, un formador que dedicaría su vida a que otros la tocaran también.

A los doce años pasó a integrar la selección de su colegio el Francisco de Paula Santander "el Oficial", que por esos años tenía su sede en lo que hoy es el barrio Altamira, donde debutaba en intercolegiales.

Atlético Avenida


Atlético Avenida

De los juegos callejeros nació el Club Atlético Avenida, integrado por muchachos del sector, tan compenetrado que —recordaba Carlos con cierto orgullo— resultaba difícil que un jugador ajeno al barrio lograra entrar. Cada quien tenía su posición; él, ambidiestro, se acomodaba de lateral derecho o izquierdo, de central o de volante mixto número 8, y marcaba goles con cualquiera de las dos piernas. Su padre dirigió el equipo al principio; después llegarían el profesor Carlos Velázquez y Fermín Duarte, un joven que tenía una tienda.

Selección Fundación


El buen nivel del Atlético Avenida no pasó inadvertido para Rafael Castañeda Navarro, el hombre que dejó huella en el deporte fundanense, y a quien hoy el estadio de Fundación le rinde homenaje con su nombre. 

Castañeda convocó a buena parte del Avenida para integrar la selección del municipio de Fundación, que se midió en torneos intermunicipales contra Santa Marta, El Banco y Aracataca, entre otros, en escenarios que hoy resultarían inimaginables: el propio estadio de Fundación era apenas un óvalo de paredes con dos arcos, por donde entraban chivos y cerdos, y los jugadores debían recoger los desechos antes de poder rodar el balón.

Para subirle el nivel a esta selección en una ocasión los entrenó Malaza Vargas, quien fue jugador y director técnico del Unión Magdalena.

De aquella generación saldrían nombres que después brillarían en el fútbol profesional colombiano —pero para Carlitos hubo uno que resumía mejor que ningún otro lo que Fundación podía dar al fútbol nacional: Emilio Barraza Cervantes "El Niño", oriundo del corregimiento de Sampués, puntero izquierdo de dominio prodigioso que llegó a jugar Copa Libertadores con el Junior y a vestir la camiseta de la Selección Colombia, y de quien el propio Carlos "el Pibe" Valderrama llegó a decir, en una entrevista, que había sido de los mejores compañeros que tuvo, y peguntó: ¿qué se hizo ese jugador que hubiera sido una estrella en Colombia?. Lo que no sabía el Pibe es que Barraza había sido asesinado en Fundación luego de retirado del fútbol. Carlos nunca dejó de recordar a este jugador que creció con él en el Club Avenida, y esa memoria terminaría dándole nombre a la obra de su vida.

Valledupar

Luego, el padre de Carlitos se trasladó a Valledupar por motivos de trabajo. Su progenitor, además de fútbol, jugaba sóftbol, y fue así como conoció en esa ciudad a Antonio Rada, a quien le comentó que tenía dos hijos en Fundación que jugaban muy bien al fútbol: Carlos Emilio y Carlos Alberto. Antonio los convocó entre los preseleccionados de la naciente Selección del Atlético Cesar.

Gracias a su buen desempeño, los hermanos Juvinao fueron escogidos entre los 22 jugadores de aquel equipo, cantera de la que saldrían grandes figuras del fútbol profesional colombiano, como Carlos Araújo, José María Pazo y Kiko Barrios.

José María Pazo fue arquero campeón con el Junior en 1993 y semifinalista de la Copa Libertadores en 1995. También integró la Selección Colombia que asistió al Mundial de 1994, donde fue el tercer arquero, y hoy se desempeña como entrenador de arqueros de la Selección. Kiko Barrios, por su parte, fue uno de los grandes goleadores del fútbol colombiano con el Bucaramanga.

Carlos Juvinao regresó a Fundación, donde un día llegó un señor de Bucaramanga que le manifestó que una empresa necesitaba jugadores para un equipo. El profe, en compañía de otro jugador, viajó a esa ciudad para debutar en un club privado que contaba con una gran cancha y piscina. Allí, un cazatalentos del Bucaramanga se acercó a observar el desempeño de los dos fundanenses; le preguntó a Juvinao su edad y su procedencia, y terminó invitándolo a integrar el equipo de la categoría B, donde jugó varios torneos. Con el tiempo, volvió de nuevo a Fundación.


Barranquilla: el sueño y la oportunidad

Con su padre y hermanos

A los 19 años, ya casado y con su primera hija en camino, Carlos recibió la invitación que todo muchacho de pueblo esperaba: Rafael Castañeda se le presentó en su cada en Fundación, y le expresó que el Junior necesitaba un lateral y lo convidó a presentarse en Barranquilla. Dudó —la responsabilidad de una familia que empezaba pesaba más que cualquier sueño—, pero Castañeda lo persuadió de sus grandes talentos y la oportunidad de vida que se le presentaba. Carlos terminó viajando junto a otros dos jugadores fundanenses, Luis Paez y Rafael Martínez. 

Rafael Castañeda gozaba de mucha confianza en el Junior debido a que ya había enviado a Emilio Barraza y este había demostrado su porvenir futbolístico.

Juvinao en su primer entrenamiento sobre una cancha de tierra del barrio La Magdalena de Barranquilla, mostró su destreza y calidad, marcando dos goles siendo lateral. El gesto no pasó desapercibido: a la semana se presentaron los directivos de las selecciones menores: el Papi Peña y Gutiérrez, y escogieron a Juvinao entre los pocos que fueron escogidos. Luis Paez y Rafael Martínez no estuvieron a la altura, no sudaron la camiseta como lo hacían en Fundación, en cambio Carlitos se fajó y la tiró toda, de tal suerte que los que deseaban quedarse fueron devueltos y el que se fue sin ganas se quedó. De esta forma Carlitos Juvinao quedó incorporado a las divisiones menores del Junior en calidad de prueba (equipo de la B, especial de reserva), donde compartió cancha y entrenamientos con jugadores de la profesional, y donde alcanzó a rozar, en las prácticas conjuntas, a ídolos que admiraba desde la grada imaginaria de Fundación: Óscar Bolaño (padre), el Boricua Zárate, Dulio Miranda, Toto Rubio.  En el equipo de la B, Juvinao fue compañero  de Alambrito Herazo, Alexis Mendoza, Campbell, así como de algunos excompañeros del Atlético Cesar como Carlos Araujo, José María Pazo, Kiko Barrios, 

Pero ser jugador en prueba significaba alojamiento y comida, no salario. Y Carlos tenía un hogar por el que velar, y a pesar de que su suegra, que era vendedora de pescado en el mercado de Fundación, había decidido apoyarlo en su sueño asumiendo los gastos de su esposa e hija recién nacida, pudo más en él la responsabilidad, de tal suerte que solo duró en el Junior poco más de un año, sosteniéndose a veces de lo que le prestaba su compañero Emilio Barraza, hasta que la necesidad se impuso sobre la ilusión: regresó a Fundación. 

Su verdadero sueño, confesaría después, nunca fue el Junior sino el Unión Magdalena, el club de su padre; Barranquilla había sido apenas el camino para llegar allá, y ese camino se cerró antes de tiempo, no por falta de talento sino por falta de dinero. "Hay noches que le pregunto a la almohada, sí debí haberme quedado en el Junior", diría muchos años más tarde, sin amargura, con la serenidad de quien hizo las paces con su propia historia: "Pero estoy tranquilo, porque soy consciente de que no se pudo".

Del Junior se trajo sudadera, guayos, uniformes..., implementos que regaló no solo para dejar atrás su sueño, también porque su corazón siempre estuvo en el Unión y no en el equipo rojiblanco. En el Unión admiraba al Indio del Risco, con su cabellera larga, a tal punto que se dejó crecer el pelo para parecerse a él. Una vez fue convocado a la selección Magdalena con otros de Fundación, pero el único que pudo asistir fue Emilio Barraza ya que su madre le pudo financiar sus gastos.


ESCUELA EMILIO BARRAZA CERVANTES


Junior 1981
Dulio Miranda, Omar Alfredo Galván, Juan Miguel Tutino,
Alfredo Araújo, Bonifacio Martínez, Oscar Bolaño,
Fernando Fiorillo, Carlos Molinares, Emilio Barraza y Luis Grau.


De jugador frustrado a formador de generaciones

A los 35 años, Carlos colgó los guayos definitivamente. Pero no se alejó del fútbol: lo trasladó a la puerta de su casa. Un día vio jugar en la calle a sus propios hijos (Carlos y Esnaider) junto a otros muchachos del barrio que mostraban destreza, y les propuso, casi sin pensarlo, armarles un equipo, ellos con mucha ilusión a coro aceptaron. Un vecino, Pablo Robayo, donó la primera implementación deportiva del equipo —camisetas amarillas, pantalonetas rojas, balones, guantes de arquero— y así, en 1997, nació lo que al principio la gente simplemente llamaba "equipo Juvinao".

Carlos y Esnaider Juvinao, Rafa y Jotica Patiño, Leonardo y Juan Carlos Hoyos, entre otros, fueron los primeros miembros del equipo.

Los comienzos fueron duros: perdían con cinco, seis, hasta ocho goles. Pero Carlos no paró de entrenar. Con el tiempo, los mismos equipos que antes los goleaban empezaron a rehuir el enfrentamiento. Fue entonces cuando decidió que aquel proyecto necesitaba un nombre que fuera más allá del suyo, un nombre que le recordara a los niños de dónde podían llegar los muchachos de Fundación. Eligió el de Emilio Barraza Cervantes. 

La Escuela de Fútbol Emilio Barraza Cervantes, durante treinta años formó a cientos de niños en las categorías infantil, juvenil y abierta, cosechando títulos en sub-12, sub-14, sub-16 y categoría abierta, y entregando al fútbol regional nombres que hoy siguen sonando —incluido un joven de Buenos Aires, Adolfo Pertuz, al que Carlos descubrió marcando tres goles en un torneo local y a quien sostuvo, con lo poco que tenía, hasta verlo llegar a las divisiones menores del Atlético Huila.

El hijo del profesor Juvinao, también llamado Carlos, por invitación de Gustavo Canedo Londoño, participó en un torneo de Asefal, y por su debut en esta vitrina se  interesaron en él tanto el Bucaramanga como el Junior. Su padre le aconsejó que ingresara en las primeras divisiones el Junior que dirigía Campero Cervantes, y lo hospedó donde un hermano en Barranquilla, jugó como volante 10 zurdo, pero la esposa del profe Juvinao comenzó a interponerse y logró que su hijo regresara a Fundación para continuar con sus estudios de secundaria, frustrándose una vez más la vena profesional de esta estirpe de futbolistas de la familia Juvinao compuesta por los tres Carlos: Abuelo, Padre e Hijo. 

Otro hijo que prometía mucho futuro en esta disciplina, Esnaider, vio truncado su sueño por una enfermedad mortal que se lo llevó muy joven. Fue un volante que su padre convirtió en mixto, recorría la cancha con "ochenta" pulmones, cabeceaba, sacaba, y disparaba con fuerza al arco.

Uno de los tantos equipos que entrenó


"El éxito está en la disciplina"


Su casa llena de trofeos
logrados por sus alómanos de la escuela

Si algo repetía Carlos a sus alumnos, era esa frase que terminó siendo su filosofía de vida: el talento no basta si no viene acompañado de disciplina, de estudio y de respeto por las reglas del club. Él lo sabía por experiencia propia, porque había visto de cerca lo que la falta de recursos —y no la falta de calidad— podía hacerle a una carrera. Por eso su escuela nunca fue solo un lugar de entrenamiento táctico: fue, según cuentan sus propios alumnos, un espacio donde los niños encontraban también un amigo a quien contarle los problemas de la casa, un consejero, y en más de una ocasión, cuando las circunstancias familiares apretaban, hasta un techo. Todo esto sin ánimo de lucro, en un municipio donde el patrocinio nunca sobró y donde muchas veces Carlos ponía de su propio bolsillo los guayos o el pasaje que a algún niño le faltaba para viajar a un torneo.

Una vida marcada también por el dolor

El profesor Juvinao se casó con Rubí Monsalvo, nacida en el corregimiento de Buenos Aires, con quien tuvo cuatro hijos, de los que dos no sobrevivieron: una niña que murió a los nueve meses, y Esnaider, que, con apenas 16 años y siguiendo también los pasos futbolísticos de su padre, falleció en el año 2000 a causa de una leucemia, cuando prometía gran futuro en este deporte estando cursando noveno de bachillerato en el Instituto Fundación. 

Fue, sin duda, la pérdida más honda de su vida, una herida que —según cuentan quienes lo conocieron— nunca dejó de estar presente pero que tampoco logró apagar su carácter: seguía siendo, hasta el final, el hombre alegre y bromista que la gente de Fundación recuerda con cariño, ese que "mamaba gallo" en la puerta de su casa mientras tomaba café y hablaba de música con los vecinos.

Su Muerte: El último partido


En agosto de 2026 al profe Juvinao le diagnosticaron leucemia, la misma enfermedad que años atrás se había llevado a su hijo. Fue hospitalizado en Cartagena, donde necesitó transfusiones constantes de un tipo de sangre poco común, O negativo. La comunidad de Fundación —clubes, torneos aficionados, antiguos alumnos— organizó jornadas de recolección de dinero para sostener los gastos de su tratamiento, en un gesto que devolvía, de algún modo, todo lo que él había entregado durante treinta años. 

Sus últimos días hospitalizado
en Cartagena

Murió el sábado 19 de septiembre de 2026. Fue sepultado dos días después, el 21 de sept. en el cementerio San Rafael de Fundación, entre decenas de mensajes de despedida de antiguos jugadores, familiares y vecinos que coincidían en una misma imagen: la de un entrenador que nunca dejó de estar al borde de la cancha, gritando instrucciones, riéndose de sus propios errores tácticos, exigiendo un poco más de esfuerzo a cambio de una promesa que él mismo nunca pudo cumplir del todo, pero que ayudó a cumplir a tantos otros.

Con su muerte se cierra un ciclo de buenos momentos, la de un profesor y deportista residente, noble y bondadoso, que sentado en la puerta de su casa tomando café hablaba de música, deporte y chismes, con sus ocurrencias y risas. La Familia Juvinao Monsalve: Ruby, Dora, Carlos (cachaco), Katherine, Michelle; y la familia Juvinao Acosta: Jairo, Mabel (la muñe) Alberto (kiko) Alfonso (poncho) Carlos Alberto, Fernando, Maye, Fernando Maestre, así como su otra hija Xenith, demás familiares y amigos lo recordarán por siempre...

El fútbol fundanense perdió a uno de sus forjadores, pero su legado seguirá presente en cada niño y joven que tuvo la oportunidad de crecer con sus enseñanzas.




Ver: Vídeo de su funeral

El legado

Siempre alegre y jovial

Carlos Juvinao Acosta nunca jugó un partido de primera división. Su nombre no figura entre las grandes estrellas del fútbol colombiano. Pero en Fundación ese detalle importa poco. Lo que queda de él no se mide en la B del Junior ni en las selecciones que integró de joven, sino en las tres décadas que dedicó a una escuela que lleva, con toda justicia, el nombre del mejor jugador que ha dado su pueblo. Se mide en los niños que aprendieron a driblar en la misma calle que lo formó a él. Se mide en la palabra que sus alumnos repiten una y otra vez al despedirlo: "profe".

Carlitos Juvinao no llegó tan lejos como soñó de joven. Pero consiguió, con paciencia, alegría y sin recursos, que muchos otros sí pudieran intentarlo.

Dio la vida por esos niños, dejó una huella formativa, disciplina, humildad y amor por el deporte. Con el paso de los años, su familia le decía: "Papá, ¿para qué te esfuerzas tanto con la escuela? Ya no tienes necesidad de hacerlo". Pero para él, los martes y jueves eran sagrados junto a sus alumnos, y los sábados los pasaba enteros —muchas veces sin almorzar— en canchas como las de Buenos Aires, La Feria, La María o el estadio municipal, entre otras.

Algunos en Fundación lo recuerdan como “El Batatuo“ o Carlos Batata, el hombre que acuñó un término: guasamaleta, y que regaló su tiempo y su corazón al deporte.


¡Fundación está en deuda con este grande del deporte!


Su padre: Carlos Juvinao Ibarra



Ver también:

Entrevista a Carlos Juvinao en Café con el Deporte

Entrevista en Cayena TV



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septiembre 20, 2026

BARRANQUILLA: PIONERA DE LA RADIO EN COLOMBIA

 

Barranquilla encendió el primer micrófono de la radio colombiana

Elías Pellet Buitrago

El 8 de diciembre de 1929 quedó marcado en la historia de las comunicaciones en Colombia. Ese día salió al aire la emisora HKD, conocida después como La Voz de Barranquilla, la primera emisora comercial del país, organizada por Elías Pellet Buitrago, un experimentado radioaficionado. Apenas tres meses antes, el 5 de septiembre, había comenzado a transmitir la HJN, primera emisora pública y antecesora de la Radio Nacional de Colombia. Entre una y otra, 1929 se convirtió en el año fundacional de la radiodifusión colombiana. 1 2

El hombre detrás de la señal

Busto de Pellet en la Uniautónoma

Elías José Pellet Buitrago no llegó por azar a las ondas hertzianas. Fue hijo de Elías Pellet Salcedo y Pura Buitrago, y descendiente de Elías Porter Pellet, primer cónsul de los Estados Unidos en Barranquilla. Estudió en el Colegio Biffi y luego viajó a Estados Unidos para formarse en ingeniería eléctrica y radio. 1

De regreso en la capital del Atlántico trajo consigo un transmisor que instaló en su residencia y, tras varias pruebas, decidió oficializar las transmisiones con el nombre de La Voz de Barranquilla, identificada con las letras HKD en la frecuencia de 710 kilociclos y con carácter comercial. La inauguración, de carácter experimental, se cumplió el 8 de diciembre de 1929 en un salón de la carrera Líbano, entre las calles 53 y 54; en una victrola se colocaron el disco del Himno Nacional y un son grabado por una orquesta típica. 3  4

Hay un detalle que resume bien aquel momento pionero: las primeras emisiones no fueron escuchadas en Colombia, porque casi no había receptores, sino sintonizadas por onda corta en países de Centroamérica y el Caribe. Fue su insistencia ante el Ministerio de Correos y Telégrafos la que terminó haciendo oficial el funcionamiento de la primera emisora comercial del país. 

Las primeras figuras del micrófono

El entusiasmo de Pellet hizo que alrededor de la emisora se formara, casi de manera empírica, la primera generación de locutores colombianos. Entre ellos figuraron Tomás Emilio Alba Garzón, Sergio Martínez Aparicio, Napoleón Barraza, Emma Rebollo Samper —primera locutora colombiana con licencia de locución— y Alfonso Rosales Navarro, a quien se atribuye la creación del formato noticioso para radio. Con Rosales Navarro, el medio dejó de ser solo entretenimiento y se convirtió en un vehículo permanente de información. Gale

El caso de María Emma Revollo Samper merece capítulo aparte. Los micrófonos se le abrieron a los 23 años en la HKD, y más tarde pasó a La Voz de la Patria, la Emisora Atlántico y La Voz de la Víctor. Dirigió durante 34 años "La Hora del Agrado" y fue pionera de la radio infantil con "La Hora Infantil", entre 1930 y 1931. Se le decía "la novia del micrófono" y también "la voz de oro"; su licencia de radiocomunicadora llevaba el número 151 y le fue concedida el 22 de octubre de 1948 por el Ministerio de Correos y Telégrafos. Entendía la radio como un canal para educar y orientar, llegó a ser directora de la emisora y la Sociedad de Mejoras Públicas de Barranquilla le concedió la medalla "Honor al Mérito". 

Ver: Voces femeninas que surcaron el éter

Aquellos primeros locutores fueron autodidactas. Solo a partir de 1944 se reglamentó la profesión y se creó la licencia de locución en distintas categorías, un requisito que la Constitución de 1991 terminaría eliminando al establecer el libre ejercicio de los oficios que no exigen formación académica. 5 6

Una emisora que también fue escenario

La HKD no solo informaba: era un lugar de encuentro. Seis años después de su inauguración, en la casa del callejón de El Líbano, entre las calles Caracas y Siete de Agosto, en el barrio Boston, cantó ante sus micrófonos el argentino Carlos Gardel. Fue uno de los episodios que fijaron a la emisora en la memoria sentimental de la ciudad. RCN Radio

Un final temprano y un legado largo

Pellet murió prematuramente el 16 de marzo de 1938, a los treinta y tres años, dejando los cimientos de la radiodifusión barranquillera. Ese mismo año, su viuda vendió La Voz de Barranquilla a Emigdio Velasco, dueño de La Voz de la Víctor. Conviene precisar, para evitar confusiones: la actual Voz de Barranquilla, en 770 kilociclos, no tiene relación con la antigua HKD de 710. 

Ve: La radio de Barranquilla y su carnaval. Informe Académico

Las voces que el interior vino a buscar

En la década de los cuarenta siguieron apareciendo grandes voces, con talento, creatividad, chispa caribe, poder de improvisación y capacidad de descripción y narración; desde el interior del país, donde ya se fundaban emisoras, miraron hacia la Costa y algunas de esas voces destacadas fueron contratadas. Se produjo así un éxodo de talentos, mientras Barranquilla seguía formando generaciones nuevas. Gale

La radio se tomó el Carnaval


Parque de los Locutores homenaje por la alcaldía del momento

A pesar de ese éxodo, hacia mediados de los años cuarenta la radio barranquillera comenzó su protagonismo en el Carnaval. El locutor encontró en las carnestolendas el escenario perfecto para desplegar sus habilidades: describir, improvisar, animar. Las transmisiones llevaron la fiesta a quienes no podían estar en todos los escenarios y convirtieron al locutor en uno de sus principales difusores. 

Una de las expresiones más características de esa relación fueron los boletines del Carnaval, programas diarios que preparaban a la audiencia antes de los cuatro días oficiales, anunciaban actividades y mantenían vivo el ambiente festivo. La memoria de quienes transmitieron aquellas jornadas conserva los nombres de colegas como Alberto Navarro Urueta, Cécil Alfonso Pardo Bornachera, Isaac "Chaco" Sénior y Erasmo Padilla Ramírez, que en los años setenta hicieron los boletines al aire libre y en cabina. 

Desde aquel 8 de diciembre de 1929 hasta la consolidación de las transmisiones carnavaleras, Barranquilla construyó una tradición radial que dejó huella honda en la historia de las comunicaciones del país. La ciudad que escuchó con curiosidad las primeras señales terminó convertida en una escuela de voces, narradores y periodistas.


EMIGDIO VELASCO COMPRA LA EMISORA


Emigdio Velasco en 1946, anunció el nuevo edificio de Foto Velasco,
situado en la calle 39 con carrera 41, Barranquilla


En 1927, el venezolano Emigdio A. Velasco se estableció en Barranquilla, donde abrió un establecimiento fotográfico llamado Foto Velasco, ubicado en la Avenida 20 de Julio. Por esa misma época, fue designado cónsul de su país en la ciudad.

Hacia 1935, el negocio se diversificó y comenzó a distribuir una gran variedad de electrodomésticos, cámaras, rollos fotográficos, micrófonos, bocinas, vitrolas RCA Víctor y discos de las marcas Odeón y Columbia.

Más adelante, en 1938, tras el fallecimiento de Elías Pellet Buitrago, su viuda le vendió la emisora La Voz de Barranquilla a Emigdio Velasco. Poco después, en 1941, su hijo Eliécer Velasco compró La Voz de la Víctor, también en Barranquilla. Con el tiempo, la familia Velasco fusionó ambas frecuencias para dar origen a Emisoras Unidas, emisora que hoy forma parte de la Cadena Radial La Libertad.

Pionero en la industria discográfica

Emigdio A. Velasco convirtió la música en la gran protagonista de su vida al convertirse en representante en Colombia de los sellos discográficos Odeón, Columbia y RCA Víctor, destacándose además como promotor y presentador de artistas.

Entre las grabaciones históricas impulsadas por el empresario en Foto Velasco y prensadas en Odeón de Chile, sobresalen los siguientes hitos:

  • 1944: El acordeón de Abel Antonio Villa y la guitarra de Guillermo Buitrago grabaron la primera canción del folclor vallenato titulada "Las Cosas de las Mujeres".

  • Década de 1940: Al acordeonero soledeño José Miguel Cuesta le fue prensada en los estudios Odeón de Chile la que se considera la primera pieza interpretada por un solista vallenato acompañado de su acordeón: "El Acordeón de Cuesta".

  • 1945: El director argentino Eduardo Armani grabó en el sello Odeón de Argentina la primera versión del clásico "Santa Marta Tiene Tren".

Creador de sellos discográficos

Velasco fundó en Barranquilla los siguientes sellos discográficos:

  • Foto Velasco

  • Discos Eva (nombre derivado del acrónimo de sus iniciales)

  • Discos Atlantic

Emigdio A. Velasco falleció el 24 de mayo de 1952, a la edad de 58 años, dejando un legado imborrable en la radio y la cultura musical de Colombia.



Ver también:





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