septiembre 06, 2026

MAURICIO FUMINAYA MOVIL

 

EL ALCALDE DE GRAN CARÁCTER




Cinco veces burgomaestre de Fundación

Mauricio Fuminaya Movil nació en Riohacha un 13 de mayo de 1909, y murió en Fundación el 23 de agosto de 1991 a los 82 años de edad.

Llegó a Fundación procedente del departamento de La Guajira a finales de los años cuarenta, en una época en el que está ciudad apenas comenzaba a consolidarse como la "Esquina del Progreso". Con el paso del tiempo se convirtió en una de las figuras políticas más recordadas y polémicas de la localidad, no solo por la cantidad de veces que ocupó la Alcaldía, sino por el temple con el que gobernó.

Militante del partido Conservador, Fuminaya fue alcalde de Fundación en cinco oportunidades, en una época en la que el cargo no se decidía por elección popular, sino que los burgomaestres eran nombrados directamente por el gobernador del Magdalena. Su último período al frente de la Alcaldía transcurrió entre el 31 de diciembre de 1982 y el 5 de octubre de 1983.

También fue Concejal de Fundación en varias ocasiones, así como Diputado del Departamento del Magdalena, duma de la que llegó a ser su presidente.

Una de sus primeras huellas administrativas quedó marcada el 26 de diciembre de 1949, en su primera alcaldía, cuando inauguró la primera etapa de lo que hoy es el Palacio Municipal de Fundación, edificio que desde entonces ha sido sede del gobierno local. El edificio fue construido por el Ingro, fue su arquitecto Enrique Aaron Hayen. La construcción total del palacio tuvo un costo de $260.000 pesos.


Un alcalde de mano firme

Quienes lo recuerdan coinciden en que Mauricio Fuminaya ejercía el poder con un carácter recio, que no dudaba en emplear cuando las circunstancias lo exigían. La prueba más recordada de ese temperamento ocurrió el 30 de agosto de 1973, cuando como alcalde debió enfrentar el paro cívico que la población fundanense organizó por el deficiente servicio de energía eléctrica que entonces prestaba la Electrificadora del Magdalena (Electromag).

Ante la magnitud de la protesta, el alcalde ordenó a la Policía imponer orden en el pueblo, pero la fuerza pública no logró contener a la multitud inconforme. Al ver que la situación se salía de control, Fuminaya dio la orden de acuartelar a la Policía, dejando a la ciudad en manos de sus propios habitantes, mientras la Gobernación —preocupada porque el bloqueo había paralizado el tráfico de la Costa hacia el interior del país— optó por enviar tropas del Ejército para dispersar a los manifestantes. 

La llegada de los soldados desató una jornada de enfrentamientos en el puente colgante que dejó heridos y un muerto, un episodio que marcó una de las noches más recordadas y más dolorosas en la historia reciente de Fundación. Tan honda fue la impresión que dejó su papel en esos hechos, que la multitud lo increpaba a coro con un estribillo alusivo a su apellido, con el que por mucho tiempo se le siguió molestando.

Ese mismo carácter quedó registrado en otras anécdotas de la vida cotidiana del pueblo, como cuando buscaba recuperar el espacio público de la población, entre esas anécdotas se encuentra la de Nico, el famoso vendedor de guineo de Fundación, quien cuando se iniciaba en su actividad comercial se ubicaba en la esquina del histórico almacén La Campana, Fuminaya al notar esta invasión del espacio público le pidió que no volviera a ubicarse allí y que se trasladara al mercado; al ver que este no obedeció la orden, se le acercó días después acompañado de la Policía con la intención de arrestarlo. El episodio, lejos de amedrentar al vendedor, terminó por convertirlo en un personaje itinerante y querido del pueblo.

Su firmeza también lo llevó a protagonizar tensos desencuentros con figuras de la vida religiosa local. El padre Adriano Puentes Puentes, párroco de la Iglesia San Rafael y hombre de carácter recio por su origen santandereano, se hizo presente en más de una ocasión en protestas cívicas en contra del alcalde Mauricio Fuminaya, a quien enfrentó varias veces, al punto de que en una ocasión se despojó de la sotana, se vistió de civil y lo confrontó directamente en la Alcaldía.


Su vida en Bellavista

Fuera de la vida pública, Mauricio Fuminaya fue propietario de una finca en el corregimiento de Bellavista, que colindaba con el poblado por su costado noreste. Allí pasaba los fines de semana, en una casa ubicada cerca de lo que hoy es el acueducto y del colegio San Luis Beltrán, siendo la última vivienda del lado izquierdo en la salida hacia el corregimiento de Sacramento. La entrada de la casa lucía un antejardín sembrado de trinitarias que permanecían florecidas gran parte del año, y muy cerca se encontraban los corrales de ordeño de su finca. 

En su propiedad construyó además un jagüey que se convirtió en un punto de encuentro para los vecinos, muchos de los cuales lo aprovechaban para bañarse y lavar ropa.

Durante la década de 1970 sembró algodón en varios periodos, cultivo que por entonces vivía su etapa de auge en la región. Desde sus primeros años en Fundación, y durante mucho tiempo, se dedicó también a la ganadería.

Con su esposa Alicia Tirado tuvo dos hijas: Liliana y Janeth Fuminaya, esta última primera esposa del reconocido cantante de música tropical y vallenata Juan Piña.


Legado


Entre el temple con el que gobernó, las anécdotas de calle que aún se cuentan sobre él y su vida sencilla de finquero en Bellavista, Mauricio Fuminaya quedó en la memoria colectiva de Fundación como uno de esos alcaldes de vieja usanza cuya autoridad, para bien o para mal, marcó a varias generaciones de fundanenses.


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