domingo, 8 de marzo de 2015

MUSEO DE ORO TAIRONA

Nueva mirada al pasado

El Museo del Oro Tairona de Santa Marta se abrió al público desde fin de año.

Por: EDUARDO LONDOÑO
Santa Marta: sede del Museo del Oro Tairona. Casa de la Aduana.
Foto: Cortesía Banco de la República
Foto: Cortesía Banco de la República
En la ciudad de Santa Marta hay una plaza
En la plaza hay una esquina
En la esquina hay una casa
En la casa hay un museo
En el museo está la gente de Santa Marta
La gente en el museo
El museo en la casa
La casa en la esquina
La esquina en la plaza
La plaza en la ciudad de Santa Marta
La lúdica de una retahíla convoca al nuevo Museo del Oro Tairona –Casa de la Aduana, frente al Parque de Bolívar, en el corazón de la capital del Magdalena–. La mítica Casa de la Aduana, que ya era centenaria cuando en esta fue velado en cámara ardiente el cuerpo sin vida de Simón Bolívar, fue totalmente restaurada por el Banco de la República. Libre de las amenazas de maderas carcomidas, estrenando techo de teja española, samarios y turistas la visitan como era en 1730, cuando algunos privilegiados descubrían una de las 3 viviendas de 2 pisos que por casi un siglo habría en la ciudad: una maravilla de los sabios alquimistas de Macedonia.
La entrada es libre para todos, por lo que, para escampar el sol o el aguacero, da gusto llegar a su patio colonial donde la fresca sombra del árbol de trébol se dibuja sobre los pisos de arcilla cocida y las arcadas de gruesas paredes encaladas. Espacios generosos acogen en el primer piso otra maravilla del pasado: jaguares y hombres-jaguares en cerámica, murciélagos de piedra verde, águilas de oro. El Museo del Oro Tairona nos lleva más allá de la Conquista, incluso antes del periodo Tairona, a un tiempo donde la gente del período Nahuange (entre el 200 y el 900 de nuestra era) representaba felinos regordetes. En el período Tairona la Sierra Nevada se cubre de caminos y ciudades de piedra, de terrazas de cultivo y plazas públicas donde brillan los pectorales y narigueras de poderosos caciques-sacerdotes. Cada objeto de oro en las vitrinas describe con detalle la vida del pasado.
Al subir al segundo piso cambian los temas. Los objetos encontrados en las excavaciones arqueológicas de la casa –fragmentos de porcelana importada, de ollas de barro con remembranzas taironas o con detalles de influencia africana, un cepillo de dientes republicano– introducen una completa historia regional. Más allá, la sala La gente del Magdalena celebra la rica diversidad de hoy: indígenas, pescadores, afrocolombianos, la gente del río Magdalena, todos tuvieron que ver con la forma como se vería representado su patrimonio cultural, sus tradiciones y gastronomía. Y está también la sala que conmemora al Libertador, donde en un video los samarios recuerdan a quien murió en San Pedro Alejandrino. Una línea cronológica recoge toda la vida del prócer –y los sufrimientos, batallas y amores de un hombre excepcional.
Este, como todos los museos, no está hecho para recorrerse en una sola vez. Cada vitrina, cada tema, nos hace soñar y nos transforma, a veces en piratas, a veces en indígenas o en defensores de la libertad. Cada vez que vamos nos entendemos más. Menos mal que en Santa Marta siempre hace calor y a veces llueve, por lo que siempre habrá excusa para entrar.
Por Eduardo Londoño
Jefe de Divulgación. 
Museo del Oro del Banco de la República.

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