martes, 28 de febrero de 2017

‘El cuartico’ de bahareque, un vallenato que cumple medio siglo


El cuartico de Bahareque en Valledupar

En medio de las modernas casas que conforman el barrio San Joaquín de Valledupar se conserva una vieja construcción de barro, madera, techo de tejas de cemento, memorias y añoranzas. Posiblemente jamás pensaron los esposos José Benito Jiménez Castilla y Bernarda Zuleta Cotes que su casa tendría una especial  relación con la música vallenata y con el máximo evento que lo representa y promueve ante el mundo, el  festival vallenato.
Desde su juventud José Benito fue un parrandero consagrado pero trabajador único que construyó ‘El cuartico’ con sus propias manos para su querida Bernarda y que hoy se convertiría en una apreciada joya que refleja la esencia de la cultura y costumbres del Valledupar de antes.
El calendario se ubica 50 años atrás, exactamente el 27 de abril de 1966 cuando Bernarda vio cumplido el sueño de tener un techo propio para amparar a Carlos, Nelly, Carmen, Cecilia, Luz Marina, Fanny, Mariela y Marlene, los ocho hijos del matrimonio.
Las relaciones entre la casa de bahareque de los Jiménez Zuleta y el festival vallenato comienzan a forjarse dos años más tarde, a finales de abril de 1968, cuando en la Plaza Alfonso López se daría lugar al  primer festival vallenato de la historia que coronó como rey a Alejandro Durán. 1968 año bisiesto en el calendario gregoriano, al igual que el presente, cuando ‘El cuartico’ cumple medio siglo de existencia.
Desde el momento en que la familia se trasladó a su nueva vivienda, ésta fue el escenario de múltiples parrandas; la primera de ellas tuvo como protagonista a Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza; segundo Rey Vallenato en el 1969 y primer ‘Rey de Reyes’ en 1987.
En esa misma casa, después de sus fundadores, es Tomás Alfonso ‘Poncho’ Zuleta Díaz, homenajeado del festival vallenato 2016, el personaje más querido y el dueño de innumerables anécdotas que los hermanos Jiménez Zuleta narran a los turistas que semanalmente visitan esta casa que desde el 2012 se convirtió en museo y lugar obligado para todo aquel que quiera conocer el modo de vida de un hogar promedio de la década de los 60 en la capital del vallenato.
Hasta el final de sus días José Benito conservó una entrañable amistad con ‘Poncho’ Zuleta; gracias al vínculo familiar de éste con Bernarda. Era él uno de sus más fieles seguidores, con sus canciones parrandeaba cada fin de semana y era la voz del ‘Pulmón de oro’ la que sonaba en cada celebración familiar. En las viejas paredes de barro se exhiben orgullosamente fotografías de los esposos junto al cantante.
Visitar ‘El cuartico’ es subirse a una máquina del tiempo y revivir la época de las abuelas. Cada elemento está cuidadosamente ubicado donde Bernarda como pilar del hogar lo dejó. En la sala de la casa se destaca un tinajero que tiene 67 años que hacía las veces de nevera. En él se ostentan unas tinajas donde se mantenía el agua para el consumo diario. Así como una máquina de escribir que costó $1.200 donde los ocho hijos aprendieron a teclear.
También existe una representación de los atuendos de la congregación de la leyenda vallenata de la cual los hermanos Jiménez Zuleta hacen parte. En ella existe igualmente una guacharaca antigua de un metro que tocaban los primeros guacharaqueros como ‘Compai Cruz’ y que cuentan la tocaban con una costilla de ganado o de burro.
En la habitación se acentúa la presencia de la cama matrimonial, de hierro con colchón de algodón donde fueron concebidos y nacidos todos los hijos de José Benito y Bernarda. La acompañan  un baúl es heredado de la abuelita materna, Marcelina Zuleta que tiene 100 años y una maleta de fuelle de los años 60 que perteneció al tío Juan Enrique Zuleta.
La cocina es un lugar maravilloso enmarcado por platos de peltre, múltiples ollas y recipientes de totumos donde se servían los alimentos antiguamente, costumbre que en pocos hogares se conserva. El cuadro lo finaliza un fogón de leña donde hasta el último de sus días Bernarda dio muestras de su sazón y que aún utilizan sus hijas y nietas cuando la familia se reúne en distintas ocasiones.
Medio siglo después, tal como lo indica una frase a la entrada del lugar, los descendientes de José Benito y Bernarda quieren preservar las costumbres que humildemente les enseñaron. Para ellos, la mejor forma de hacerlo es exteriorizando al mundo la forma de vida que tuvieron y las enseñanzas que les dejaron, quieren hacerlo durante el festival porque consideran que al igual que el vallenato de antaño, su casa de bahareque narra y refleja lo que fue el valduparense de la época y que al igual que el folclor, recientemente declarado por la UNESCO como patrimonio inmaterial de la humanidad, este tipo de construcciones en Valledupar también necesitan protección. 

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